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lundi 07 décembre 2009, a 17:01
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lundi 16 novembre 2009, a 17:03
Juan Salvador Gaviota
 

Juan Salvador Gaviota

Por Richard Bach

Capitulo I

Amanecía, y el nuevo sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo.

Chapoteaba un pesquero a un kilómetro de la costa cuando, de pronto, rasgó el aire la voz llamando a la Bandada de la Comida y una multitud de mil gaviotas se aglomeró para regatear y luchar por cada pizca de comida. Comenzaba otro día de ajetreos. Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, está practicando Juan Salvador Gaviota. A treinta metros de altura, bajó sus pies palmeados, alzó su pico, y se esforzó por mantener en sus alas esa dolorosa y difícil posición requerida para lograr un vuelo pausado. Aminoró su velocidad hasta que el viento no fue mas que un susurro en su cara, hasta que el océano pareció detenerse allá abajo. Entornó los ojos en feroz concentración, contuvo el aliento, forzó aquella torsión un... sólo... centímetro... más... Encrespáronse sus plumas, se atascó y cayó. Las gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse en medio del vuelo es para ellas vergüenza, y es deshonor.

Pero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsión -parando, parando, y atascándose de nuevo-, no era un pájaro cualquiera.

La mayoría de las gaviotas no se molesta en aprender sino las normas de vuelo más elementales: como ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar.

Este modo de pensar, descubrió, no es la manera con que uno se hace popular entre los demás pájaros. Hasta sus padres se desilusionaron al ver a Juan pasarse días enteros, solo, haciendo cientos de planeos a baja altura,

experimentando.

No comprendía por qué, por ejemplo, cuando volaba sobre el agua a

alturas inferiores a la mitad de la envergadura de sus alas, podía quedarse en

el aire más tiempo, con menos esfuerzo; y sus planeos no terminaban con el

normal chapuzón al tocar sus patas en el mar, sino que dejaba tras de sí una

estela plana y larga al rozar la superficie con sus patas plegadas en

aerodinámico gesto contra su cuerpo. Pero fue al empezar sus aterrizajes de

patas recogidas -que luego revisaba paso a paso sobre la playa- que sus padres

se desanimaron aún más.

-¿Por qué, Juan, por qué? -preguntaba su madre-. ¿Por qué te resulta tan

difícil ser como el resto de la Bandada, Juan? ¿Por qué no dejas los vuelos

rasantes a los pelícanos y a los albatros? ¿Por qué no comes? ¡Hijo, ya no eres

más que hueso y plumas!

-No me importa ser hueso y plumas, mamá. Sólo pretendo saber qué puedo

hacer en el aire y qué no. Nada más. Sólo deseo saberlo.

-Mira, Juan -dijo su padre, con cierta ternura-. El invierno está cerca. Habrá

pocos barcos, y los peces de superficie se habrán ido a las profundidades. Si

quieres estudiar, estudia sobre la comida y cómo conseguirla. Esto de volar es

muy bonito, pero no puedes comerte un planeo, ¿sabes? No olvides que la

razón de volar es comer. Juan asintió obedientemente. Durante los días

sucesivos, intentó comportarse como las demás gaviotas; lo intentó de verdad,

trinando y batiéndose con la Bandada cerca del muelle y los pesqueros,

lanzándose sobre un pedazo de pan y algún pez. Pero no le dió resultado.

Es todo inútil, pensó, y deliberadamente dejó caer una anchoa duramente

disputada a una vieja y hambrienta gaviota que le perseguía. Podría estar

empleando todo este tiempo en aprender a volar. ¡Hay tanto que aprender!

No pasó mucho tiempo sin que Juan Salvador Gaviota saliera solo de

nuevo hacia alta mar, hambriento, feliz, aprendiendo. El tema fue la velocidad,

y en una semana de prácticas había aprendido más acerca de la velocidad que

la más veloz de las gaviotas. A una altura de trescientos metros, aleteando con

todas sus fuerzas, se metió en un abrupto y flameante picado hacia las olas, y

aprendió por qué las gaviotas no hacen abruptos y flameantes picados. En sólo

seis segundos voló a cien kilómetros por hora, velocidad a la cual el ala

levantada empieza a ceder. Una vez tras otra le sucedió lo mismo. A pesar de

todo su cuidado, trabajando al máximo de su habilidad, perdía el control a alta

velocidad.

Subía a trescientos metros. Primero con todas sus fuerzas hacia arriba,

luego inclinándose, hasta lograr un picado vertical. Entonces, cada vez que

trataba de mantener alzada al máximo su ala izquierda, giraba violentamente

hacia ese lado, y al tratar de levantar su derecha para equilibrarse, entraba,

como un rayo, en una descontrolada barrena. Tenía que ser mucho más

cuidadoso al levantar esa ala. Diez veces lo intentó, y las diez veces, al pasar a

más de cien kilómetros por hora, terminó en un montón de plumas

descontroladas, estrellándose contra el agua. Empapado, pensó al fin que la

clave debía ser mantener las alas quietas a alta velocidad; aletear, se dijo,

hasta setenta por hora, y entonces dejar las alas quietas.

Lo intentó otra vez a setecientos metros de altura, descendiendo en vertical, el

pico hacia abajo y las alas completamente extendidas y estables desde el

momento en que pasó los setenta kilómetros por hora. Necesitó un esfuerzo

tremendo, pero lo consiguió. En diez segundos, volaba como una centella

sobrepasando los ciento treinta kilómetros por hora. ¡Juan había conseguido

una marca mundial de velocidad para gaviotas!

Pero el triunfo duró poco. En el instante en que empezó a salir del picado, en el

instante en que cambió el ángulo de sus alas, se precipitó en el mismo terrible

e incontrolado desastre de antes y, a ciento treinta kilómetros por hora, el

desenlace fue como un dinamitazo. Juan Gaviota se desintegró y fue a

estrellarse contra un mar duro como un ladrillo.

A medida que se hundía, una voz hueca y extraña resonó en su interior.

No hay forma de evitarlo. Soy gaviota. Soy limitado por la naturaleza. Si

estuviese destinado a aprender tanto sobre volar, tendría por cerebro cartas de

navegación. Si estuviese destinado a volar a alta velocidad, tendría las alas

cortas de un halcón, y comería ratones en lugar de peces. Mi padre tenía razón.

Tengo que olvidar estas tonterías. Tengo que volar a casa, a la Bandada, y estar

contento de ser como soy: una pobre y limitada gaviota.

La voz se fue desvaneciendo y Juan se sometió. Durante la noche, el lugar para

una gaviota es la playa y, desde ese momento, se prometió ser una gaviota

normal. Así todo el mundo se sentiría más feliz.

Cansado se elevó de las oscuras aguas y voló hacia tierra, agradecido de lo que

había aprendido sobre cómo volar a baja altura con el menor esfuerzo.

-Pero no -pensó-. Ya he terminado con esta manera de ser, he terminado con

todo lo que he aprendido. Soy una gaviota como cualquier otra gaviota, y volaré

como tal. Así es que ascendió dolorosamente a treinta metros y aleteó con más

fuerza luchando por llegar a la orilla. Se encontró mejor por su decisión de ser

como otro cualquiera de la Bandada. Ahora no habría nada que le atara a la

fuerza que le impulsaba a aprender, no habría más desafíos ni más fracasos. Y

le resultó grato dejar ya de pensar, y volar, en la oscuridad, hacia las luces de

la playa. ¡La oscuridad!, exclamó, alarmada, la hueca voz. ¡Las gaviotas nunca

vuelan en la oscuridad! Juan no estaba alerta para escuchar. Es grato, pensó.

La Luna y las luces centelleando en el agua, trazando luminosos senderos en la

oscuridad, y todo tan pacífico y sereno...

¡Desciende! ¡Las gaviotas nunca vuelan en la oscuridad! ¡Si hubieras nacido

para volar en la oscuridad, tendrías los ojos de búho! ¡Tendrías por cerebro

cartas de navegación! ¡Tendrías las alas cortas de un halcón!

Allí, en la noche, a treinta metros de altura, Juan Salvador Gaviota parpadeó.

Sus dolores, sus resoluciones, se esfumaron. ¡Alas cortas! ¡Las alas cortas de

un halcón! ¡Esta es la solución! ¡Qué necio he sido! ¡No necesito más que un

ala muy pequeñita, no necesito más que doblar la parte mayor de mis alas y

volar sólo con los extremos! ¡Alas cortas!

Subió a setecientos metros sobre el negro mar, y sin pensar por un

momento en el fracaso o en la muerte, pegó fuertemente las ante-alas a su

cuerpo, dejó solamente los afilados extremos asomados como dagas al viento, y

cayó en picado vertical. El viento le azotó la cabeza con un bramido

monstruoso. Cien kilómetros por hora, ciento treinta, ciento ochenta y aún

más rápido. La tensión de las alas a doscientos kilómetros por hora no era

ahora tan grande como antes a cien, y con un mínimo movimiento de los

extremos de las alas aflojó gradualmente el picado y salió disparado sobre las

olas, como una gris bala de cañón bajo la Luna. Entornó sus ojos contra el

viento hasta transformarlos en dos pequeñas rayas, y se regocijó. ¡A doscientos

kilómetros por hora! ¡Y bajo control! ¿Si pico desde mil metros en lugar de

quinientos, a cuánto llegaré...? Olvidó sus resoluciones de hace un momento,

arrebatadas por ese gran viento. Sin embargo, no se sentía culpable al romper

las promesas que había hecho consigo mismo. Tales promesas existen

solamente para las gaviotas que aceptan lo corriente. Uno que ha palpado la

perfección en su aprendizaje no necesita esa clase de promesas.

Al amanecer, Juan Gaviota estaba practicando de nuevo. Desde dos mil

metros los pesqueros eran puntos sobre el agua plana y azul, la Bandada de la

Comida una débil nube de insignificantes motitas en circulación. Estaba vivo, y

temblaba ligeramente de gozo, orgulloso de que su miedo estuviera bajo

control. Entonces, sin ceremonias, encogió sus ante-alas, extendió los cortos y

angulosos extremos, y se precipitó directamente hacia el mar. Al pasar los dos

mil metros, logró la velocidad máxima, el viento era una sólida y palpitante

pared sonora contra la cual no podía avanzar con más rapidez. Ahora volaba

recto hacia abajo a trescientos viente kilómetros por hora. Tragó saliva,

comprendiendo que se haría trizas si sus alas llegaban a desdoblarse a esa

velocidad, y se despedazaría en un millón de partículas de gaviota. Pero la

velocidad era poder, y la velocidad era gozo, y la velocidad era pura belleza.

Empezó su salida del picado a trescientos metros, los extremos de las alas

batidos y borrosos en ese gigantesco viento, y justamente en su camino, el

barco y la multitud de gaviotas se desenfocaban y crecían con la rapidez de

una cometa. No pudo parar; no sabía aún ni cómo girar a esa velocidad. Una

colisión sería la muerte instantánea. Así es que cerró los ojos.

Sucedió entonces que esa mañana, justo después del amanecer, Juan

Salvador Gaviota se disparó directamente en medio de la Bandada de la

Comida marcando trescientos dieciocho kilómetros por hora, los ojos cerrados

y en medio de un rugido de viento y plumas. La Gaviota de la Providencia le

sonrió por esta vez, y nadie resultó muerto. Cuando al fin apuntó su pico hacia

el cielo azul, aun zumbaba a doscientos cuarenta kilómetros por hora. Al

reducir a treinta y extender sus alas otra vez, el pesquero era una miga en el

mar, mil metros más abajo.

Capitulo III

Sólo pensó en el triunfo, ¡La velocidad máxima! ¡Una gaviota a

trescientos veinte kilómetros por hora! Era un descubrimiento, el momento

más grande y singular en la historia de la Bandada, y en ese momento una

nueva época se abrió para Juan Salvador Gaviota. Voló hasta su solitaria área

de prácticas, y doblando sus alas para un picado desde tres mil metros, se

puso a trabajar en seguida para descubrir la forma de girar.

Se dio cuenta de que al mover una sola pluma del extremo de su ala una

fracción de centímetro, causaba una curva suave y extensa a tremenda

velocidad. Antes de haberlo aprendido, sin embargo, vio que cuando movía más

de una pluma a esa velocidad, giraba como una bala de rifle... y así fue Juan la

primera gaviota de este mundo en realizar acrobacias aéreas. No perdió tiempo

ese día en charlar con las otras gaviotas, sino que siguió volando hasta

después de la puesta del Sol. Descubrió el rizo, el balance lento, el balance en

punta, la barrena invertida, el medio rizo invertido.

