Como era ya una
costumbre, la anciana EUSTAQUIA se recostó sobre sus mugrosos harapos y sucios
cartones; su cuerpo despedía un olor a sobaco de puerco, sus uñas lucían largas
y llenas de suciedad, sus cabellos parece que nunca habían conocido peine
alguno en tanto, sus pies descansaban sobre un par de rotosas sandalias.
La vieja
Eustaquia, se había apoderado del portón de la capilla de CATILLUC allí; solía
estirar la mano pidiendo limosna a los gentes que entraban y salían de la casa
de Dios.
Muchas veces,
hasta se había perdido la cuenta, el padre NICASIO ARESTEGUI, solía compartir
sus alimentos con la pobre mendiga … además, nunca faltaba alguien que se le
ablandaba el corazón y le depositaba en su aceitoso posillo alguna migaja o
porción de comida.
La anciana, no
podía mantenerse de pie ni siquiera un segundo; pues, una terrible enfermedad
le había atacado a sus debiluchos huesos, por lo que solo vivía arrastrándose
por el suelo como culebra… algunos lugareños, recuerdan que cuando EUSTAQUIA
recién pisó este pueblo, todavía podía caminar aunque con mucha dificultad.
Las noches para
la pobre anciana, eran inclementes y hasta peligrosas, porque aparte de
soportar la intemperie y la terrible friolera, tenía que defender a punta de
bastonazos su escasa ración de comida, para que no lo devoren los perros
callejeros que solían deambular agrupados en cuadrillas.
Nadie tenía o
daba referencias de la vida de la mugrosa anciana y cuando algunas gentes
pasaban por su lado, se referían de ella a voz baja.
Del viento será
su hija esta pobre vieja o quizás será hija del sol o quizás de la luna… el
curita, había insistido tantas veces en preguntarle.
¿De qué lugar
has venido hija del Señor?
¿Tienes algún
familiar hermana mía?
¿Quiénes te han
traído a este pueblo? ¿Por qué no contestas nada?
Ante estas
preguntas, solamente se descolgaban algunas lágrimas de los ojos de la anciana…
por eso, al franciscano no le quedó otra cosa que renunciar a su persistente
interrogatorio.
Una helada
mañana del mes de marzo, un gran alboroto se cernió en todo el poblado de
CATILLUC, era “Domingo de Ramos” y cuando los creyentes fueron llegando a la
capilla para escuchar el sermón de semana santa, se dieron con la sorpresa de
que el cuerpo haraposo de la mendiga EUSTAQUIA estaba gélido e inmóvil, su cara
lucía pálida, abierta estaba su boca y su piojosa cabellera descansaba sobre el
codo de su brazo derecho y el tic – tac de su corazón, se había paralizado para
siempre.
Sus pies estaban
tiesos y helados, como los chungos del río LANCHI en eso…. el sonido de las
centenarias bisagras del portón, anunciaron la presencia del curita del pueblo.
¡Buenos días
hermanos! ¿Por qué tanto alboroto… Eh?
Diosito lindo lo
ha recogido padrecito a esta pobre anciana respondieron en coro…. el religioso,
apuró sus pasos y tocó el cuerpo mugriento de la anciana… luego de un breve
silencio, elevó sus plegarias al cielo a fin que esta alma bendita sea recibida
con agrado por el TAYTA CRISTO… seguidamente el religioso despojándose de su
Rosario y se la colocó al cuello de la fallecida.
CONSTANZA
QUISPE, era una ricachona muy caritativa del lugar… ella, se encargó de
amortajar el cadáver de la pobre difunta, con algunos vestidos que ya no las
utilizaba… en esas circunstancias, sus manos se toparon con unos papeles sucios
y amarillentos en los harapos de la fallecida y la medida que sus ojos iban
desnudando el secreto de sus escritos, sus incredulidad y su perplejidad iban
aumentando como la espuma de leche.
Se trataba de un
testamento de herencia que la mendiga EUSTAQUIA, dejaba a favor de la capilla
de CATILLUC y su deseo era que el padre NICASIO construya una casa asilo para
albergar a los niños, discapacitados y ancianos desprotegidos de todos estos
lugares.
Al enterarse de
todos estos acontecimientos, el religioso convocó a todas las gentes
importantes de las comarcas aledañas, para ponerles al tanto de toditos los
deseos de la mendiga.
A la hora del
entierro, una gran multitud de lugareños acompaño al féretro de la anciana;
asistieron chicos y grandes pobres y ricachones… hasta el mismito cielo lloró
ese día por EUSTAQUIA, las faldas del apu “COSHPOY” se cubrieron de neblina en
señal de duelo, la quebrada de LIRCAY enmudeció sus bramidos y los larguirucho
eucaliptos y los frondosos capulies se mostraron reverentes ante el ataud de la
difunta a su paso rumbo al cementerio.
Una de esas
nubladas mañanas, las mano tosca de un desconocido toco la puerta del
sacerdote.
Tun Tun Tun Tun…
¿Usted es el padre Nicasio?
- ¡Si
hermano!... ¿Qué cosas te traen por aquí?
- Hace unos
días, me enterado que la mendiga que diariamente estaba en la puerta de la
capilla ya es fallecida.
- ¡Así es
hermano de Dios!... dime, ¿Tú lo has conocido a esa pobre anciana?
- ¡Si padrecito!
Ella es la que me crió desde que yo era muy wambra; sucede que cuando me
comprometí con mi esposa, esta empezó a humillarla y despreciarla en todo momento
… cierto día tomé la decisión de traerlo a este pueblo en donde lo abandoné a
su desdichada suerte.
- ¿Me estás
diciendo que esa anciana abandonada, es que te ha criao desde muy niño?
- ¡Si señor
curita!... mi desalmada esposa ha sido la culpable de que yo la abandonará…
pero el cielo ya me ha castigao lo suficiente padrecito; pues sus latigazos han
sido muy fuertes y justicieros señor curita. Hace ya un año, mi mujer se ha
marchao dicen que un ricachón de una comarca vecina; pero antes de viajar ha vendido
todos nuestros terrenos y pertenencias… incluso, hasta nuestros guishas
(ovejas) ahora ya tienen nuevo dueño, felizmente, todavía mis fuerzas no son
ingratas conmigo; pero, que será de mí, cuando estas me abandonen y yo no tenga
a nadies a quien acudir.
Tendrás que
hacer mucha penitencia hombre desalmado, si quieres que el cielo te perdone, de
lo contrario; serás achicharrado en el infierno por el patriarca del pecado
junto a las demás almas condenadas.