Cuando Juan volvió a la Bandada ya en la playa, era totalmente de

noche. Estaba mareado y rendido. No obstante, y no sin satisfacción, hizo un

rizo para aterrizar y un tonel rápido justo antes de tocar tierra. Cuando sepan,

pensó, lo del Descubrimiento, se pondrán locos de alegría. ¡Cuánto mayor

sentido tiene ahora la vida! ¡En lugar de nuestro lento y pesado ir y venir a los

pesqueros, hay una razón para vivir! Podremos alzarnos sobre nuestra

ignorancia, podremos descubrirnos como criaturas de perfección, inteligencia y

habilidad. ¡Podremos ser libres! ¡Podremos aprender a volar! Los años

venideros susurraban y resplandecían de promesas.

Las gaviotas se hallaban reunidas en Sesión de Consejo cuando Juan

tomó tierra, y parecía que habían estado así reunidas durante algún tiempo.

Estaban, efectivamente, esperando. -¡Juan Salvador Gaviota! ¡Ponte al Centro!

-Las palabras de la Gaviota Mayor sonaron con la voz solemne propia de las

altas ceremonias. Ponerse en el Centro sólo significaba gran vergüenza o gran

honor. Situarse en el Centro por Honor, era la forma en que se señalaba a los

jefes más destacados entre las gaviotas. ¡Por supuesto, pensó, la Bandada de la

Comida... esta mañana: vieron el Descubrimiento! Pero yo no quiero honores.

No tengo ningún deseo de ser líder. Sólo quiero compartir lo que he

encontrado, y mostrar esos nuevos horizontes que nos están esperando. Y dio

un paso al frente. -Juan Salvador Gaviota -dijo el Mayor-. ¡Ponte al Centro para

tu Vergüenza ante la mirada de tus semejantes! Sintió como si le hubieran

golpeado con un madero. Sus rodillas empezaron a temblar, sus plumas se

combaron, y le zumbaron los oídos. ¿Al Centro para deshonrarme? ¡Imposible!

¡El Descubrimiento! ¡No entienden! ¡Están equivocados! ¡Están equivocados! -...

por su irresponsabilidad temeraria -entonó la voz solemne-, al violar la

dignidad y la tradición de la Familia de las Gaviotas... Ser centrado por

deshonor significaba que le expulsarían de la sociedad de las gaviotas,

desterrado a una vida solitaria en los Lejanos Acantilados. -... algún día, Juan

Salvador Gaviota, aprenderás que la irresponsabilidad se paga. La vida es lo

desconocido y lo irreconocible, salvo que hemos nacido para comer y vivir el

mayor tiempo posible.

Una gaviota nunca responde al Consejo de la Bandada, pero la voz de

Juan se hizo oír:

-¿Irresponsabilidad? ¡Hermanos míos! -gritó-. ¿Quién es más responsable que

una gaviota que ha encontrado y que persigue un significado, un fin más alto

para la vida? ¡Durante mil años hemos escarbado tras las cabezas de los peces,

pero ahora tenemos una razón para vivir; para aprender, para descubrir; para

ser libres! Dadme una oportunidad, dejadme que os muestre lo que he

encontrado...

La Bandada parecía de piedra. -Se ha roto la Hermandad -entonaron juntas las

gaviotas, y todas de acuerdo cerraron solemnemente sus oídos y le dieron la

espalda.

Capitulo IV

Juan Salvador Gaviota pasó el resto de sus días solo, pero voló mucho

más allá de los Lejanos Acantilados. Su único pesar no era su soledad, sino

que las otras gaviotas se negasen a creer en la gloria que les esperaba al volar;

que se negasen a abrir sus ojos y a ver. Aprendía más cada día.

Aprendió que un picado aerodinámico a alta velocidad podía ayudarle a

encontrar aquel pez raro y sabroso que habitaba a tres metros bajo la

superficie del océano: ya no le hicieron falta pesqueros ni pan duro para

sobrevivir. Aprendió a dormir en el aire fijando una ruta durante la noche a

través del viento de la costa, atravesando ciento cincuenta kilómetros de sol a

sol. Con el mismo control interior, voló a traves de espesas nieblas marinas y

subió sobre ellas hasta cielos claros y deslumbradores... mientras las otras

gaviotas yacían en tierra, sin ver más que niebla y lluvia. Aprendió a cabalgar

los altos vientos tierra adentro, para regalarse allí con los más sabrosos

insectos.

Lo que antes había esperado conseguir para toda la Bandada, lo obtuvo

ahora para si mismo; aprendió a volar y no se arrepintió del precio que había

pagado. Juan Gaviota descubrió que el aburrimiento y el miedo y la ira, son las

razones por las que la vida de una gaviota es tan corta, y al desaparecer

aquellas de su pensamiento, tuvo por cierto una vida larga y buena.

Vinieron entonces al anochecer, y encontraron a Juan planeando,

pacífico y solitario en su querido cielo. Las dos gaviotas que aparecieron junto

a sus alas eran puras como luz de estrellas, y su resplandor era suave y

amistoso en el alto cielo nocturno. Pero lo más hermoso de todo era la

habilidad con la que volaban; los extremos de sus alas avanzando a un preciso

y constante centímetro de las suyas.

Sin decir palabra, Juan les puso a prueba, prueba que ninguna gaviota

había superado jamás. Torció sus alas, y redujo su velocidad a un sólo

kilómetro por hora, casi parándose. Aquellas dos radiantes aves redujeron

también la suya, en formación cerrada. Sabían lo que era volar lento. Dobló

sus alas, giró y cayó en picado a doscientos kilómetros por hora. Se dejaron

caer con él, precipitándose hacia abajo en formación impecable. Por fin, Juan

voló con igual velocidad hacia arriba en un giro lento y vertical. Giraron con él,

sonriendo. Recuperó el vuelo horizontal y se quedó callado un tiempo antes de

decir:

-Muy bien. ¿Quiénes sois?

-Somos de tu Bandada, Juan. Somos tus hermanos. -Las palabras fueron

firmes y serenas-. Hemos venido a llevarte más arriba, a llevarte a casa. -¡Casa

no tengo! Bandada tampoco tengo. Soy un Exilado. Y ahora volamos a la

vanguardia del Viento de la Gran Montana. Unos cientos de metros más, y no

podré levantar más este viejo cuerpo. -Sí que puedes, Juan. Porque has

aprendido. Una etapa ha terminado, y ha llegado la hora de que empiece otra.

Tal como le había iluminado toda su vida, también ahora el

entendimiento iluminó ese instante de la existencia de Juan Gaviota. Tenían

razón. El era capaz de volar más alto, y ya era hora de irse a casa.

Echó una larga y última mirada al cielo, a esa magnífica tierra de plata donde

tanto había aprendido.

-Estoy listo -dijo al fin. Y Juan Salvador Gaviota se elevó con las dos radiantes

gaviotas para desaparecer en un perfecto y oscuro cielo.

II Parte

 

Capítulo V

De modo que esto es el cielo, pensó, y tuvo que sonreírse. No era muy

respetuoso analizar el cielo justo en el momento en que uno está a punto de

entrar en él.

Al venir de la Tierra por encima de las nubes y en formación cerrada con las

dos resplandecientes gaviotas, vio que su propio cuerpo se hacía tan

resplandeciente como el de ellas.

En verdad, allí estaba el mismo y joven Juan Gaviota, el que siempre

había existido detrás de sus ojos dorados, pero la forma exterior había

cambiado.

Su cuerpo sentía como gaviota, pero ya volaba mucho mejor que con el

antiguo. ¡Vaya, pero si con la mitad del esfuerzo, pensó, obtengo el doble de

velocidad, el doble de rendimiento que en mis mejores días en la Tierra!

Brillaban sus plumas, ahora de un blanco resplandeciente, y sus alas eran

lisas y perfectas como láminas de plata pulida. Empezó, gozoso, a

familiarizarse con ellas, a imprimir potencia en estas nuevas alas.

A trescientos cincuenta kilómetros por hora le pareció que estaba logrando su

máxima velocidad en vuelo horizontal. A cuatrocientos diez pensó que estaba

volando al tope de su capacidad, y se sintió ligeramente desilusionado. Había

un límite a lo que podía hacer con su nuevo cuerpo, y aunque iba mucho más

rápido que en su antigua marca de vuelo horizontal, era sin embargo un límite que le costaría mucho esfuerzo mejorar. En el cielo, pensó, no debería haber limitaciones. De pronto se separaron las nubes y sus compañeros gritaron: - feliz aterrizaje, Juan -y desaparecieron sin dejar rastro. Volaba encima de un mar, hacia un mellado litoral. Una que otra gaviota se afanaba en los remolinos entre los acantilados. Lejos, hacia el Norte, en el horizonte mismo, volaban unas cuantas mas. Nuevos horizontes, nuevos pensamientos, nuevas preguntas. ¿Por qué tan pocas gaviotas? ¡El paraíso debería estar lleno de gaviotas! ¿Y por qué estoy tan cansado de pronto? Era de suponer que las gaviotas en el cielo no deberían cansarse, ni dormir.

¿Dónde había oído eso? El recuerdo de su vida en la Tierra se le estaba

haciendo borroso. La Tierra había sido un lugar donde había aprendido mucho, por supuesto, pero los detalles se le hacían ya nebulosos; recordaba algo de la lucha por la comida, y de haber sido un Exilado. La docena de gaviotas que estaba cerca de la playa vino a saludarle sin que ni una dijera una palabra.

Sólo sintió que se le daba la bienvenida y que esta era su casa. Había sido un

gran día para él, un día cuyo amanecer ya no recordaba.

Giró para aterrizar en la playa, batiendo sus alas hasta pararse un instante en el aire, y luego descendió ligeramente sobre la arena. Las otras gaviotas

aterrizaron también, pero ninguna movió ni una pluma. Volaron contra el

viento, extendidas sus brillantes alas, y luego, sin que supiera él cómo,

cambiaron la curvatura de sus plumas hasta detenerse en el mismo instante

en que sus pies tocaron tierra. Había sido una hermosa muestra de control,

pero Juan estaba ahora demasiado cansado para intentarlo. De pie, allí en la

playa, sin que aún se hubiera pronunciado ni una sola palabra, se durmió.

Durante los próximos días vio Juan que había aquí tanto que aprender

sobre el vuelo como en la vida que había dejado. Pero con una diferencia. Aquí

había gaviotas que pensaban como él. Ya que para cada una de ellas lo más

importante de sus vidas era alcanzar y palpar la perfección de lo que más

amaban hacer: volar. Eran pájaros magníficos, todos ellos, y pasaban hora tras

hora cada día ejercitándose en volar, ensayando aeronáutica avanzada.

Durante largo tiempo Juan se olvidó del mundo de donde había venido,

ese lugar donde la Bandada vivía con los ojos bien cerrados al gozo de volar,

empleando sus alas como medios para encontrar y luchar por la comida. Pero

de cuando en cuando, sólo por un momento, lo recordaba.

Se acordó de ello una mañana cuando estaba con su instructor mientras

descansaba en la playa después de una sesión de toneles con ala plegada.

-¿Dónde están los demás, Rafael? -preguntó en silencio, ya bien acostumbrado

a la cómoda telepatía que estas gaviotas empleaban en lugar de graznidos y

trinos-. ¿Por qué no hay más de nosotros aquí? De donde vengo había......

miles y miles de gaviotas. Lo sé. -Rafael movió su cabeza afirmativamente-. La

única respuesta que puedo dar, Juan, es que tú eres una gaviota en un millón.

La mayoría de nosotros progresamos con mucha lentitud. Pasamos de un

mundo a otro casi exactamente igual, olvidando en seguida de donde habíamos

venido, sin preocuparnos hacia donde íbamos, viviendo solo el momento

presente. ¿Tienes idea de cuántas vidas debimos cruzar antes de que

lográramos la primera idea de que hay mas en la vida que comer, luchar. o

alcanzar poder en la Bandada? ¡Mil vidas, Juan, diez mil! Y luego cien vidas

más hasta que empezamos a aprender que hay algo llamado perfección, y otras

cien para comprender que la meta de la vida es encontrar esa perfección y

reflejarla. La misma norma se aplica ahora a nosotros, por supuesto: elegimos

nuestro mundo venidero mediante lo que hemos aprendido de éste. No

aprendas nada, y el próximo será igual que éste, con las mismas limitaciones y

pesos de plomo que superar.

Extendió sus alas y volvió su cara al viento. -Pero tú, Juan -dijo-, aprendiste

tanto de una vez que no has tenido que pasar por mil vidas para llegar a esta.

En un momento estaban otra vez en el aire, practicando. Era difícil mantener

la formación cuando giraban para volar en posición invertida, puesto que

entonces Juan tenía que ordenar inversamente su pensamiento, cambiando la

curvatura, y cambiándola en exacta armonía con la de su instructor. -

Intentemos de nuevo -decía Rafael una y otra vez-: Intentemos de nuevo. -Y por fin-: Bien. -Y entonces empezaron a practicar los rizos exteriores.

Una noche, las gaviotas que no estaban practicando vuelos nocturnos se

quedaron de pie sobre la arena, pensando. Juan echó mano de todo su coraje y se acercó a la Gaviota Mayor, de quien, se decía, iba pronto a trasladarse más allá de este mundo. -Chiang... -dijo, un poco nervioso. La vieja gaviota le miró iernamente. -¿Si, hijo mío? En lugar de perder la fuerza con la edad, el mayor la había aumentado; podía volar más y mejor que cualquier gaviota de la bandada, y había aprendido habilidades que las otras sólo empezaban a

conocer. -Chiang, este mundo no es el verdadero cielo, ¿verdad? El Mayor

sonrió a la luz de la Luna. -Veo que sigues aprendiendo, Juan -dijo. -Bueno,

¿qué pasará ahora? ¿A dónde iremos? ¿Es que no hay un lugar que sea como

el cielo? -No, Juan, no hay tal lugar. El cielo no es un lugar, ni un tiempo. El

cielo consiste en ser perfecto. -Se quedó callado un momento-. Eres muy rápido para volar, ¿verdad?

-Me... me encanta la velocidad -dijo Juan, sorprendido, pero orgulloso de que el Mayor se hubiese dado cuenta. -Empezarás a palpar el cielo, Juan, en el momento en que palpes la perfecta velocidad. Y esto no es volar a mil

kilómetros por hora, ni a un millón, ni a la velocidad de la luz. Porque

cualquier número es ya un límite, y la perfección no tiene límites. La perfecta velocidad, hijo mío, es estar allí. Sin aviso, y en un abrir y cerrar de ojos, Chiang desapareció y apareció al borde del agua, veinte metros más allá. Entonces desapareció de nuevo y volvió en una milésima de segundo...

lundi 09 novembre 2009, a 17:08
La teoría epicúrea del placer
 

 Epicurode Samos (341-270 AC) es aclamado universalmente como el filósofo campeón del hedonismo, pero su real visión sobre el tema del placer no es comúnmente comprendida.

Muchos historiadores medievales lo representan como un glotón licencioso, mientras que muchos de los modernos lo describen como un predicador de "placeres con moderación", o incluso como un asceta. Ninguna de estas representaciones es correcta. Sin embargo, la doctrina que él enseñó hace largo tiempo en su jardín en Atenas es igualmente inspiradora y convincente aún en nuestros días y, por tanto, digna de recordarlo.


Epicuro abogaba por una vida de continuo placer como clave para la felicidad—el objetivo de sus enseñanzas morales. Su gran perspicacia para satisfacer este fin consistía en identificar el límite de nuestra habilidad para experimentar el placer en cualquier momento. Él estipuló que a partir de un determinado nivel máximo no es posible que el placer tenga un incremento de intensidad, aunque es probable que las sensaciones que sostienen este dichoso pináculo del placer varíen continuamente. Él denominó a esta experiencia punta como ataraxia—palabra griega que significa "imperturbabilidad".

"imperturbabilidad"

Esta es una importante definición, toda vez que la noción de placer es comúnmente concebida como la de algo que excita el sentidos—pero este no es siempre el caso.

Epicuro clasificó a los placeres sensuales como placeres en movimiento; ellos nos mueven a su vez hacia otro tipo de placer: el estado de ataraxia, que es placentero por sí mismo.

Epicuro urgió a sus estudiantes a embarcarse precipitadamente en una persecución interminable de la estimulación transitoria, sino más bien en la búsqueda de una saciedad perdurable.

La  propuesta no significaba desestimar la sensualidad como vicio, sino establecer, más bien, la relación adecuada entre los tipos de placer.

Para Epicuro la presencia del placer es sinónimo de ausencia de dolor, o de cualquier tipo de aflicción: el hambre, la tensión sexual, el aburrimiento, etc.

 El proceso de eliminar estos problemas ciertamente conlleva placeres sensuales.

 Epicuro una vez escribió:

 "Yo no sé cómo puedo concebir lo bueno, si elimino los placeres del gusto, y elimino los placeres del amor, y elimino los placeres del oído, y elimino las emociones placenteras causadas por la visión de una hermosa forma". Sin embargo, por más estimulante que sea este proceso, se trata sólo de un medio para perseguir un fin: la satisfacción. Considerar esta persecución como un fin en sí mismo, por contraste, inevitablemente nos conduciría a las ansiedades de la adicción.

"Ningún placer es algo malo en sí"

 Epicuro continúa diciéndonos.

" los medios que producen algunos placeres conllevan alteraciones que muchas veces son mayores que los mismos placeres". Para ayudar a la especie humana a escoger sabiamente sus placeres.

 Epicuro escribió un libro titulado "Sobre opción y abstinencia", pero este manuscrito no ha llegado a nosotros. Afortunadamente, sí contamos con otros trabajos suyos (junto con los comentarios de otros seguidores del epicureísmo a través de la historia), suficientes para capacitarnos en la reconstrucción de sus buenos consejos. Una máxima que ha llegado hasta nosotros, tomada de las Doctrinas Principales, sirve como buen punto de partida:

 "Entre los deseos, algunos son naturales y necesarios, algunos naturales y no necesarios, y otros ni naturales ni necesarios, sólo consagrados a la opinión vana". Nuestra disposición hacia cada uno de estos casos determina si estamos aptos para intensificar o minar nuestra felicidad a través del tiempo.

Deseos "naturales e innecesarios”

La clase de los deseos "naturales y necesarios" es la de aquellas ansias que necesariamente conducen a mayores penas si no son satisfechas; sin embargo, en circunstancias normales, ellas pueden ser satisfechas de manera más bien fácil. Estasincluyen nuestras necesidades físicas básicas—principal entre ellas está la alimentación (con respecto a esto, Epicuro escribió su epigrama de mayor notoriedad: "la felicidad comienza en el estómago", un dicho que originó la imagen de Epicuro, históricamente imprecisa, como conocedor culinario y dio origen a que en el idioma Inglés se acuñase la palabra "epicure" para referirse a una persona de gustos refinados, especialmente en el comer y el beber). La salud, el abrigo y el sentido de seguridad también pertenecen a esta categoría.

 Oiga , mire vea ,sigamos pues que esto esta como bueno.

La clase de deseos "naturales e innecesarios" son aquellas ansias que no necesariamente conducen a mayor sufrimiento si no son satisfechas, aunque, una vez más, su satisfacción pudiera obtenerse fácilmente. Estos apetitos son aquellos de naturaleza recreativa: la gratificación sexual, la conversación placentera, las artes, los deportes, los viajes, etc.

Finalmente, pues.

 La clase de deseos "innaturales e innecesarios" corresponden a aquellas ansias que no necesariamente conducen a un mayor sufrimiento de no ser satisfechas, antes bien se materializan al precio de una carga permanente, tal es el caso de la fama, el poder político, la riqueza extraordinaria y otras ambiciones que conllevan los atavíos del prestigio.

Vamos a ver que nos recomienda el amigo Epicuro

1) intentar satisfacer los deseos necesarios de la forma más económica posible. Así, una dieta predominantemente simple y nutritiva satisfará el hambre y la salud, una morada modesta puede adecuadamente proveer bienestar físico, y las buenas amistades mucho servirán para ayudarse mutuamente en tiempos de infortunio. El estudio de la naturaleza del universo, de forma tal que podamos confiadamente rechazar los absurdos de las supersticiones, es también esencial para mejorar nuestro sentido de seguridad.

2) Nuestra eficiencia al enfrentar lo anterior nos da más libertad y recursos para explorar la gran variedad de deseos "naturales e innecesarios". Podemos perseguir esto hasta la satisfacción de nuestro corazón, es decir, hasta el punto del placer máximo — pero no más allá, no sea que interferamos con nuestros objetivos establecidos en  la primera recomendacion

Ejemplo

 Nunca deberíamos arriesgar nuestra salud, nuestras amistades, nuestras finanzas o nuestra condición legal por perseguir un deseo innecesario. Ante tal coyuntura lo mejor es desviar nuestra atención hacia algún otro deseo en esta abundante categoría a fin de no admitir que nuestros placeres se mezclen con las perspectivas de un sufrimiento futuro.

3) Finalmente, llegamos a los deseos "innaturales e innecesarios", para los cuales el consejo de Epicuro es inequívoco: deberíamos evitarlos por completo.

 El placer producido por la satisfacción de deseos innaturales es demasiado efímero para ser digno de nuestra persecución cuando se les compara con el largo alcance de los respectivos costos.

 Podemos, por ejemplo, paladear los logros de la fama; sin embargo, en nuestro siglo ya lo sabemos, aunque duren sólo quince minutos luego puede que tengamos que soportar a los cazadores de noticias por un larguísimo tiempo. El poder político atrae a usurpadores y asesinos; la riqueza opulenta atrae a ladrones y políticos (o a los recolectores de impuestos). No es novedad alguna que una máxima epicúrea sentencie: "¡Vive en el anonimato!".

Aunque buena cuantía de este consejo parezca del más mínimo sentido común, ¿cuántos de nosotros hemos tratado muy a menudo de vivir fuera del sentido común: conduciéndonos más allá de nuestros medios, actuando en contra de nuestro buen juicio para cubrir las apariencias, convirtiéndonos en alcohólicos, trabajólicos, adictos a la comida chatarra — aunque lo "sabemos bien"?

 Hay una gran cantidad de moralistas que nos imploran que conduzcamos nuestros asuntos más sabiamente, pero somos propensos a rechazar sus métodos: ellos condenan nuestro deseo natural por el placer como pecaminoso, y luego continúan encasillando la moralidad en términos de intereses abstractos de la "sociedad", o por los obscuros edictos de una deidad invisible. Cuando nos ajustamos a este camino, ¿estamos más inclinados a someternos o a rebelarnos a ese consejo, ante la exasperación del momento?

El mensaje epicúreo, sin embargo, con su enfoque sobre el placer como base natural de la moralidad, tiene más fuerza para resistir.

 Cuando un epicúreo contempla el placer lo hace ponderando más ampliamente el cómo lograr que éste se maximice.

 Él puede abstenerse de ciertos placeres, pero actúa así para ganar aún más placer en el futuro, de manera alguna para desechar el placer en sí mismo. Es más, cualquiera de nosotros puede entrar en contacto con nuestros sentimientos en cualquier situación, si nos molestamos en hacer una pausa en busca de un momento de introspección — todos estamos calificados para convertirnos en nuestros propios intérpretes morales.

En el antiguo mundo del Mediterráneo, la filosofía epicúrea ganó un sinnúmero de adherentes. Fue una escuela de pensamiento muy prominente por un lapso de siete siglos después de la muerte de Epicuro, pero, subsiguientemente, fue forzada a una virtual inexistencia ante la violenta embestida de la Edad Media. Fue durante ese sombrío período de la historia cuando la especie humana desacreditó, perdió y destruyó la mayor parte de los escritos de Epicuro.

 

 

vendredi 06 novembre 2009, a 15:30
Dostoïevski el conocidísimo escritor moscovita
 

Dostoïevski el conocidísimo escritor moscovita, que vivió una vida plagada de nubarrones y tempestades, en uno de sus tantos libros escribía, -cito la idea- no las palabras textuales, lo siguiente: "Somos desdichados porque no sabemos lo felices que somos"...Su obra toda es profundamente humana, fruto, justamente de sus amargas vivencias, y con todo esto, así exclamaba.

Sucede que la verdadera felicidad nos pasa desapercibida porque no la conocemos; y la desconocemos porque no sabemos distinguirla del alboroto lleno de bulla, estrés, harturas y "jumos", los lujos, el loco derroche.

No entendemos la felicidad en silencio. No comprendemos el concepto "gozo interior". Somos incapaces de disfrutar el reposo y la reflexión.
La felicidad nos pasa desapercibida por esas cosas de la vida ya que cuando hay felicidad verdadera hay orden, y cuando hay orden las cosas marchan como ruedas y apenas se sienten.