Ante estas
advertencias, el forastero dio media vuelta y con la mirada fijada al suelo,
lentamente se fue perdiendo por la callecita angosta y empedrada del poblado,
acusado por la voz del religioso y por la reprimenda constante de su
conciencia.
De la muerte de
EUSTAQUIA, han pasado ya varios años, hasta el curita NICASIO también ya es
difunto… los deseos humanitarios de la mendiga, se han cumplido al pie de la
letra… hoy en día, los ancianos y las personas desprotegidas ya tienen una
vieja casona donde podrán pasar sin apuros, sus últimos años de vida,
protegidos por la bendición omnipresente de la anciana EUSTAQUIA.
En esta casona,
la solidaridad y el amor al prójimo es permanente y todos los que habitan en
este lugar, siempre tienen algo que llevar a la boca y en los terrenos de este
asilo las cosechas son una bendición… el desgrane de maíz, el secado de chuño
(papa secada a baja temperatura) y los montones de mashuas y ollucos cada año,
van en aumento.
A unas cuantas
cuadras de la capilla, está ubicado el pequeño campo santo… allí existe, una sepultura
en donde el prendido de velas, los ramos de flores y las oraciones y responsos
son constantes … se acercan a nosotros un grupo de lugareños y nos dicen que
esta es la tumba de la mendiga EUSTAQUIA y cuando preguntamos el porqué las
gentes acuden diariamente a esta tumba, las respuestas surgen de inmediato.
La EUSTAQUITA, es muy milagrosa afirma
una mujer de apariencia humilde… yo le rogué para que mis animalitos no sigan
muriendo con la peste roja (carbunco), desde entonces; dejaron de morirse. Y en
la actualidad mis corrales están abarrotaditos de guishas (ovejas) y hasta
melliceras me han salió algunas de ellas.
A su turno, un
hombre cincuentón, poniéndose de pie nos manifiesta:
Mis tierras casi
ya no producían nada; a veces, la cosecha no alcanzaba, ni para comer, hasta
que un día he hice una misa a nuestra mamacha EUSTAQUIA desde entonces, mis
graneros y payancas (tinajas) están llenitas de maíz y cebada y las moras y
plenachos de mis linderos lucen tapaditos de chiuches y por-poros (fruta agridulce
de las punas).
Seguidamente,
una mujer que dice llamarse Rosalía nos confiesa:
Mi Wambrita
Shulca (último hijo) siempre paraba enfermándose, parecía que taitita San Pedro
ya me lo iba a quitar; pero, lo pasé una vela por todo su cuerpecito luego,
vine a prenderlo a esta tumba de la EUSTAQUITA y los dolores de mi wambrita
desaparecieron por completo.
Y así, casi
todos los lugareños de CATILLUC, le deben algún milagrito a la mendiga
EUSTAQUIA, por eso, es que ya le han pedio mediante un memorial al señor
obispo, para que autorice que la fotografía de esta mendiga sea venerada en los
altares de la capilla.
A paso lento, me
voy alejando del camposanto y cada vez que dirijo la mirada hacia atrás, diviso
que continúan llegando los lugareños con sus velas y cirios en las manos, esta
veneración popular, se ha ido incrementando paulatinamente dado que su fama de
milagrosa se va extendiendo por todas las comarcas y poblados de la zona.
Mientras los
chalacos tiene a su Sarita Colonia, los huarasinos a su María Josepha y los
Chinchanos a su beata Melchorita, los habitantes de CATILLUC tienen a su
mendiga EUSTAQUIA como su santa protectora; incluso, están dispuestos a tocar
las puertas si es posible hasta del mismo Papa, con el fin que esta anciana
milagrosa sea velada en todas capillas de todos los poblados.
De Osias Lingán,
(hijastro de EUSTAQUIA) sabemos que tuvo un triste y macabro final… quienes la
conocieron de cerca nos han contado, que cuando las fuerzas lo abandonaron y la
vejez le cayó encima terminó compartiendo los desperdicios con los cerdos en
unos basurales de la zona… cierto día, unos lugareños que pasaban por allí
fueron alertados por los olores malolientes que provenían de estos basurales;
sigilosamente fueron acercándose y sus ojos se toparon con una bandada de
buitres y shingos (gallinazos), justo en el momento en que se disputaban las
últimas carroñas del pestilente cuerpo de OSIAS, con una jauría de perros
vagabundos y salvajes.
Así, terminó la
vida de este desalmado hombre, que cometió una acción tremendamente inhumana y
malévola en contra de la pobre anciana EUSTAQUIA, al abandonarla a su suerte en
un poblado desconocido.
Por eso, los
tribunales divinos sentenciaron a OSIAS LINGAN, de una manera cruel, frutal,
implacable, horrorosa e inarrenable… es que, los magistrados celestiales, jamás
otorgan amnistía o impunidad alguna a las gentes perversas y malvadas, que
suelen desafiar y desatacar intrusamente al decálogo salvítico de Taita
Cristito.
La cama
primorosamente tendida, la ventana abierta deja entrar el fresco de la mañana. Sobre
la cómoda lugar de recuerdos; fotos, estampas, objetos que como al descuido
hablan de presencias.En la mesa de luz, un despertador que monotonamente y sin
fallar anuncia el paso de las horas.
Las paredes y
sus pósters, las sillas con ropa, los rincones del cuarto dejan entreveer una
juventud recién estrenada, dónde la adolescencia marca aún sus preferencias.
El pequeño
escritorio repleto de libros, con las hojas rotas, algunos tan deteriorados,
sin poder reconocerlos... solo esta nota rompe la armonía.
¿Cuantos años
han pasado? ¿15? ¿20?, no, ¡26 años!, el 13 de junio de 1978 parece tan cercano
y tan lejano a la vez. Aquella noche, en las que las mal llamadas “fuerzas del
orden” irrumpieron en esa habitación para llevarlo a declarar.
La historia en
el país, ha continuado, pero en esta familia se ha detenido. En la mesa su
lugar es respetado, el plato, los cubiertos, la servilleta, descansan en ella
cada día y al terminar el almuerzo o la cena, como en un ritual, ocupan su
espacio en el armario. ¿Cómo explicar a su madre que ya ha pasado mucho tiempo
y es inútil esperarlo por las noches? ¿Cómo decirle a su padre que alguien
puede usar la Vespa
del garaje porque su hijo no volverá para pasear en ella?.
¿Cómo decirle a
sus hermanos que no guarden rencor al hermano ausente, cuyo recuerdo les quitó
la niñez, la adolescencia, la juventud y cambió para siempre los afectos
familiares?