En el ámbito de la naturaleza biológica es donde mejor puede observarse este aserto. Tenemos el caso de un organismo saludable. Una persona en salud no siente el normal desenvolvimiento de cada uno de los órganos de su cuerpo.

Ustedes se imaginan los movimientos, tipo coctelera, que hace el estómago para realizar la digestión y sin embargo no se percibe en absoluto, como si nada estuviese sucediendo. La circulación de la sangre es un torrente impetuoso. Llega hasta la última de las últimas células de nuestro cuerpo limpiándolo todo, sin embargo ese torbellino no es percibido. Nadie lo siente en su ir y venir incesante.

Ni que decir de los interminables movimientos del corazón. De la inacabable actividad generadora del cerebro, que es como una central que gobierna en su totalidad nuestros actos volitivos y los reflejos, y los instintos, y el amor, y el odio y todo.

El operativo de cada uno de nuestros sentidos pasan enteramente desapercibidos y no sentimos en fantásticas operaciones lo más mínimo.
Y tal, como sucede en nuestro cuerpo, cuando está en salud, pasa en la vida. Somos felices y vamos sobre ruedas sin darnos cuenta, lo que se traduce en una incomprensible disconformidad e injusticia, ante la existencia.

Repetidas veces se ha dicho que no sabe el bien que tiene hasta que lo pierde, y la felicidad en el hombre está sembrada de pequeñas cosas, ínfimos detalles cotidianos que, en el momento no nos percatamos de lo hermoso y valiosos que son, pero una vez perdidos, y si es para siempre peor, se lamenta uno de la falta que hacen.

Esos mini-detalles diarios pasan desapercibidos casi, como el funcionamiento de nuestros órganos cuando están normales. Sólo cuando fallan nos acordamos de ellos; una disgetión pesada nos pone a pensar en el estómago o el hígado de los que normalmente nunca nos acordamos.

Sucede así por casualidad, o quien sabe si por finalidad en la vida. Nunca apreciamos las cosas en su justa medida. Menos las percibimos cuando nos benefician, por eso mientras más desdichados mas felices somos, pero no lo sabemos, y no lo sabemos, porque esa desdicha no es más que fruto del hastío y la inconformidad en que se vive, y no de una desgracia real, objetiva.

Pudiéramos consolarnos en los que sufren mayores penalidades que la sola penalidad de ser inconformes, pero de poco serviría. Los problemas de que está salpicada la vida son sencillamente un indicio de que esa es su naturaleza, controversial, y nosotros estamos felizmente participando en ella, como en un "festival"...que dura lo que un fogonazo, casi nada.
No quiero decir con esto que en realidad no exista el dolor tanto físico como moral, que cuando estos nos golpean sufrimos como es natural. Esos son precisamente los momentos especiales en los que la vida nos muestra su verdadero rostro.
Con todo no sabe uno con seguridad absoluta si las volteretas de la vida son para bien o para mal. Azorin escribía:- "A medida que he ido avanzando en edad me ha ido ganando la duda. Donde antes afirmaba resueltamente ahora titubeo"...y Camus se consuela al decir: "...El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia, puede ocasionar tantos desastres como la maldad".....


vendredi 06 novembre 2009, a 15:16
"...El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto a que son, y de las que no son en cuanto a que no son. Una misma cosa
 

"...El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto a que son, y de las que no son en cuanto a que no son. Una misma cosa, como te pareciere que es tal es para tì, y como me pareciere a mi, tal es para mi, pues tù eres hombre y yo tambièn lo soy".....

 

Palabras del notable sofista de la antigüedad Protàgoras de Abdera que viviò en los 400 A.C. Sobrevaloraba al hombre. Le dada dimensiones al hombre que superaban en mucho su equitativa y justa medida.

El hombre ni debe ni puede abusar de su racionalidad. Sin embargo se abusa, se ha abusado y al parecer se abusarà de esa condiciòn privilegiada.

No podemos pretender justificar una posiciòn tan extremadamente sujetiva. Los animales, los vegetales, y tambièn las cosas inertes, carentes de vida, aunque no de composiciòn atòmica, tienen de hecho su propia esencia òntica, o sea las caracterìsticas exclusivas de su propio ser.

Es justamente con el nacimiento del lenguaje oral y aùn màs, cuando se codifican los sonidos para pasarlos a la escritura, que las cosas reciben, segùn sus condiciones especìficas y caracterìsticas propias un nombre, de forma arbitraria si se quiere, pero inamovible. Por el hecho de que a una mata se le llame àrbol, o al agua, agua, no quiere decir que tales nominaciones se justifiquen a plenitud pero, como han sido puestos, habràn de permanecer, y ni su propio hacedor y responsable, el hombre puede mudarlos a su antojo. Aunque sea su parecer.

El hombre serà la medida de las cosas hasta cierto punto. Nunca podrà alterar la ecuànime medida que exige la justicia. La reciedumbre que exige el quehacer polìtico. La seriedad que conlleva las relaciones contractuales. El respeto y la solidaridad con, y hacia los demàs.

En su condiciòn, hasta ahora, de ùnico ser racional en el Universo, le da una ventaja verdaderamente fabulosa.

Uno se imagina lo que supone, el potencial que en toda vastedad del universo mundo, donde es el ser humano minorìa dirìase que casi imperceptible, en comparaciòn con los cientos de miles de millones de soles y planetas, sin contar con las especies vivas o no de nuestro propio globo, èste, el hombre, sea capaz de tener conciencia de su propia existencia.

Tener conciencia de que existe, y en que circunstancias, supone automàticamente inteligencia, y ya con esa arma a mano, ¿què no podrà hacer el hombre?...¿Què no podrà hacer y deshacer en todo el Universo-Mundo?...Què no atara, y que no desatarà? Que combinarà, què inventarà, què no harà...despuès que algunos misterios le sean resueltos?

Siendo infinitamente pequeño, fìsicamente dèbil y fràgil, en comparaciòn con otros animales de la tierra, su morada sagrada, y los astros que llenan el espacio sideral, es capaz de sobre-pujar sus propias marcas, vencer sus limitaciones, y alzarse orondo y poderoso.

El filòsofo como el cientìfico investigan...El uno, desde la torre de sus especulaciones; el otro, desde abajo, desde el llano intrincado de las cosas.

El primero solo tiene una herramienta, su cerebro y un punto de apoyo, su vivencia interior a la luz de lo dicho por otros filòsofos a travès de los siglos.

El segundo tiene mil y una herramientas en el espacio de sus laboratorios y apoyo logìstico para sus investigaciones casi interminables.

¿Quiere acaso esto decir que es màs segura y cierta la ciencia que la filosofìa?...No necesariamente. Ambas son ciencias. Ambas son fruto de la razòn y curiosidad humanas. Ambas colman a plenitud la innata insatisfacciòn del hombre, y por igual, ambas pueden resbalar y anegarse en las tinieblas de las equivocaciones.

Las dos han contribuìdo al desbrozamiento de la historia. Desde que el hombre empezò a inventar cosas y a descubrir arcanos ignotos era porque ya, a lo mejor sin saberlo, filosofaba; y desde que comenzò a filosofar, desde la etapa cosmogònica de la filosofìa pre-socràtica, era porque ya investigaba, àvido, los misterios de la madre natura.

Desde entonces tenìa como divisa el perenne cuestionamiento: ¿Por què asì y no de esta otra forma?...¿Por què de esta manera y no de aquella?...Y noches iban y venìan, en vela, buscando respuestas hasta dar con ellas, o hasta sòlo encontrar parte de ellas, que ya es algo.

La ciencia sectoriza, la filosofìa universaliza; el cientìfico, que no debemos perder de vista es en difinitiva un filòsofo de la pràxis, se especializa en alguna rama de los conocimientos naturales, quìmica, fìsica, zoologìa, àtomo, ingenierìa genètica, astronomìa y por ahì...el filòsofo a su vez abarca todo quehacer filosòfico y de pasada cientìfico.

La unidad de la problemàtica, en la filosofìa, todavia lejos de encontrar respuestas, avanza, en expansiòn contìnua; los cuatro universos en un solo espacio, el Cosmos Òntico, o del ser, el Cosmos Moral, o la ètica, el Cosmos Gnòseològico, o de el de la verdad y el espinoso problema de la Teodicea acerca de la existencia de Dios que no admite la revelaciòn, ni la fè producto del sentimentalismo.

Hirschberger, en su "Historia de la Filosofìa", arranca con el racionalismo cartesiano en el S.XVII de donde, como es natural desemboca en el empirismo de Hobbes y Locke, yèndose a regocijar en la ilustraciòn inglesa, alemana y sobre todo francesa.

Se mete por los vericuetos intrincados del idealismo clàsico alemàn: el incomprensible Kant con sus imperativos, Fichte con sus sujbjetivismos, Schelling con su romanticismo y Hegel, el inefable, con su dialèctica y su Filosofìa del Espìritu.

Recorre los caminos del fenomenalismo y de la fenomenologìa; el fenòmeno real, el suceso, la vida misma es la que impulsa, antes habìa atisbado el voluntarismo pesimista de Schopenhauer, el materialismo anacrònico de Fuerbach, el dialèctico de Marx y Engels; el existencialismo cristiano de Kierkengaard, la fanàtica locura transmutacionista de Nietzsche...cayendo de plano en los filòsofos de los años 90 del S. XX.

La historia de la filosofìa es la historia llena de incidentes del pensamiento humano. De donde arrancan los sistemas socio-econòmicos; de donde enrumban las polìticas frente a la vida y frente al Estado que es donde se aprieta la cosa.

Fisolofìa, materia inseparable para los estudiantes de la universidad, en cualquiera de sus carreras,

vendredi 06 novembre 2009, a 14:35
Être jeune Je vous fais découvrir un texte d'un auteur ancien mais c'est un texte universel et intemporel par le message qu'il délivre.
 


Etre jeune / Ser jóven

 

La jeunesse n'est pas une période de la vie, elle est un état d'esprit, un effet de la volonté, une qualité de l'imagination, une intensité émotive, une victoire du courage sur la timidité, du goût de l'aventure sur l'amour du confort.


On ne devient pas vieux pour avoir vécu un certain nombre d'années. On devient vieux parce qu'on a déserté son idéal. Les années rident la peau, renoncer à son idéal ride l'âme.


Les préoccupations, les doutes, les craintes et les désespoirs sont des ennemis qui, lentement nous font pencher vers la terre et devenir poussière avant la mort.


Jeune est celui qui s'étonne et s'émerveille. Il demande comme l'enfant insatiable : et après ? Il défie les événements et trouve de la joie au jeu de la vie.


Vous êtes aussi jeune que votre foi.
Aussi vieux que votre doute.
Aussi jeune que votre confiance en vous-mêmes.
Aussi jeune que votre espoir.
Aussi vieux que votre abattement.


Vous resterez jeune tant que vous resterez réceptif. Réceptif à ce qui est beau, bon et grand. Réceptif aux messages de la nature, de l'homme et de l'infini.


Si un jour votre cœur devait être malade de pessimiste et rongé par le cynisme, puisse Dieu avoir pitié de votre âme de vieillard.


Samuel Ullman, 1870



Le texte de Samuel Ullmann semble ne pas exister en version espagnole, alors j'en donne une traduction en castillan ici.


 El texto de Samuel Ullman no parece existir en versión española, entonces escribo aquí una traducción en castellano.


La juventud no es un período de la vida, es un estado de ánimo, un efecto de la voluntad, una calidad de la imaginación, una intensidad emotiva, una victoria del valor sobre la timidez, del gusto de la aventura sobre el amor de la comodidad.


No se convierte en viejo por haber vivido una serie de años él se convierte en viejo porque se abandonó su ideal.


Los años arrugan la piel, renunciar a su ideal arruga el alma.


Las preocupaciones, las dudas, los temores y las desesperaciones son enemigos que, lentamente nos hacen inclinar hacia la tierra y convertirnos en polvo antes de la muerte.


Joven es el que se asombra y se maravilla.

Pide como el niño insaciable: ¿ y más tarde ?

Desafía los acontecimientos y encuentra en la alegría al juego de la vida.


Son tan jóvenes que su fe.
Por eso son tan viejos que su duda.
Por eso son tan jóvenes que su confianza en si mismo.

Por eso son tan jovenes que su esperanza.
Por eso
son tan viejo que su disminución.


Seguirán siendo jóvenes mientras seguirán siendo receptivos.

Receptivos a esto que es bonito, bueno y grande.


Receptivos a los mensajes de la naturaleza, del hombre y del infinito.

Si un día su corazón debe ester enfermo de pesimismo y corroído por el cinismo, pueda Dios tener piedad de su alma de anciano.


Samuel Ullman, 1870

 

jeudi 05 novembre 2009, a 15:51
derroche
 

Esa divisiòn alma-cuerpo, no existe verdad? porque el amor como el ser, es un todo que abarca anhelos, realidades, vacios, alegrìas, plenitudes, llantos, gritos, tristezas, donde es importante estimular todos los sentidos.  Tu cierras tus ojos y yo me encargo de estimular uno a uno tus sentidos....


Tu sabes , al leer tus palabras, siento cosquillitas y deseos de tenerte cerquita para deternerme donde sienta, quiera y quieras que me detenga



jeudi 05 novembre 2009, a 14:01
El amor y su desintegración
 

El amor y su desintegración en la sociedad occidental contemporánea
Si partimos de la premisa de que el amor es una capacidad del carácter maduro, observando la sociedad occidental es indudable que el amor es un fenómeno relativamente raro, dándose en realidad diferentes formas de pseudo amor o "desintegración del amor".
La estructura social, regida por el capitalismo, en un principio de supuesta libertad política y de mercado, necesita mano de obra obediente y eficiente, al mismo tiempo que consumidores impulsivos y poco críticos, personas que se sientan libres e independientes que encajen sin dificultades en el engranaje social. Esto ha producido en el hombre la enajenación de sí mismo y de lo que le rodea, en una situación de angustia e inseguridad que hace imposible superar una separatidad ante la que la sociedad ofrece muchos paliativos: rutinización del trabajo, el consumo, el ocio prefabricado. Parece que la felicidad pasa por divertirse, y esto implica consumir. Los autómatas no pueden amar, el amor llega a equiparse con las condiciones mercantilistas que rigen la sociedad, en unas relaciones que suelen ser artificiales. Se ha mantenido el error de pensar que el éxito del amor tan sólo radica en la satisfacción recíproca en el aspecto sexual, cuando en realidad el problema es el amor: está demostrado que los problemas sexuales más frecuentes no tienen su causa en el desconocimiento de la técnica adecuada sino en las inhibiciones que impiden amar. El temor o el odio al otro sexo es la raíz de la dificultad de entregarse por completo.
Fromm critica en Freud su concepto materialista del amor, del amor considerado básicamente un fenómeno sexual, de un sentimiento de unidad que Freud lo interpretaba como fenómeno patológico de regresión a un estado de temprano "narcisismo ilimitado", de no distinguir entre el amor irracional y el amor maduro.
En Sullivan critica su idea de que el amor es una situación de colaboración entre dos personas que sienten, en lo que Fromm denomina "egotismo à deux", donde dos personas aman sus intereses frente a un mundo hostil y enajenado.
Así, el amor como satisfacción sexual recíproca y el amor como "trabajo en equipo", constituyen las formas "normales" de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea.
Se describen cierto tipos de relaciones neuróticas amorosas. Un primer ejemplo es la inmadurez emocional y afectiva, fruto de una relación infantil materna/paterna no superada; personas que muestran un gran amor y afecto, que en cierta forma es superficial e irresponsable, que entran en profundas contradicciones y desengaños cuando creen no ser correspondidos en su justa medida; o la situación en donde la madre fue fría e indiferente y el padre concentra todo su afecto e interés en el hijo, pero de forma también autoritaria, premiando y castigando, lo que lleva al hijo a comportarse como un esclavo, a complacer al padre, y esto lo trasladará posteriormente en sus relaciones personales intentando encontrar la figura paterna con la que poder mantener una conducta similar, personas que suelen tener éxito social pero relegan a un segundo plano el aspecto afectivo interpersonal.
Un matiz más complicado presenta el hijo ante unos padres que no se aman e intentan ocultárselo. El hijo desconoce lo que los padres piensan y sienten, lo que le hace retraerse en su propio mundo, y esto lo trasladará a las relaciones amorosas posteriores, necesitando a veces que las acciones masoquistas le liberen de la carga de tensión y miedo provocada por su nula afectividad.
Otras formas frecuentes de amor irracional son: el amor idolátrico, en el que se tiende a "idolizar" a la persona amada, siendo característico su comienzo intenso aunque de difícil permanencia; el amor sentimental, más fantástico que real, como el experimentado ante una película, novela o canción romántica, o en el recuerdo de un pasado común por el que se muestra un amor que entonces no existió, o la esperanza de un amor futuro inexistente en el presente; otra forma de amor neurótico pasa por el uso de mecanismos proyectivos, buscando las propias falta ignoradas en los demás, o la de intentar dar sentido a la propia vida a través de la vida de los hijos.
Fromm insiste en el error frecuente de pensar que el amor significa necesariamente la ausencia de conflicto, cuando en realidad los ‘conflictos' de la mayoría de la gente son formas de evitar los "verdaderos conflictos reales", no siendo éstos últimos en absoluto destructivos.
El amor es un desafío constante, que parte desde el centro de nuestra existencia, en la experiencia de dos seres "que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos".
Si pensamos en el aspecto religioso, la vida diaria está separada de cualquier valor religioso fruto del mismo automatismo que nos impide amar a los demás o a nosotros mismos, donde el hombre moderno se ha transformado en un artículo más del engranaje mercantilista, preocupado por un éxito que llega a olvidarse del propio yo, de la propia existencia al margen de los sentimientos.

Hay una frase muy interesante que escribe Fromm: "El hombre contemporáneo es más bien como un niño de tres años, que llora llamando a su padre cuando lo necesita, o bien, se muestra completamente autosuficiente cuando puede jugar". Dios podría ser ese padre, o la madre que te ama sin condiciones, y el juego no es mas que nuestra aceptación y participación en un mundo donde prima el mercantilismo que nos hace creer que lo óptimo es participar en él aceptando las reglas del juego. Pero esto no anula el sentimiento de separatidad ampliamente descrito, más bien lo oculta, y esto provoca sentimientos contradictorios, angustias, fobias, inadaptación ante nosotros mismos y ante los demás.
 

lundi 02 novembre 2009, a 13:54
Amor a Dios
 

Amor a Dios
Si consideramos el número de páginas que Fromm utiliza para hablar del amor a Dios, parece ser más complejo o importante que los precedentes.
Si hubiera que sintetizar la idea que Fromm aporta acerca de la necesidad de amar, podríamos decir que esta necesidad existe motivada por la separatidad, como forma de superar la angustia que el estado de separación produce en el hombre, siendo la unión la solución.
El hombre surge de la naturaleza, de la madre, de una unidad original a la que se aferra por encontrar en ella seguridad. En una primera etapa evolutiva se identificaba con los animales y los árboles; muchas religiones primitivas reflejan esta etapa evolutiva. Posteriormente es capaz de moldear figuras en arcilla, metales, cuando ya no depende tanto de la naturaleza; entonces aparecen los ídolos que adquieren apariencia humana. Parece haber existido una fase matriarcal de la religión anterior a la patriarcal en determinadas culturas. La fase patriarcal marca determinados principios o normas a obedecer, la sociedad patriarcal es jerárquica; pero los aspectos maternos no pueden ser totalmente eliminados, teniendo un claro ejemplo en la Virgen de la religión católica. En muchos casos los dioses han evolucionado de la misma forma que lo hacía la sociedad; el paso de una estructura social centrada en la madre a una centrada en el padre produjo el campo de dios matriarcal a patriarcal. Dios en la religión católica es un ente sin nombre, justo aunque severo en ocasiones, es amor, se compromete, es la fuente de toda existencia. Es la figura del padre al que hay que obedecer, un amor condicionado, que premia ante los buenos actos y se enoja ante la desobediencia.
Fromm examina la diferencia entre la lógica aristotélica y la paradójica, una primera donde lo que ‘es' no puede ser al mismo tiempo ‘no ser', y la otra que sí acepta esta premisa. Así, a través de la lógica paradójica podemos concluir que el amor a Dios no es conocer a Dios a través del pensamiento, sino el acto de experimentar la unidad con Dios. Desde este punto de vista lo importante no es el pensamiento, sino el acto. La lógica paradójica llevó al hombre a la tolerancia y la autotransformación, la aristotélica al dogma y la ciencia; en el primer caso podríamos hablar de oriente y en el segundo de occidente. Así, en occidente el amor a Dios es sobre todo una experiencia mental, mientras que en las religiones orientales es una "intensa experiencia afectiva de unidad".
Existe un importante paralelismo entre el amor a los padres y el amor a Dios. El amor a Dios es inseparable del amor a los padres, su amor al hombre, en una relación determinada por la estructura de la sociedad en que vive; así, si la estructura social es la de sumisión a la autoridad, el concepto de Dios será infantil y alejado de un concepto maduro.
 

lundi 02 novembre 2009, a 12:20
Amor a sí mismo
 

Amor a sí mismo
Son muchas las opiniones que a lo largo de los tiempos han puesto objeciones al amor a sí mismo. Unos lo consideraron pecado, otros como Calvino lo calificarían de "peste", hablarían de  , de ser insano, que el amor a sí mismo excluye el amor a los demás.
Fromm es tajante al afirmar que es una "falacia lógica" hablar de esta exclusión recíproca. Por todos es conocida la frase bíblica "ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero, ¿qué explicación tiene el egoísmo si el amor a mí mismo y a los demás es conjuntivo? Ante esto la respuesta es que "el egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos, son realmente opuestos". Si un individuo sólo ama a los demás, no puede amar en absoluto; por el mismo motivo, si sólo se ama a sí mismo, nada sabemos sobre lo que es amar. El egoísta ni tan siquiera llega a amarse a sí mismo, sintiéndose vacío, infeliz, preocupado por arrancar a los demás las satisfacciones que él no puede/quiere conseguir. En el caso de una madre sobreprotectora, más que un amor excesivo lo que muestra es la forma de compensar su total incapacidad de amar. En esencia poco diferencia el efecto producido por la madre generosa y la madre egoísta, pudiendo ser peor la primera, en cuanto los hijos evitan criticarla, se sienten presionados, la obligación de no desilucionarla. Para llevar a un niño a conocer la felicidad, el amor y la alegría no hay nada como una madre que se ama a sí misma. Algo similar podría decirse de una persona ‘generosa' que poco o nada quiere de sí mismo y sólo vive para los demás: no es feliz, es hostil hacia la vida, la generosidad es una fachada que esconde un intenso egocentrismo.

Creo que deja en muy mal lugar a la madre sobreprotectora. Si bien llevado a un caso extremo puede ser cierto lo que afirma Fromm, en un caso normal es una actitud relativamente normal que no creo que tanto perjudique al niño porque, ¿cuál es el límite de la intensidad con la que debemos o podemos amar a otros o a nosotros mismos? ¿está demostrado que rebasar este supuesto límite, si acaso existe, tiene unos efectos más negativos que positivos?


samedi 31 octobre 2009, a 23:54
El alfarero
 


 
El alfarero
 
Do                    Fa      Sol
Gracias, quiero darte, por amarme,
                          Do
gracias, quiero darte yo a ti, Señor.
                  Fa
Hoy soy feliz porque te conocí.
Do            Sol        Do   Sol
Gracias, por amarme a mi también.
 
coro:
         Do           Sol
Señor yo quiero abandonarme,
        Fa               Sol       Do
como el barro en las manos del alfarero
                     Fa
toma mi vida y hazla de nuevo,
            Do             Sol
yo quiero ser, yo quiero ser...
     Do    La7
un vaso nuevo.
 
 
Re             Sol   La
Te conocí y te amé,
                         Re
te pedí perdón y me escuchaste.
              Sol
Si te ofendí, perdóname, Señor,
    Re             La          Re
Pues te amo y a tu lado me quedaré.
 
Re - La - Sol - La - Re - Sol - Re - La - Sol - Re

 



samedi 31 octobre 2009, a 23:13
Como no creer en Dios
 

Yo te llevo desde niño muy adentro
te he encontrado en el pájaro y la flor,
en la tierra y el silencio,
y en mis sueños cada noche estabas tú.

Desde entonces, quiero darte siempre gracias
porque puedo darme cuenta de tu amor,
beberé de tu cuerpo y de tu sangre,
y por siempre te daré mi corazón.