Han pasado tanto
en estos años!!!... Al principio las idas y vueltas a la comisaría, a la
jefatura, al Ministerio... los recorridos interminables por los hospitales...
las experiencias traumáticas en la morgue frente a decenas de cuerpos mutilados...
Los vecinos...
algunos preocupados, solícitos al dolor ajeno; otros que cerraban su su casa a
cal y canto para no mezclarse con los subersivos. Las llamadas anónimas que se
sucedían sin encontrar al responsable, la sensación de que continuamente
estaban tras de ellos con ojos invisibles buscando la oportunidad de darles
caza.
Las visitas
inesperadas de la policía buscando indicios, huellas incriminatorias; la
presión en la escuela a los más pequeños que los obligaba a deambular año a año
por diferentes centros educativos.
Desde aquella
noche fue inútil todo esfuerzo propio o ajeno por recuperar la alegría...la
familia se encerró en un mutismo tal que la fue alejando de su vida social.
No más salidas
el fin de semana, no más cumpleaños de familiares o amigos, no más fiestas en
el barrio, NO, NO, esa palabra comenzó a ser
cotidiana para Gabriela y Andrés, los más pequeños, y han visto derrumbarse por
arte de magia su vida.
Lucía y Juan han
envejecido mucho y luego de estos 26 años no quedan más lágrimas, más fuerzas,
más motivos para la lucha. En este tiempo se han hecho autómatas que repiten
gestos aprendidos y sin sentido... tener el mate pronto en las tardecitas de
invierno, respetar el sillón favorito de mimbre junto a la tele, limpiar fotos,
trofeos, recuerdos del ausente.
Fernando no está
físicamente, es un desaparecido; pero su presencia-ausencia aún duele y sangra
en el dolor de los que quedaron. Hasta ahora no han podido llorar su muerte,
porque no es reconocida oficialmente como tal; no han podido visitar su tumba
para alivianar frente a ella el sufrimiento por no tenerlo cerca; sus restos si
es que existen no les pertenecen.
Y hoy a tantos
años de ese 13 de junio del 78, el gobierno de turno anuncia a viva voz por
todos los medios de prensa la apertura de nuevas investigaciones sobre los
restos de los detenidos-desaparecidos durante la dictadura.
Historiadores,
antropólogos, forenses, expertos en genética, médicos, políticos y tantos más
se han sumado en esta tarea; se quiere buscar la verdad, saber, indagar,
acusar, hacer justicia, llegar a las últimas consecuencias...
Y frente a este
nuevo proceso iniciado en el país, en la casa de Lucía y Juan, todo sigue
igual, las noticias se oyen en la vieja radio sin ser “escuchadas” en su verdadera
dimensión, ¿qué de nuevo podrán aportar a esta familia?.
Gabriela
vagabundea desde hace tiempo sin rumbo por diferentes trabajos, sin hallar “el
lugar”, el ambiente y las personas que la ayuden a encontrarse con lo mejor de
sí misma y vivir feliz.
Andrés, con su
adicción a las drogas y al alcohol, ha pasado ya por varios centros de
rehabilitación, que no han logrado sacar fuera, la rabia y represión contenida
de este hombre.
Juan y Lucía,
aún se encuentran frente al televisor compartiendo el mate de cada tarde, y sin
cruzar palabras que los delate, alimentan en el silencio la espera; mientras de
vez en cuando, movido por las corrientes de aire que a veces se cuelan en la
casa, el sillón hamaca de mimbre que está en el rincón tiene pequeños movimientos
y crujen las maderas...
Y en un rincón
olvidado del batallón militar, cubierto por pasto, tierra y una capa de cemento
que lo hacen irreconocibles y ha carcomido los huesos, descansan los restos de
Fernando, también esperando, esperando dar a luz parte de una historia que
nunca se debe olvidar.
Despertó
asustada buscando, más que con sus manos, con su alma el cuerpo de Fernandito,
le había costado dormirlo por la tos.
La puerta se
había abierto con el viento, cómo le pegaba la soledad cuando se despertaba en
la madrugada creyendo que había vuelto…
No pudo volver a
conciliar el sueño, prendió una vela a la virgen de los ángeles y se sentó en
la hamaca a meditar con profunda tristeza: la vida, más bien las
circunstancias, le habían arrebatado la paz. Es que apenas habían pasado diez
meses y no sabía si resignarse al recuerdo o mantener la esperanza.
Conoció a
Ricardo siendo apenas una chiquilla, pero desde la primera vez que lo miró a
los ojos se sintió mujer, fue en una fiesta patronal donde los presentaron, él
era de aspecto maduro para su edad, moreno, de cejas pronunciadas y sus brazos
dejaban notar el sin fin de laderas que había volcado con la pala, Dulce lo
flechó con su sonrisa y con sus ojos que no necesitaban de palabras.
Maduraron las
caricias y la moral se desbarató un día dejando a Dulce embarazada. Unos meses
atrás la noticia hubiera sido una bomba pero, para asombro de ambos, nadie le
prestó mayor importancia.
Por esos días
habían llegado unos extranjeros gordinflones a negociar con la gente del
pueblo, ofrecían cambiar fincas por casas y empleos en la ciudad, empleos de
mierda, pero muchos se la creyeron, abandonando cultivos, trabajo digno y monte
por un poco de suerte.
Ricardo le
insistió a su padre que se quedaran, se enojaron, su madre tuvo que intervenir
para que aquello no terminara en golpes, pero nada pudo hacer para que el
cerrado de su esposo cayera en cuenta. La pareja de viejos se fue con un montón
de familias que se creían pobres a convertirse en pobres de verdad.
El problema en
el pueblo surgió meses después, cuando el monocultivo de los gordinflones
empezó a afectar a los que se quedaron. Los comerciantes prefirieron los
precios bajos de éstos, dejando al resto comiéndose sus papas o trabajando para
los misters por salarios de limosna.
Ricardo empezó
un alboroto, tomó primero la opinión del sacerdote, quien le aseguró que
organizarse para defender a su gente no era ningún pecado. Se reunió con los
vecinos dispuestos a reclamar. Poco duró la iniciativa, rapidito llegaron
amenazas anónimas de acabar con quienes buscaran derechos. La mayoría dejó de
asistir a los encuentros que se convirtieron en furtivos.
La mañana de la
desaparición Dulce le besó la frente y mientras lo persignaba le dijo con
ternura: “Ricardo, hoy cumple un año Fernandito, llegue temprano pa' que comamos
juntos”. Qué iba a saber él que no volvería, le asintió mientras le apretaba la
sonrisa con un beso.