Como no creer en Dios
si me ha dado los hijos y la vida.
Como no creer en Dios
si me ha dado la mujer querida.

Como no creer en Dios
si lo siento en mi pecho a cada instante
en la risa de un niño por la calle
o en la tierna caricia de una madre.

Como no creer en Dios
si está en las viñas y en el manso trigo.
Como no creer en Dios
si me dio la mano abierta de un amigo

Como no creer en Dios
si me ha dado la tristeza y la alegría
de saber que hay un mañana cada día,
por la fe, por la esperanza y el amor.

Como no creer en Dios.



vendredi 30 octobre 2009, a 09:17
Entendamos por amor fraternal , el amor a todos los seres humanos, tal como Jesús decía a sus discípulos que amaran a su prójimo como a sí mismos. Así, el amor sólo comienza a desarrollarse cuando amamos a quienes no necesitamos por un fin determinado
 

Amor erótico
A diferencia del amor fraterno o el materno, el amor erótico es una unión con una única persona, exclusivo y no universal, siendo "la forma de amor más engañosa que existe". No hay que confundirlo con la experiencia de "enamorarse", situación ésta limitada por el hecho de llegar a conocer a la otra persona tanto como a uno mismo, o mejor dicho, tan poco. Otros factores que muchas personas se confunden al considerarlos formas de salvar la separatidad son hablar de uno mismo, de las esperanzas, mostrar aspectos infantiles, establecer un interés común frente al mundo... También es erróneo confundir el deseo sexual con el amor, aunque el amor pueda inspirar el deseo de la unión sexual. El deseo sexual sin amor no conduce a la unión, salvo en sentido orgiástico transitorio.
Un aspecto importante a considerar es la ya comentada exclusividad del amor erótico. El amor erótico sólo excluye el amor a los demás como fusión erótica. Hemos visto el amor erótico como atracción individual y concreta entre dos personas, pero también podríamos hablar de un acto de voluntad y un compromiso, pues de ser sólo sentimiento no tendría sentido hablar del amor eterno, del matrimonio hasta que la muerte los separe. Aquí Fromm no distingue entre el matrimonio decidido por terceros y el de la elección individual, pues la voluntad será la que garantice la continuación del amor.

Ante lo expuesto me hago las siguientes preguntas: ¿Existe el amor eterno? ¿Sólo puede existir amor erótico entre dos personas, no puede haber una tercera? ¿No es más intenso el amor como elección individual que el convenido por otros intereses, aun cuando la voluntad y compromiso haga permanecer unida a la pareja?



jeudi 29 octobre 2009, a 09:34
Amor materno
 

De esto ya se ha hablado antes, sin embargo, quedaría por añadir algunas observaciones. El amor materno no sólo contribuye a la conservación de la vida del niño y su crecimiento, sino también debe inculcar en el niño el amor a la vida. El amor madre-niño crea una dependencia de éste último necesaria, y a diferencia del amor erótico, donde dos seres separados se vuelven uno, en el amor materno dos seres que estaban unidos se separarán. En el momento de la separación el amor materno se hace más difícil, imposible si una madre no puede "amar a su esposo, a otros niños, a los extraños, a todos los seres humanos."

mercredi 28 octobre 2009, a 10:28
Los objetos amorosos
 

Es un error pensar que sólo amamos a una determinada persona, pues esto no es sino una relación simbiótica o egotismo ampliado. Como poéticamente escribe Fromm, "si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida". Aunque esto no quita que podamos distinguir diversos tipos de amor.
Como objetos amorosos se distinguen el amor fraternal, el amor materno, el amor erótico, el amor a sí mismo y el amor a Dios.

mardi 27 octobre 2009, a 12:10
El amor entre padres e hijos
 


El niño al nacer no tiene conciencia de la realidad que le rodea o de sí mismo. Tan sólo siente la estimulación del calor de la madre y el alimento, la satisfacción y seguridad que la madre le produce; lo exterior es real en función de sus necesidades. Cuando crece aprende a percibir las cosas, aprendiendo a manejar las cosas y a la gente. Siente el amor incondicional materno. Los niños entre los ocho y medio a los diez años ya pueden amar y no sólo responder con gratitud y alegría al amor que reciben. El niño pasa de su egocentrismo a valorar las necesidades de los demás, donde dar o amar es más satisfactorio que recibir, sintiendo una nueva sensación de unión. Fromm lo reduce a lo siguiente "El amor infantil sigue el principio: ‘Amo porque me aman. El amor maduro obedece al principio: ‘Me aman porque amo'. El amor inmaduro dice: ‘Te amo porque te necesito'. El amor maduro dice: ‘Te necesito porque te amo'."
El amor al padre es diferente y de poca importancia durante los primeros años de la vida del niño, el padre "no representa un hogar natural" de donde venimos. El padre será quien enseñe al niño el camino hacia el mundo, en un amor que es condicional que, a diferencia del materno, puede ser controlado. Después de los seis años, el niño comienza a necesitar el amor del padre, su autoridad y su guía. La función de la madre es la de aportar seguridad, el padre será quien enseñe y guíe ante los problemas que plantea la sociedad. Las cualidades paternas serían la disciplina, independencia, habilidad de dominar la vida por sí mismo.
La base de la salud mental y el logro de la madurez son fruto del éxito de la relación madre-niño y padre-niño. La neurosis es fruto del fracaso o ciertos desajustes en esta relación. Así, "ciertos tipos de neurosis, las obsesivas, por ejemplo, se desarrollan especialmente sobre la base de un apego unilateral al padre, mientras que otras, como la histeria, el alcoholismo, la incapacidad de autoafirmarse y de enfrentar la vida en forma realista, y las depresiones, son el resultado de una relación centrada en la madre."

Creo que es bastante discutible cuando dice: "Si un individuo [al llegar a la etapa adulta] conservara sólo la conciencia paterna, se tornaría áspero e inhumano. Si retuviera únicamente la conciencia materna, podría perder su criterio y obstaculizar su propio desarrollo o el de los demás".

lundi 26 octobre 2009, a 09:16
El amor, la respuesta al problema de la existencia humana
 

 


En los animales, sus afectos constituyen una parte de su instinto, algo que también permanece en el hombre. El hombre sufre la necesidad de superar su separatidad, de abandonar "la prisión de su soledad", porque la vivencia de la separatidad provoca angustia. La solución a esta soledad ha recibido varias respuestas a lo largo de la historia, utilizando varios medios que ayuden a alcanzarla tales como adorar animales, conquistas militares, lujuria, trabajo obsesivo, creación artística, amor a Dios, amor al Hombre. En el niño la presencia de la madre evita su sentimiento de separatidad.
Fromm nos habla de "estados orgiásticos". Muchos rituales de tribus primitivas utilizaban las drogas como forma de escapar del estado de separación, o a través de la experiencia sexual, siendo el orgasmo un estado similar al provocado por un trance o los efectos de ciertas drogas. Las orgías sexuales comunales formaban parte de muchos rituales primitivos. Participar en estos estados orgiásticos, al ser una práctica común e incluso exigida por los médicos brujos o sacerdotes, no producía angustia, sentimiento de culpa o vergüenza.
En una cultura no orgiástica se trata de escapar de la separatidad a través del alcohol o las drogas, experimentando el individuo sentimientos de culpa y remordimiento. El acto sexual sin amor no elimina, salvo en forma momentánea, el abismo que separa a dos seres humanos. En esta cultura esta forma de escapar de la separatidad provoca una cada vez mayor sensación de separación.
Las uniones orgiásticas son intensas, ocurren en mente y cuerpo, son transitorias y periódicas.
Hay otro aspecto a considerar, la unión basada en la conformidad con el grupo. El hombre pasó de vivir en un grupo pequeño a integrarse en ciudades, estados, miembros de una iglesia. La uniformidad predomina en una unión donde el ser individual desaparece en pro de la pertenencia al rebaño. La conformidad con el rebaño es la forma predominante, donde los pensamientos, las costumbres, la forma de vestir, los empleos, el ocio... no difieren apenas entre los ‘diferentes' individuos que forman parte de la colectividad. Se cree ser diferente, tener ideas o pensamientos propios cuando en realidad son prácticamente los mismos, creer que poder elegir entre unas determinadas diferencias aceptadas por una mayoría representa una ausencia de conformismo o que esto es ser individualista. La igualdad como condición para el desarrollo de la individualidad. Esta estandarización o igualdad conviene a la sociedad, como forma de evitar fricciones. Incluso lo que muchos suponen un gran logro, la igualdad de las mujeres, forma parte del movimiento conducente a la eliminación de las diferencias. Es curioso lo que escribe Fromm: "la polaridad de los sexos está desapareciendo, y con ella el amor erótico, que se basa en dicha polaridad".
Pero la unión por la conformidad no soluciona per se la angustia de la separatidad. Síntomas de sus fallos son el alcoholismo, el abuso de las drogas, la sexualidad compulsiva o el suicidio. Al mismo tiempo, a diferencia de las soluciones orgiásticas, afecta sobre todo a la mente y no al cuerpo. La única ventaja de la conformidad es la permanencia. Otros aspectos a considerar son la rutina en el trabajo y el ocio. Existe poca iniciativas ante unas tareas prescritas por la organización del trabajo. Las diversiones están rutinizadas y prefabricadas. Es concluyente la pregunta que Fromm se/nos hace. "¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único, al que sólo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?"
Una tercera forma de lograr la unión sería la actividad creadora, donde el individuo que crea y su objeto se tornan uno. Esto no englobaría al trabajador de una cadena de montaje, que se siente bastante alejado de aquello que produce en su trabajo rutinario.
Pero la unión lograda en la fusión orgiástica es transitoria, la que proporciona la conformidad es una pseudo-unidad y la actividad creadora no es interpersonal. Así, Fromm concluye que ante estas respuestas parciales sólo el amor puede lograr la fusión con otra persona, siendo el "impulso más poderoso que existe en el hombre". Tan convencido está Fromm de ello que llega a escribir que "sin amor, la humanidad no podría existir un día más".
Sin embargo, ahora surge una duda, ¿de qué amor estamos hablando? ¿el amor como solución al problema de la existencia o como unión simbiótica? Fromm critica el amor como unión simbiótica, lo considera una forma inmadura de amar. Podría hablarse de unión simbiótica entre el feto y la madre embarazada; la sumisión o masoquismo, donde la persona renuncia a su integridad convirtiéndose en instrumento de alguien o algo ajeno a él; la dominación o sadismo, forma activa frente a la pasiva que representa la sumisión, quien escapa de su soledad creando en otro individuo la prolongación de su ser.
Es por ello que cuando Fromm habla de amor se refiere a un amor maduro donde "se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos". Hay que entender la capacidad de amar como acto de dar, sin pensar en el sentido mercantilista donde dar implica recibir. Al final, dar significa recibir, porque cuando se da con sinceridad no se deja de recibir, o como bien dice Fromm "el amor es un poder que produce amor". Y esto no sería circunscribible sólo al amor, podríamos por ejemplo hablar del maestro que aprende de sus alumnos.
Pero el amor no sólo es dar, también implica cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento, todos conformando una interdependencia mutua. No amamos aquello que no cuidamos. La persona que ama, responde. Respeto como preocupación por el prójimo, evitando así que la responsabilidad degenere en dominación; o como dice una vieja canción francesa, el respeto sólo existe sobre la base de la libertad. Pero el cuidado, la responsabilidad o el respeto no son posibles si conocer a la persona. Como dice Fromm, "el conocimiento sería vacío si no lo motivara la preocupación". Sólo el amor hace posible el conocimiento, en el acto de amar me encuentro a mí mismo. Sin embargo, ya decía el sabio que mientras más sabía más se daba cuenta de que, en realidad, no sabía nada. Otra frase curiosa que escribe Fromm es que "la consecuencia última de la psicología es el amor".
Hasta ahora se ha hablado del amor como forma de afrontar la separatidad humana. Pero existe una necesidad existencial de unión de orden biológico, la polaridad de los sexos. Fromm critica la teoría freudiana acerca de la sexualidad, diciendo Freud que la finalidad del deseo sexual es la eliminación de la tensión química producida en el cuerpo, sin tener en cuenta el aspecto psicobiológico de la sexualidad, la polaridad hombre-mujer y el deseo de resolver esta polaridad a través de la unión.