Dos hombres, ambos muy enfermos,
ocupaban la misma sala de hospital. Uno de ellos estaba sentado en su cama
durante una hora cada tarde para ayudar a drenar los fluidos de sus pulmones. Su
cama estaba al lado de la ventana del dormitorio. El otro hombre tenía que
pasar sus días acostado sobre su espalda. Los dos hombres hablaban durante horas.
Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus
hogares, sus trabajos, su participación en el servicio militar y donde habían
estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre en la cama junto a la
ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su compañero de
habitación todo lo que podía ver hacia afuera. El hombre de la otra cama empezó
a vivir esas horas, donde su mundo ensanchaba y cobraba vida con todas las
actividades y el color del mundo exterior.
En el dormitorio, la ventana daba a un
parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua mientras los
niños jugaban con sus cometas,. Los
jóvenes enamorados paseaban cogidos del brazo en medio de flores de todos los
colores del arco iris. viejos árboles adornaban el paisaje y se podía ver fuera
de la ciudad para salir. A medida que el hombre de la ventana describía todo
estos detalles, el hombre al otro lado de la habitación cerraba los ojos e
imaginar la escena pintoresca. Una tarde calurosa, el hombre de la ventana
describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír la
orquesta, se podía ver a través de los ojos de su imaginación, su compañero era
tan vívidamente. Pasaron días y semanas. Una mañana, la hora del baño, la
enfermera encontró el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, murió
pacíficamente mientras dormía. Entristecido, llamó a los ayudantes del hospital
para llevarse el cuerpo.
Tan pronto como sintió que había
llegado el momento, el otro hombre preguntó si podía ser trasladado cerca de la
ventana. La enfermera estaba feliz de darle este pequeño favor, se aseguró de
que estuviera cómodo, lo dejó solo. Poco a poco, dolorosamente, el paciente se
levantó un poco, apoyándose en un codo para que lo fuera el primer vistazo. Por
último, estaría feliz de ver por sí mismo lo que su amigo había descrito. Se
esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana junto a la cama. Ahora lo
único que vio fue ... una pared! El hombre preguntó a la enfermera por qué su
compañero muerto para describíauna la
realidad tan maravillosa. La enfermera respondió que el hombre era ciego y no
podía ver ni la pared.
"Tal vez sólo quería animarle a usted." Comentó ella.
Epílogo... Hay una tremenda felicidad el hacer
felices a los demás, a pesar de nuestras propias situaciones. El dolor
compartido es la mitad de la pena, pero la felicidad cuando se comparte, es
doble.
El día de hoy es un regalo, por eso se llama presente.
El día de hoy es un regalo, por eso se llama presente.
Consejos
de DON QUIJOTE a SANCHO al ir éste a GOBERNAR su ÍNSULA.
Dispuesto,
pues, el corazón a creer lo que te he dicho, está. ¡Oh, hijo!, atento a este tu
Catón, que quiere aconsejarte, y ser norte y guía que te encamine y saque a
seguro puerto de este mar proceloso donde vas a engolfarte; que los oficios y
grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones.
Primeramente, ¡oh, hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la
sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.
Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti
mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte
saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si
esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de
haber guardado puercos en tu tierra.
Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que
vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a
correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio. Innumerables
son aquellos que de baja estirpe nacidos han subido a la suma dignidad
pontificia o imperatoria; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos,
que te cansaran.
Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos
virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y
señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale
por sí sola lo que la sangre no vale.
Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu
ínsula alguno de tus parientes, no lo deseches ni le afrentes, antes lo has de
acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que
nadie le desprecie de lo que él hizo, y corresponderás a lo que debes a la
naturaleza bien concertada.
Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida, con los
ignorantes que presumen de agudos.
Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las
informaciones del rico.
Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, por
entre los sollozos e importunidades del pobre.
Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la
ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del
compasivo.
Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino
con el de la misericordia.
Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo tuyo, aparta las
mientes de tu injuria, y ponlas en la verdad del caso.
No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella
hicieres, las más veces serán sin remedio, y si le tuviere, será a costa de tu
crédito y aún de tu hacienda.
Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus
lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo
que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus
suspiros.
Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al
desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.
Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable,
sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y, en todo cuanto
fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y
clemente; porque aunque los tributos de Dios todos son iguales, más resplandece
y campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justicia.
Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu
fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible; casarás tus
hijos como quieres; títulos tendrán ellos y tus nietos; vivirás en paz y
beneplácito de las gentes, y, en los últimos pasos de la vida, te alcanzará el
de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y
delicadas manos de tus terceros netezuelos."
Otras frases celebres de Don Quijote
- “Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro. Todas
estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el
tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni
el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el
bien está ya cerca.”
- “¿Saltear de caminos llamáis al dar libertad a los encadenados, soltar los
presos, correr a los miserables, alzar los caídos, remediar los menesterosos?”
- “¡Majadero! -dijo a esta sazón don Quijote-, a los caballeros andantes no les
toca ni atañe averiguar si los afligidos, encadenados y opresos que encuentran
por los caminos van de aquella manera, o están en aquella angustia, por sus
culpas o por sus gracias; sólo le toca ayudarles como a menesterosos, poniendo
los ojos en sus penas y no en sus bellaquerías.”
- “Que la virtud más es perseguida de los malos que amada de los buenos.”
- “La mentira es mejor cuanto más parece verdadera, y tanto más agrada cuanto
tiene más de lo dudoso y posible.”
- “Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero
si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias.”
- “La pluma es lengua del alma: cuales fueren los conceptos que en ella se
engendraren, tales serán sus escritos.”
- “¡Oh fuerza de la adulación, a cuánto te extiendes, y cuán dilatados límites
son los de tu jurisdicción agradable!”
- “Bien predica quien bien vive -respondió Sancho-, y yo no sé de otras
teologías. “ - “Todo esto digo, ¡oh Sancho!, para que no atribuyas a tus
merecimientos la merced recibida, sino que des gracias al cielo, que dispone
suavemente las cosas.”
- “Es como quien mira los tapices flamencos por el revés, que, aunque se ven
las figuras, están llenas de hilos que las oscurecen, y no se ven con la lisura
y tez de la haz.”