Es curiosa la conclusión a la que llega Fromm acerca de las actitudes homosexuales: "La desviación homosexual es un fracaso en el logro de esa unión polarizada, y por eso el homosexual sufre el dolor de la separatidad nunca resuelta, fracaso que comparte, sin embargo, con el heterosexual corriente que no puede amar". Salvando las distancias, creo que podría estar equivocado. Si bien no parece demostrado que en los homosexuales haya aspectos patológicos diferenciadores con respecto al resto de su sexo, hay evidencias que sugieren que los genes pueden ser un factor en la orientación sexual; aunque otras opiniones, como la de Sigmund Freud, afirman que es más probable que los factores determinantes sean las experiencias durante la infancia. En este último punto, Freud afirma que la falta de un progenitor del mismo sexo con el cual poder identificarse podría ser una causa de la homosexualidad. Si nos remontáramos al siglo XIX la homosexualidad era entonces clasificada como enfermedad.



samedi 24 octobre 2009, a 12:42
¿Es el amor un arte?
 


La mayoría de la gente cae en el error de suponer que no hay nada que aprender sobre el amor, y ello se debe a varios motivos: considerar que el problema del amor consiste en ser amado y no en amar, valorando aspectos como el éxito, ser poderoso, rico, ser atractivos, en definitiva, una mezcla de popularidad y sex-appeal; el hecho de creer que amar es fácil y lo difícil es encontrar a quien amar, la importancia del objeto frente a la de la función, la suposición de que el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad; la confusión entre la sensación inicial del "enamorarse" y el permanecer enamorado cuando la otra persona ya no es desconocida y se pierde el halo de misterio inicial.
El amor es un arte, y todo arte necesita un proceso de aprendizaje, tanto en lo teórico como en el aspecto práctico.

Hay un aspecto curioso que Fromm comenta en referencia a los errores que lleva a muchas personas suponer que no hay nada que aprender sobre el amor. Afirma que las relaciones amorosas humanas siguen el mismo esquema existente en el mercado de bienes y de trabajo, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. "Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir".
 

vendredi 23 octobre 2009, a 14:21
POETA
 

Cierta vez, un poeta escribió una hermosa canción de amor. E hizo muchas copias y las envió a sus amigos y conocidos, hombres y mujeres, y también a una joven que había visto tan sólo una vez y que vivía más allá de las montañas. Y cuando pasaron dos o tres días vino un mensajero de parte de la joven, trayendo una carta. Y la carta decía:

"Déjame decirte que estoy profundamente conmovida por la canción de amor que escribiste para mí. Ven pronto y habla con mis padres para tratar los preparativos de la boda".

Y el poeta respondió, diciendo en su carta:

"Amiga mía, la canción que le envié no era sino una canción de amor brotada del corazón de un poeta, cantada por todo hombre y a cualquier mujer."

Y ella le escribió a su vez, diciendo:

"¡Hipócrita y mentiroso! ¡Desde hoy, hasta el día en que me entierren, odiaré a todos los poetas por su causa!"

vendredi 23 octobre 2009, a 13:53
MUJER
 

Una mujer dijo a un hombre:

-Te amo.

Y el hombre respondió:

-Mi corazón se cree merecedor de tu amor.

Y la mujer habló:

-¿No me amas?

Y el hombre sólo elevó sus ojos hacia ella y calló.

Entonces la mujer gritó:

-Te odio.

Y el hombre dijo:

-Pues, entonces, mi corazón también es merecedor de tu odio.


mercredi 21 octobre 2009, a 14:47
y si el tiempo y el espacio no existiera
 

Dije a mi amigo:

-Tú la ves descansando sobre el brazo de aquel hombre. Sólo que ayer descansaba así sobre el mío.

Y mi amigo dijo:

-Y mañana se posará sobre el mío.

Dije:

-Mírala sentada junto a él. Fue sólo ayer que se sentaba junto a mí.

Y él respondió:

-Mañana se sentará a mi lado.

Dije:

-Observa, bebe vino de su copa y ayer bebía de la mía.

Y él agregó:

-Mañana lo hará de mi copa.

Entonces dije:

-Mira cómo lo contempla con amor y con ojos entregados. Ayer mismo me contemplaba así.

Y mi amigo dijo:

-Mañana me contemplará a mí.

Pregunté:

-¿No la oyes murmurar canciones de amor en sus oídos? Las mismas canciones de amor que murmuraba en los míos.

Y mi amigo contestó:

-Y mañana las susurrará en los míos.

Y dije:

-Pero mira. Está abrazándolo. No fue sino ayer que me abrazaba a mí.

Y mi amigo dijo:

-Me abrazará a mí mañana.

Entonces agregué:

-¡Qué mujer extraña!

Mas él me respondió:

-Ella es como la vida, poseída por todos los hombres; y como la muerte, conquista a todos los hombres; y como la eternidad, envuelve a todos los hombres.






mardi 13 octobre 2009, a 17:08
QUIERO COMPARTIR UNA DE MIS LECTURAS
 



SEGUIRÉ AMIGO MIO LEYENDO CON MUCHO AGRADO TUS ESCRITOS.

Como si nada hubiera pasado

como si nada hubieras desempolvado

como si nada hubieras sentido estos últimos días.

como si nada hubieras despertado.




LO BUENO Y LO MALO

 

Puedo hablar de lo bueno en vosotros, no de lo malo. Porque?

¿qué es lo malo sino lo bueno torturado por su propia hambre y su propia sed?

En verdad, cuando lo bueno está hambriento, busca alimento aun en cavernas obscuras y, cuando está sediento, bebe hasta de las aguas muertas.

Sois buenos cuando sois uno con vosotros mismos.

Sin embargo; cuando no lo sois, no sois malos.

Porque una casa desunida no es un antro de ladrones; es sólo una casa desunida.

Y un barco sin timón puede vagar sin rumbo entre islotes peligrosos y no hundirse hasta el fondo.

Sois buenos cuando os esforzáis en dar de vosotros mismos.

Sin embargo, no sois malos cuando buscáis ganar para vosotros.

Porque, cuando lucháis por obtener, no sois más que una raíz que se prende a la tierra y succiona su seno.

Seguramente la fruta no puede decir a la raíz: «Sé como yo, madura y plena y dando siempre de tu abundancia.»

Porque para la fruta el dar es una necesidad, como el recibir es una necesidad para la raíz.

Sois buenos cuando estáis completamente despiertos en vuestro discurso.

Sin embargo, no sois malos cuando dormís mientras vuestra lengua titubea sin propósito.

Y hasta un vacilante hablar puede fortalecer una lengua débil.

Sois buenos cuando camináis hacia vuestra meta firmemente y con pasos audaces.

No sois, empero, malos cuando vais hacia ella cojeando.

Aun aquellos que cojean no retroceden.

Pero vosotros que sois fuertes y veloces, cuidaos de no cojear delante del lisiado, imaginando que eso es bondad.

Sois buenos en incontables modos y no sois malos cuando no sois buenos.

Sois solamente indolentes y haraganes.

Es una lástima que los ciervos no puedan enseñar velocidad a las tortugas.

En vuestro anhelo por vuestro yo gigante reposa vuestra grandeza y ese anhelo se encuentra en todos vosotros.

Pero en algunos de vosotros esa ansia es un torrente que corre con fuerza hacia el mar llevando los secretos de las colinas y las canciones de los bosques.

Y en otros es un hilo de agua que se pierde en ángulos y curvas y se consume antes de alcanzar la playa.



Pero, no dejemos que el que mucho anhela le diga al que anhela poco:

«¿Por qué eres tan lento y te detienes tanto?

» Porque el que es verdaderamente bueno no pregunta al desnudo

«¿Dónde están tus vestidos?»

ni al desamparado .« ¿Qué ha ocurrido con tu casa?




lundi 12 octobre 2009, a 16:50
SIGAMOS CON LECTURAS AGRADABLES
 






En la hora más silenciosa de la noche, mientras estaba yo acostado y dormitando, mis siete egos sentáronse en rueda a conversar en susurros, en estos términos:


Primer Ego: -He vivido aquí, en este loco, todos estos años, y no he hecho otra cosa que renovar sus penas de día y reavivar su tristeza de noche. No puedo soportar más mi destino, y me rebelo.


Segundo Ego: -Hermano, es mejor tu destino que el mío, pues me ha tocado ser el ego alegre de este loco. Río cuando está alegre y canto sus horas de dicha, y con pies alados danzo sus más alegres pensamientos. Soy yo quien se rebela contra tan fatigante existencia.


Tercer Ego: - ¿Y de mi qué decís, el ego aguijoneado por el amor, la tea llameante de salvaje pasión y fantásticos deseos? Es el ego enfermo de amor el que debe rebelarse contra este loco.


Cuarto Ego: -El más miserable de todos vosotros soy yo, pues sólo me tocó en suerte el odio y las ansias destructivas. Yo, el ego tormentoso, el que nació en las negras cuevas del infierno, soy el que tiene más derecho a protestar por servir a este loco.


Quinto Ego: -No; yo soy, el ego pensante, el ego de la imaginación, el que sufre hambre y sed, el condenado a vagar sin descanso en busca de lo desconocido y de lo increado... soy yo, y no vosotros, quien tiene más derecho a rebelarse.


Sexto Ego: -Y yo, el ego que trabaja, el agobiado trabajador que con pacientes manos y ansiosa mirada va modelando los días en imágenes y va dando a los elementos sin forma contornos nuevos y eternos... Soy yo, el solitario, el que más motivos tiene para rebelarse contra este inquieto loco.


Séptimo Ego: - ¡Qué extraño que todos os rebeléis contra este hombre por tener a cada uno de vosotros una misión prescrita de antemano! ¡Ah! ¡Cómo quisiera ser uno de vosotros, un ego con un propósito y un destino marcado! Pero no; no tengo un propósito fijo: soy el ego que no hace nada; el que se sienta en el mudo y vacío espacio que no es espacio y en el tiempo que no es tiempo, mientras vosotros os afanáis recreándoos en la vida. Decidme, vecinos, ¿quién debe rebelarse: vosotros o yo?

 

Al terminar de hablar el Séptimo Ego, los otros seis lo miraron con lástima, pero no dijeron nada más; y al hacerse la noche más profunda, uno tras otro se fueron a dormir, llenos de una nueva y feliz resignación.

 

Sólo el Séptimo Ego permaneció despierto, mirando y atisbando a la Nada, que está detrás de todas las cosas.

 

vendredi 17 juillet 2009, a 11:43
compartiendo mis lecturas TRANQUILO SIEMPRE
 

  Hola  quiero  seguir compartiendo contigo una de mis lecturas. Hecha a la basura lo que te parezca  una tontería y  lo que quede, déjalo a un lado para que el polvo  de la indiferencia se encargue de darle eterna sepultura. Son  palabras, pensamientos de hombres, que de pronto no han encontrado aun los caminos verdaderos por los cuales otros están sembrando con bastante convicción, como es tu caso. Que  el Dios  de las almas convencidas, y puras te bendiga, y te de fuerzas para seguir  difundiendo la palabra Dios. si al leer estas tonterias te inspiro ternura, amor,o triteza ,te pido que ores por mi.

 

Dios de las almas perdidas, tú que estás perdido entre los dioses, escúchame:

Vivo entre una raza de hombres perfecta, yo, el más imperfecto de los hombres.

Yo, un caos humano, nebulosa de confusos elementos, deambulo entre mundos perfectamente acabados; entre pueblos que se rigen por leyes bien elaboradas y que obedecen un orden puro, cuyos pensamientos están catalogados, cuyos sueños son ordenados, y cuyas visiones están inscritas y registradas.

Sus virtudes, ¡OH Dios!, están medidas, sus pecados están bien calculados por su peso, y aun los innumerables actos que suceden en el nebuloso crepúsculo de lo que no es pecado ni virtud están registrados y catalogados.

En este mundo, las noches y los días están convenientemente divididos en estaciones de conducta y están gobernados por normas de impecable exactitud.

Comer, beber, dormir, cubrir la propia desnudez, y luego cansarse, todo a su debido tiempo.

Trabajar, jugar, cantar, bailar, y luego yacer tranquilo, cuando el reloj da la hora para ello.

Pensar esto, sentir aquello, y luego dejar de pensar y de sentir cuando cierta estrella se alza en el horizonte.

Robar al vecino con una sonrisa, dar regalos con un gracioso ademán, elogiar prudentemente, acusar con cautela, destruir un alma con una palabra, quemar un cuerpo con el aliento, y luego lavarse las manos, cuando se ha terminado el trabajo del día.