Y que en buen saco caigan estas cuatro citas, una para cada lector... y bueno
está, “porque de la prolijidad se suele engendrar el fastidio”. Pascual Falces de Binéfar
Los griegos han recogido el saber de los egipcios, se puede encontrar íntegramente en la tradición griega. Pero nos es muy difícil en la actualidad establecer las correspondencias entre los símbolos y las imágenes de ambas tradiciones. Además, aunque podemos entender la lengua egipcia, es decir los textos escritos en jeroglíficos en las tumbas y monumentos, no tenemos, sin embargo, la llave de las vocales, o sea, de su pronunciación.
La mayoría de los filósofos griegos fueron a instruirse con los sacerdotes egipcios. Citemos por ejemplo, a Orfeo, Homero (1), Thales, Solón, Pitágoras, Demócrito, Herodoto, Platón, Eudoxio de Cnide (2), el Hermes griego, Plotino, Jámblico, Proclo y a Plutarco.
Este último nos interesa particularmente porque nos dejó un tratado entero dedicado a la ciencia sagrada de los egipcios(3), explicándonos el sentido de sus principales figuras e imágenes.
Era gran sacerdote de Apolo e iniciado en los misterios de Dionisio; estaba muy atraído por Egipto, así como sus maestros preferidos, Pitágoras y Platón. Allí tuvo contacto con los sacerdotes de Osiris.
Este historiador y filósofo griego vivió en Queronea del año 45 al 125 después de J.C. Mario Meunier, en el prefacio de su traducción De Isis y Osiris de Plutarco (4), afirma: «Todos los egiptólogos están de acuerdo en este punto: Plutarco se apoya en documentos puramente egipcios; no hay duda -dicen- de que Plutarco esté bien informado en cuanto a la religión egipcia».
El tratado, que nos proponemos resumir en este artículo, constituye uno de los mejores y más completos testimonios antiguos sobre los misterios egipcios y el mito de Isis y Osiris.
Desde el principio, Plutarco nos avisa de que las prescripciones o prohibiciones, las imágenes o fábulas no deben ser tomadas al pie de la letra, pues no son más que símbolos que sirven para elevarnos al conocimiento verdadero de los dioses: «Por ello, tantas veces como oigas lo que la mitología egipcia relata sobre los dioses: que anduvieron errantes, que fueron desmembrados, que sufrieron innumerables tormentos; tendrás que recordar lo que hemos dicho, sin creer que todo ello sucediera de la manera como se cuenta». (5)
Toda la mitología de los egipcios y de sus misterios están centrados en el mito de Osiris; su vida, su pasión, muerte y resurrección.
Según Plutarco, de la diosa del Cielo, Rea, NUIT o NEIT para los egipcios, nacieron cinco dioses:
-OSIRIS, hijo de Ra, el Sol.
-ARUERIS, llamado Horus el viejo, hijo de Ra.
-TIFÓN o SET, el enemigo, dios de la sequedad, hijo de Geb (Cronos para los griegos) dios de la Tierra.
-ISIS, hija de Thot (Hermes para los griegos).
-NEFITIS (Afrodita para los griegos, hija de Geb).
Antes de relatar la historia de Osiris el autor nos explica el sentido de algunos de estos nombres.
Isis (6) es la diosa sabia y amiga de la Sabiduría; su nombre parece proceder de un verbo antiguo isemi: saber.
Tifón, su enemigo, deriva de otro verbo tufein: cegar. Está cegado por el humo de la ignorancia y del error, y no procura más que destrozar y empeñar la Palabra Sagrada, representada por Osiris. Pero la diosa Isis sabe reunirla, mantenerla en orden y transmitirla a los iniciados que se consagran al culto de su divinidad. El Ser primero y soberano vive y reside con ella.
Por otra parte, el nombre mismo del templo de la diosa indica que encierra el conocimiento de la ciencia del Ser que Es: se llama Iseión, es decir: la casa en la que se puede adquirir la ciencia del Ser; además, el jeroglífico egipcio que forma la palabra Isis sirve para escribir la palabra morada, residencia, sede. Plutarco dice que Isis vive y cohabita con el Ser primero. Isis es la sede y el receptáculo de la generación.
Isis es quien revela las cosas divinas.
Según este autor, parece ser que la diosa griega Atenea corresponde a la Isis egipcia. Tenía un templo en la ciudad egipcia de Sais; era la esposa de Osiris y sobre su estatua (se llamaba también Nuit o Neit) se podía leer esta inscripción:«Soy todo lo que ha sido, todo lo que es y todo lo que será, y mi velo no ha sido nunca levantado por ningún mortal; el fruto que he engendrado ha sido el Sol».
Por otra parte, el nombre propio de Zeus en lengua egipcia es Amún, nombre que los egipcios han alterado pronunciándolo Ammón. Amún, según Manetón, quiere decir: cosa oculta, o acción de ocultar.
La raíz Amn parece significar también: ‘crear'. Los egipcios lo llamaban también Amún Ra, dios solar, este dios se confundió finalmente con Osiris y representa el fuego oculto difundido en la naturaleza (7).
El mito de Osiris
Lo resumimos en sus puntos esenciales.
Osiris tuvo por mujer a Isis, Nefitis era esposa de Tifón. Osiris reinó en Egipto, estableció sus leyes, enseñó al pueblo a cultivar el trigo y la viña y la elaboración del vino; recorría la tierra y atraía a los hombres por la persuasión y, también, seduciéndoles mediante sus cantos y su música. (Orfeo encantaba a las fieras con su lira). Plutarco afirma que Osiris es el mismo dios que Dionisio o Baco en Grecia.
Cuando Osiris regresó de su viaje, Tifón, su enemigo, con la ayuda de setenta y dos cómplices, le hizo caer en una emboscada y lo encerró en un cofre, el cual fue arrojado al río, que lo llevó hasta el mar.
Estos acontecimientos ocurrieron, según se cuenta, el día 17 del mes de atir (octubre-noviembre, signo de Escorpión), en el vigésimo año del reinado de Osiris.
Isis se vistió de luto y buscó el cofre, acompañada por el dios Anubis (8), hijo de Osiris y Nefitis. Lo encontró parado al pie de un tamarisco en el territorio de Biblos, ciudad Fenicia, célebre por su culto a Adonis, dios que, como Osiris, moría para resucitar.
Después de varios acontecimientos, Isis trajo de nuevo a Egipto el cuerpo de su esposo, dejándolo en un lugar retirado. Tifón lo encontró y lo cortó en catorce pedazos que dispersó en todas direcciones. Isis se puso a buscarlos y cada vez que encontraba un trozo del cuerpo de Osiris, elevaba una tumba, esto dice la leyenda, a fin de que Tifón permaneciera en la ignorancia de la verdadera tumba de Osiris. La única parte de su cuerpo que Isis no pudo encontrar fue el miembro viril, al cual ordenó honrar en los templos (9).