Amar según el orden establecido, entretenerse en lo mejor de uno mismo según cierta manera prefabricada, rendir culto a los dioses con el debido decoro, intrigar y engañar a los demonios diestramente, y luego olvidarlo todo, como si la memoria hubiese muerto.

Imaginar con un motivo determinado; proyectar con consideración; ser feliz dulcemente; sufrir con nobleza; y luego, vaciar la copa, de manera que mañana podamos llenarla otra vez.

Todas estas cosas, ¡OH Dios!¡, están concebidas con preclara visión, han nacido con un propósito firme, se mantienen con esmero y exactitud, se gobiernan según las normas y la razón, y luego se asesinan y se entierran según el método prescrito. Y aun sus silenciosas tumbas que yacen dentro del alma humana, cada una tiene su marca y su número.

Es un mundo perfecto; de maravillas; el más maduro fruto del jardín de Dios; el pensamiento rector del universo.

Pero dime, ¡OH Dios!, ¿por qué tengo que estar allí, yo, semilla de pasión insatisfecha, loca tempestad que no va en pos del oriente ni del occidente, aturdido fragmento de un planeta que pereció en las llamas?

¿Por qué estoy aquí, ¡OH Dios! de las almas perdidas? Dímelo tú, OH Dios, que te encuentras perdido entre los demás dioses...

 

 



mardi 16 juin 2009, a 14:26
COMPARTIENDO MIS LECTURAS TRANQUILO SIEMPRE
 

 

Cuando nació mi Tristeza, le prodigué mil cuidados, y la vigilé con amorosa ternura.

Y mi Tristeza creció como todos los seres vivientes, fuerte y hermosa y llena de maravillosas gracias.

Y mi tristeza y yo nos amábamos, y amábamos al mundo que nos rodeaba. Pues mi Tristeza era de corazón bondadoso, y el mío también era amable cuando estaba lleno de Tristeza.

Y cuando hablábamos, mi Tristeza y yo, nuestros días eran alados y nuestras noches estaban engalanadas de sueños; porque mi Tristeza era elocuente, y mi lengua también era elocuente con la Tristeza.

Y cuando mi Tristeza y yo cantábamos juntos, nuestros vecinos sentábanse a la ventana a escucharnos; pues nuestros cantos eran profundos como el mar, y nuestras melodías estaban impregnadas de extraños recuerdos.

Y cuando caminábamos juntos, mi tristeza y yo, la gente nos miraba con amables ojos, y cuchicheaba con extremada dulzura. Y también había quien nos envidiara, pues mi Triste za era un ser noble, y yo me sentía orgulloso de mi Tristeza. Pero murió mi Tristeza, como todo ser viviente, y me quedé solo, con mis reflexiones.

Y ahora, cuando hablo, mis palabras suenan pesadas en mis oídos.

Y cuando canto, mis vecinos ya no escuchan mis canciones.

Y cuando camino solo por la calle, ya nadie me mira. Sólo en sueños oigo voces que dicen compadecidas: "Mirad: allí yace el hombre al que se le murió su Tristeza".

 

 

 

 



Présentation
MIS LECTURAS

En una lejana montaña vivían dos ermitaños que rendían culto a Dios y que se amaban uno al otro.
Los dos ermitaños poseían una escudilla de barro que constituía su única posesión.
Un día, un espíritu malo entró en el corazón del ermitaño más viejo, el cual fue a ver al más joven.
-Hace ya mucho tiempo que hemos vivido juntos -le dijo-. Ha llegado la hora de separarnos. Por tanto, dividamos nuestras posesiones.
Al oírlo, el ermitaño más joven se entristeció.
-Hermano mío -dijo-, me causa pesar que tengas que dejarme. Pero si es necesario que te marches, que así sea. Y fue por la escudilla de barro, y se la dio a su compañero, diciéndole
-No podemos repartirla, hermano; que sea para ti.
-No acepto tu caridad -replicó el otro-. No tomaré sino lo que me pertenece. Debemos partirla.
El joven razonó:
-Si rompemos la escudilla, ¿de qué nos servirá a ti o a mí? Si te parece, propongo que la juguemos a suerte.
Pero el ermitaño persistió en su empeño.
-Sólo tomaré lo que en justicia me corresponde, y no confiaré la escudilla ni mis derechos a la suerte. Debe partirse la escudilla.
El ermitaño más joven, viendo que no salían razones, dijo:
-Está bien: si tal es tu deseo, y si te niegas a aceptar la escudilla, rompámosla y repartámosla.
Y entonces el rostro del ermitaño más viejo se descompuso de ira, y gritó:
- ¡Ah, maldito_ cobarde! no te atreves a pelear, ¿eh?


Hubo una vez un hombre rico muy orgulloso de su bodega y del vino que allí había; y también había una vasija con vino añejo guardada para alguna ocasión sólo conocida por él.
El gobernador del estado llegó a visitarlo, y aquél, luego de pensar, se dijo: "Esa vasija no se abrirá por un simple gobernador".
Y un obispo de la diócesis lo visitó, pero él dijo para sí: "No, no destaparé la vasija. Él no apreciará su valor, ni el aroma regodeará su olfato".
El príncipe del reino llegó y almorzó con él. Mas éste pensó: "Mi vino es demasiado majestuoso para un simple príncipe".
Y aún el día en que su propio sobrino se desposara, se dijo: "No, esa vasija no debe ser traída para estos invitados".
Y los años pasaron, y él murió siendo ya viejo, y fue enterrado como cualquier semilla o bellota.
El día después de su entierro tanto la antigua vasija de vino como las otras fueron repartidas entre los habitantes del vecindario. Y ninguno notó su antigüedad.
Para ellos, todo lo que se vierte en una copa es solamente vino



Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una.

Sólo es inmensamente rico aquel que sabe limitar sus deseos.

Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piense como yo.

El que revela el secreto de otros pasa por traidor; el que revela el propio secreto pasa por imbécil.


El amor propio, al igual que el mecanismo de reproducción del genero humano, es necesario, nos causa placer y debemos ocultarlo.

Una colección de pensamientos debe ser una farmacia donde se encuentra remedio a todos los males.

Azar es una palabra vacía de sentido, nada puede existir sin causa.

Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás.

Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.

Todo les sale bien a las personas de carácter dulce y alegre.


Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere.

La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso, hay que salvarla como sea.

Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.

Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano.

En un beso, sabrás todo lo que he callado.

No olvides nunca que el primer beso no se da con la boca, sino con los ojos.


Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando.
La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.

El amor es: el dolor de vivir lejos del ser amado.

El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.

Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes
.
Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única.

El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto.


Los verdaderos amigos se tienen que enfadar de vez en cuando.

Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo.

Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender.

La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante.

Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción.


Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama.

La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad.


El más difícil no es el primer beso sino el último

Lo que hoy siente tu corazón, mañana lo entenderá tu cabeza.

La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros.

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.

Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él.

Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.

La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón?

Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.

El verdadero amigo es aquel que a pesar de saber como eres te quiere.

Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad.


La primera vez que me engañes, será culpa tuya; la segunda vez, la culpa será mía.

Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación.

El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona.

La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.

El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.

Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón.

Amistad que acaba no había comenzado.

Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla

Si te caes siete veces, levántate ocho.

Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar.

Quien bien te quiere te hará llorar.

El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.

Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos.

Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor.

El verdadero amigo es aquél que está a tu lado cuando preferiría estar en otra parte.

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

Los amigos son como la sangre, cuando se está herido acuden sin que se los llame.

Un hombre de noble corazón irá muy lejos, guiado por la palabra gentil de una mujer.

Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.

La memoria es como el mal amigo; cuando más falta te hace, te falla.

No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer.

Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos.

Tómate tiempo en escoger un amigo, pero sé más lento aún en cambiarlo.

Un corazón es una riqueza que no se vende ni se compra, pero que se regala.

El que no tiene celos no está enamorado.

Antes de poner en duda el buen juicio de tu mujer, fíjate con quien se ha casado ella.
El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él.

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.

Los hombres engañan más que las mujeres; las mujeres, mejor.

El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarlo, se sabe el valor que tiene.

La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes.

El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice.

No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti todo lo que soy.

Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado.

Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano.

Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame.


" A las mujeres les gustan los hombres callados porque se creen que las están escuchando”.

"La clave de la eficacia es el orden"

"La Fama es vapor, la popularidad un accidente y el dinero tiene ...


"LO POSIBLE YA SE HIZO LO IMPOSIBLE ESTA EN TUS MANOS"

"MAS VALE TRIUNFAR HONRADAMENTE QUE DEBIDO A UN FRAUDE"

Al vencer sin obstáculos se triunfa sin gloria.

Caigo y me levanto con mas fuerza

Citadme diciendo que me han citado mal.

Cuando llegue la prosperidad no la uses toda

cuida lo que tienes y no te preocupes por lo que no tienes

De postre tenemos merengue (El negro quiere bailar)

Dios concede la victoria a la constancia


Hubo una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales. Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varias ramitas."Son mágicas, y serán aún más mágicas si sabes usarlas" El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen uso.
Al volver a casa, encontró una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía caminar."Dame algo, por favor", le dijo. El conejito no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dió a la oveja. Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia. El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba una de las ramitas.
Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dió a él.
En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó al conejito ¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le cortó diciendo ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas?. ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho!
Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, ¡¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!
Y el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos




Sopo era un gigante enorme, el más grande que haya habido nunca. Podía beberse un río hasta dejarlo seco, o tomar como ensalada todo un bosque. Y sin duda, su golosina preferida eran las nubes del cielo, frescas y esponjosas, de las que llegaba a comerse tantas que casi siempre acababa empachado, con tales dolores de barriga que terminaba por llorar, provocando entonces grandes riadas e inundaciones.
Sopo vivía tranquilo y a su aire, sin miedo de nada ni nadie, yendo y viniendo por donde quería. Pero a pesar de eso no era feliz: no tenía ni un sólo amigo. Y es que cada vez que el gigante visitaba un país, todo eran problemas: con las nubes que comía Sopo desaparecían las lluvias para los campos, y con sus empachos y sus llantos todo se inundaba, por no hablar de todos los bosques y granjas que llegaba a vaciar... En fin, que al verle todos huían aterrados, y nunca consiguió Sopo compartir un ratito con nadie.
Una noche, al verle llorar, varias estrellas se acercaron a preguntarle la razón de su tristeza. Al escuchar su historia, comentaron:
- Pobre gigante. No sabe buscar amigos. Pues la Tierra es el planeta más especial que existe, y está lleno de amigos de todas las clases.
- Pero, ¿dónde se pueden buscar amigos? ¿cómo se hace eso? - replicó el gigante.
- Echándoles una mano o haciendo cualquier cosa por ellos. Eso es lo que hacen los amigos, ¿es que no lo sabes? - repondieron divertidas
- Vaya- suspiró Sopo- pues no se me ocurre nada. ¿Vosotras qué hicisteis para conseguir amigos?
- Aprendimos a mostrar el camino en la noche y servimos de guía a muchos navegantes. Son unos amigos estupendos, que nos cuentan historias y nos hacen compañía cada noche.
Así., el gigante y las estrellas siguieron charlando un rato, y durante los días siguientes Sopo no pensó en otra cosa que no fuera en encontrar una forma de buscar amigos. Pero no veía el modo de conseguirlo. Algunos días después, fue a pedirle ayuda a la Luna. Ésta, vieja y sabia, le respondió:
- No sabrás cómo hacer algo por alguien hasta que le conozcas bien. ¿Qué sabes de esos que quieres que sean tus amigos?
Sopo se quedó pensativo, porque realmente apenas sabía nada de los hombres. Eran tan pequeños que nunca se había preocupado.
Entonces se propuso averiguarlo todo, y dedicó largos días a observar las diminutas vidas de la gente. Y así fue como descubrió por qué todos huían al verle, y se enteró de las sequías que provocaba con sus comilonas de nubes, y de las inundaciones que provocaban sus llantos, y de mil cosas más que le llenaron de pena y alegría.
Aquella noche, el gigante corrió a saludar a las estrellas.
- Ya sé cómo buscaré amigos.... ¡¡comiendo y llorando!!
Y así fue. Desde aquel día, Sopo vigilaba los cielos, y allí donde se preparaban enormes tormentas, se deba un buen atracón de nubes; y luego marchaba a llorar un rato allá donde veía que faltaba el agua. En muy poco tiempo, Sopo pasó de ser lo peor que le podia ocurrirle a un país, a convertirse en una bendición para todo el mundo, y ya nunca faltó un buen amigo que quisiera dedicarle un ratito, escucharle o hacerle un favor.

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