Horus (10), hijo de Osiris y de Isis luchó contra Tifón, que fue capturado finalmente. Isis no lo mató; al contrario, lo dejó en libertad después de castrarle (11).
Plutarco termina la narración del mito osiriano, diciendo que es la imagen de una cierta verdad, que se manifiesta por medio de los múltiples símbolos, ritos y cultos que suscita. Existía, por ejemplo, la costumbre de cortar leña en la ceremonia celebrada durante una fiesta en honor de Isis; consistía en cortar un pino, quitándole el corazón y sustituirlo en una estatua de Osiris, hecha de la misma madera.
En una colección de dichos de Cristo, llamada Logía agrafa, es decir, palabras que la tradición nos conservó, pero que no están en los libros canónicos, encontramos esta frase: «Parte el leño y allí estoy». El símbolo del Árbol de Navidad parece proceder de Egipto y, sobre todo, el del leño de la Nochebuena: en los países del Norte, al pie del Árbol de Navidad se pone un niño Jesús acostado en un leño, vaciado en forma de cuna. De esto procede la costumbre de comer, en esta ocasión, un pastel en forma de leño.
Antes de empezar la interpretación profunda del mito, Plutarco explica el sentido de la palabra Amentit que significa: ‘el que recibe y da'. Parece corresponder al Hades de los griegos, la morada de las sombras, y al Sheol hebreo. Es la región donde van los muertos siguiendo la puesta del sol en dirección al Norte (12). Según Maspero (13) en medio de esta región se situaban lis jardines de Ialu, lugar de fertilidad inagotable donde las almas de los justos quedaban protegidas: el Jardín de Edén. El Amentit, como el Hades, es quien recibe a los espíritus y, también quien les entrega la recompensa (14).
Osiris, dice Plutarco, representa el Nilo, porque es el principio y la potencia de todo lo que es húmedo, la causa de toda generación y de la sustancia de todo germen. Osiris se une Isis o la tierra.
Tifón, en cambio, está representado por el mar, a causa de la sal que contiene. Es, pues, el principio de todo lo que es desecación, de todo lo que es ardiente, en una palabra, de todo lo que es hostil al húmedo generador.
Tifón es de color rojizo. Osiris, de color marrón oscuro. El buey Apis o Mnevis es de color negro, así como la tierra de Egipto, llamada chemia: ‘tierra negra'.
Dionisio (15), el soberano señor de la naturaleza húmeda, es llamado ués húmedo y, Plutarco añade, este dios griego no es otro que Osiris que los egipcios pronuncian Hysirus, de la misma raíz que ués.
En cuanto a la identidad entre Osiris y Dionisio, Plutarco dice que los misterios de Dionisio son los mismos que los de Osiris. Diodoro de Sicilia afirma lo mismo y añade que Isis es la misma que Demeter o Ceres.
El junco estaba consagrado a Osiris, representando el principio húmedo y de generación. Era un emblema fálico. Dios es, en efecto, el principio multiplicador de todo y dice Plutarco: «Tenemos costumbre de representar la multiplicación por el número tres; por ejemplo: Tres veces feliz».
En cuanto a la narración del mito que dice que Tifón arrojó al río el miembro viril de Osiris, al que Isis no pudo encontrar pero que ordenó honrarlo, esta narración significa que la potencia fecundadora y reproductora de Dios encontró su primer elemento en lo húmedo, por medio del cual se comunica a todo lo que es por naturaleza capaz de engendrar.
Además, un historiador griego cuenta que Dionisio era también llamado por los egipcios: Arsafés, palabra que significa energía viril; era un dios-carnero, un dios-aries, indicando la fuerza generativa que actúa, sobre todo, a partir del equinoccio de primavera. El dios Aries de los egipcios representa, pues, el espíritu generador de Amún-Ra-Sol, Osiris, Zeus para los griegos, que se manifiesta particularmente en primavera.
Puesto que la crecida del Nilo baja en el mes de noviembre, es decir, en el mes de atir (16), tercer mes del año egipcio, los egipcios dicen que es en este momento cuando Osiris muere y desaparece (17).
Los egipcios decían que Osiris vivió veintiocho años, número que corresponde a los días de la luna. El desmembramiento de Osiris en catorce trozos está relacionado con los días de la luna menguante. Cabe observar con más detalle esta relación entre Osiris y la Luna (o Isis): Plutarco nos dice que los egipcios celebraban una fiesta llamada «la entrada de Osiris en la Luna»; se celebraba al principio de la primavera, en el mes de famenot, séptimo mes (finales de febrero y marzo); era la fiesta de la luna llena de primavera, cuya aparición coincide con el despertar de las fuerzas de la Naturaleza. Observemos que en el ciclo litúrgico cristiano, la fiesta de Pascua de Resurrección se ha fijado en el domingo siguiente a la luna llena de primavera. Así pues, Plutarco dice que los egipcios, colocando en la luna la potencia de Osiris, quieren enseñar que este dios se une con Isis, la fuerza productora. Por esto, llaman a Isis «la Madre del Mundo» y le atribuyen una naturaleza a la vez varonil y femenina, puesto que fecundada y preñada por el sol, emite a su vez y siembra en los aires principios generadores (18). Hemos visto que el jeroglífico que sirve para escribir Isis, significa también ‘sede, morada, residencia' y podría ser en este sentido que los cabalistas hebreos dijeran:«Mucha gente quiere ver al Rey, pero olvidan preguntar, primero, dónde está la casa del Rey».
Nefitis, esposa de Tifón, tuvo relaciones con Osiris y engendró de éste a Anubis; Isis reconoció a este niño. En efecto, Nefitis representa lo que está debajo de la tierra, lo que no se ve. Isis, al contrario, lo que está sobre la tierra, lo que se ve. Así pues, Anubis es llamado «horizonte», porque es común a los dos; es, a la vez, subterráneo y celeste.
De todo lo que ha sido expuesto hasta ahora resulta, dice Plutarco, que si bien cada una de estas explicaciones en particular no es exacta, en su conjunto, sí se les considera como justas. En efecto, no son las sequías causadas por el calor, el viento, el mar salado o las tinieblas los que representan a Tifón, sino, más bien, todo lo que la naturaleza contiene de nocivo y destructor.
Más adelante, Plutarco nos habla del problema del mal y dice que existe una doctrina sobre ello que procede de la más remota antigüedad. Se encuentra en todas las tradiciones, en los ritos iniciáticos tanto de los bárbaros como de los griegos.
Esta doctrina enseña que el bien y el mal están mezclados y que no existe nada de lo que produce la naturaleza que esté exento de esta mezcla. Todo nos viene de dos principios opuestos, de dos fuerzas contrarias. Es la mezcla inherente a la vida. Si nada se hace sin causa, es necesario que haya en la naturaleza, tal y como ocurre con el bien, un principio particular que cause el mal.
Después de hablar de la doctrina del mago Zoroastro que vivió dice, cinco mil años antes de la guerra de Troya, Plutarco vuelve a la teología egipcia, en la que dos principios opuestos están representados por Osiris y por Tifón. La lucha de ambos termina con la derrota del principio del mal y la victoria de Horus, u Osiris resucitado.
Osiris representa todo lo que es y se hace de excelente.
Tifón, por el contrario, es todo lo que hay de apasionado, de no razonable, todo lo que hay de perecedero y de nocivo en el cuerpo y en el espíritu del Universo.
Otro nombre de Tifón es Set, que significa: fuerza opresiva o vuelco; también se llama Bebon, que significa: ‘obstáculo, impedimento'.
El asno para los egipcios simboliza a Tifón; es de color rojizo como la arena y la roca árida del desierto. También el hipopótamo y el cocodrilo representan a Tifón. En los sacrificios que se hacen en el séptimo día del mes de tibi, día llamado «el Regreso de Osiris», se modela en galletas la figura de un hipopótamo encadenado; para significar la sujeción del principio del mal.
El mes de tibi, el quinto mes, corresponde a finales de diciembre y a enero. El regreso de Osiris o su Epifanía se sitúa en el momento del año que el sol empieza a crecer, o sea, en el solsticio de invierno. Es precisamente en esta misma época cuando los cristianos celebran la Navidad y la Epifanía, palabra que significa: ‘manifestación, aparición, visión'. Aparición del niño Jesús o del niño Osiris-Horus. Observemos que el asno está presente en el Pesebre, pero en este caso está pacificado (19). El asno, como el hipopótamo, es un símbolo de Tifón, el principio del mal, que parece indispensable para la manifestación de la divinidad. Si la presencia de Tifón o el asno, los dioses no pueden manifestarse sobre la tierra. Así se explica la lucha entre Osiris-Isis-Horus por una parte, y Tifón por otra, lucha que terminó con la derrota de Tifón que no fue muerto, sino solamente castrado. Su fuerza nociva le fue quitada, de este modo se convirtió en el buen asno que lleva a los dioses. El Señor se manifiesta sobre un asno. (20) El asno es, pues, el lazo, el vínculo de la Palabra, del Verbo, necesario para que éste se condense. En hebreo la palabra que significa asno quiere decir también: soporte, asiento y al mismo tiempo estúpido. El Zohar dice lo siguiente: «Se puede esclavizar al asno (o sea, al diablo) con el nombre sagrado Shaddaï y por esto la Escritura dice que el Mesías viene montando un asno » (21).
En el tratado de Saint-Baque de Bufor, titulado la Concordancia Físico-Mito-Cábala-Hermética (22), leemos lo siguiente:
«La materia del Arte sacerdotal es un limo compuesto de tierra y agua, o sea, de dos substancias, una fija y otra volátil. Los sacerdotes egipcios personificaron estas dos sustancias; llamaron a Osiris o fuego oculto: el principio activo, seco, cálido y masculino: en cambio, llamaron a Isis el principio pasivo, frío, húmedo y femenino. Añadieron un tercer principio, al que llamaron Tifón, considerado como el hermano uterino porque las sustancias homogéneas, radicales y celestes que representan a Isis y Osiris deben al cielo su origen, y, en cambio, los espíritus heterogéneos, impuros, accidentales y terrestres significados por Tifón, son los vapores de la tierra, que en la ficción se supone que es la madre común. Así pues, aunque la teología egipcia considere a Tifón execrable, es preciso observar que sin él, Isis y Osiris no pueden ser congelados ni vueltos sensibles; de modo que es debido a esta deidad impura que los Sabios pueden conocer su Primera Materia, la cual, sin esta causa de condensación, permanecería invisible, tal como está en el aire».
Plutarco continúa sus explicaciones diciendo que Osiris está representado por un ojo y un cetro, significando respectivamente la previsión y la potencia. Otro símbolo de Osiris es el gavilán.
La luna o Isis era denominada la«Madre del Mundo» porque desprende en el aire los principios fundamentales que recibió del Sol. Isis es, pues, la naturaleza considerada como mujer y apta para recibir toda generación. Es en este sentido que Platón la llama «nodriza y la que contiene todo». La mayoría de autores la llaman «Diosa de los innumerables nombres», porque recibe toda clase de formas y apariencias. Apuleyo, en su obra llamada Las Metamorfosis o el Asno de Oro llama a Isis «Reina del Cielo» y cuando se manifiesta al protagonista llamado Lucius, le dice:
«Soy la naturaleza, la madre de las cosas, dueña de todos los elementos, origen y principio de los siglos, divinidad suprema, reina de los manes, o espíritus de los muertos, primera entre los habitantes del cielo, prototipo uniforme de los dioses y diosas. Soy yo, cuya voluntad gobierna las bóvedas luminosas del cielo, los soplos saludables del océano, el silencio lúgubre de los infiernos. Potestad única, soy, por el universo entero, adorada bajo diversas formas, con ceremonias diversas, bajo mil nombres diferentes. Los frigios, primeros nacidos sobre la tierra, me llaman Diosa de Pesimonte y madre de los dioses; los Atenienses me denominan Minerva Cecropiana, soy Venus de Pafos para los habitantes de Chipre; Diana Dictina en Creta, Proserpina en Sicilia donde se hablan tres idiomas; soy Ceres, la antigua divinidad, para los habitantes de Eleusis; Juno para unos, Bellona para otros; Hécate para estos, Ramnusia para aquellos. Pero en los que están iluminados primero por los divinos rayos del Sol naciente, los pueblos de Etiopía, de Aria y los Egipcios, poderosos por su saber antigüo, son los únicos que me honran con el culto que me es propio; sólo ellos me llaman por mi verdadero nombre, a saber, La reina Isis». (23)
Plutarco continúa: Isis tiene un amor innato por el primer principio, que ejerce un poder supremo sobre todas las cosas; lo quiere y lo persigue, pero huye y rechaza toda participación con el principio del mal. Se ofrece al primero y se alegra en su unión con él, para difundir y propagar después los gérmenes productores.
Toda generación es, en efecto, una imagen en la materia de la sustancia fecundante. No es un despropósito si los egipcios afirman, en su mitología, que el alma de Osiris es eterna e incorruptible, que su cuerpo es a menudo desmembrado y escondido por Tifón, y que Isis yerra, lo busca y, finalmente, consigue reconstituirlo. Es el cuerpo de Osiris personificado por Horus. Hablando en términos cristianos, Osiris representaría al Padre, Horus al hijo, e Isis al Espíritu Santo en su aspecto fecundador y vivificador.
Así pues, la naturaleza más perfecta y divina, se compone de tres principios que son: La Inteligencia, la Materia y el producto de su unión: el mundo organizado y perfecto.
Parece probable, según Plutarco, que los egipcios hayan considerado el triángulo rectángulo como el más hermoso de los triángulos, comparándolo con la naturaleza del universo.
El lado del ángulo recto representa al elemento masculino, el padre; la base, al femenino, la madre, y la hipotenusa el engendrado, el hijo. Son Osiris, Isis y Horus, como resultado de su unión: 3 es el primer número impar y perfecto; cuatro es el cuadrado del primer número par, y el cinco, compuesto de 2 y de 3, procede a la vez de su padre y de su madre.
Cinco, en griego pente, deriva de la palabra panta: universo. Además cinco al cuadrado da el número de las letras del alfabeto egipcio.
Los egipcios tenían también la costumbre de denominar a Horus con la palabra min, que significa: ‘visto', porque el mundo perfecto que representa, es sensible y visible.
Así pues, cabe subrayar que, según Plutarco, la realización osiriana es sensible y esta es la marca de la autenticidad de toda tradición original: la regeneración del hombre caído no es solamente espiritual sino sensible, tangible. El paralelismo con el cristianismo es sorprendente, ya que la realización crística es también sensible. Además, si la encarnación y la resurrección de Osiris se producen mediante la acción de Isis, su madre, esposa y hermana, también para los cristianos el misterio de Cristo no puede separarse del misterio virginal y marial.
En cuanto a Isis, los egipcios la llaman a veces Mut y a veces Atiri o Hator, lo que significa, respectivamente, ‘madre' y ‘habitación terrestre' de Horus.
Hay que pensar que la diosa Isis participa siempre en la vida del Dios supremo y permanece siempre unida a él por el amor que siente por los bienes que emanan de él, y nunca se le resiste. La diosa desea siempre con ardor a su esposo y quiere llenarse de sus esencias más puras.
Así, cuando Tifón ataca las últimas emanaciones de este dios y se apodera de ellas, se dice entonces que Isis se entristece. Busca lo que queda de Osiris y lo recoge en los pliegues de su vestido; entonces, esconde los trozos con cuidado, a fin de reproducirlos en un nuevo nacimiento, de que resurjan en su seno.
Efectivamente, las manifestaciones y las emanaciones de Osiris que brillan en el cielo y en los astros, se conservan en un estado permanente; pero las que están diseminadas en los elementos sujetos a modificaciones, en la tierra, en el mar, en las plantas y en los animales, se disuelven todas, se sepultan, para reaparecer a la luz y manifestarse en un nuevo nacimiento.
Es lo que enseña la mitología cuando cuenta que Tifón fue el esposo de Nefitis y que Osiris tuvo relaciones secretas con ella. En efecto, los últimos estados de la materia llamados Nefitis o Teleute, están, más que ninguna otra cosa, sometidos al principio destructor o Tifón. El principio conservador y fecundo, Osiris, no esparce más que gérmenes débiles a los que Tifón sofoca, salvo los que Isis recoge, salva, alimenta y reconstituye.
Plutarco nos da la etimología de la palabra Dios en griego, Teos, formado de dos palabras: teatos y teón significando respectivamente: ‘contemplado' y ‘que corre' (24).
Según Plutarco, el nombre de Isis procede de dos palabras: Movimiento y Ciencia. Y el nombre de Osiris está formado también de dos palabras: osios: ‘santo' y ieros: ‘sagrado'. Existe pues una relación entre las cosas que se encuentran en el cielo y las que están en el Hades; los antiguos denominaban santas las cosas del cielo y sagradas las de la tierra. Esto es Osiris (25). Observemos que la palabra ieros en griego, significa también ‘templo consagrado a los dioses', pero significa además ‘el hueso sacro'situado en la base de la columna vertebral.
Plutarco condena la teoría que consiste en ver en Osiris, únicamente, un antiguo dios de la vegetación. De hecho, su condena se dirige a los que toman el símbolo por la cosa significada, a los que piensan que Osiris es el grano de trigo o los brotes nuevos de la vegetación, por ejemplo:
«Los diversos nombres y los ritos sirven de símbolos, los unos más oscuros, los otros más claros para aquellos que se dedican a los estudios sagrados. Estos símbolos les conducen, no sin algunos peligros, ala inteligencia de las cosas divinas. Efectivamente, algunos de entre ellos, tomando el mal camino, caen del todo en la superstición; pero otros huyendo de esta superstición como de una marisma llena de barro, han caído, sin darse cuenta, en el ateísmo como en un precipicio»
En otro tratado, Plutarco nos da esta explicación del más puro monoteísmo:
«La divinidad no puede ser múltiple, ella llena la eternidad de un ahora que no acaba nunca. La mejor manera de nombrar a Dios y saludarle, es el adoptar esta fórmula de algunos antiguos: Tú eres uno; pero es preciso añadir necesariamente: que lo que es, sea uno y que lo que es uno, sea. Los egipcios llamaban a la divinidad: El uno que es único y que no tiene segundo» (26).
Esto nos recuerda las profesiones de fe de las grandes religiones llamadas monoteístas: Judaísmo, Cristianismo, Islam. No es de extrañar, si pensamos que proceden de Egipto. Pero no nos fiemos de la aparente simplicidad de la afirmación monoteísta, ya que si fuese tan evidente para los fieles no les sería necesario repetirla cada día. En realidad se trata de un problema muy profundo: la unidad divina se ha perdido para el hombre caído y su reintegración, su regeneración, consiste precisamente en reunir al Osiris de abajo con el Osiris de arriba. Los hebreos enseñan que el nombre de Adonai se ha dividido en dos por el hecho de la transgresión adámica. Los justos son aquellos que reunifican el nombre de Dios. Es lo que dice Zacarías XIV, 9: «Es este día el Señor será uno y su nombre, uno». Esta unidad sólo se puede conocer experimentalmente; es el resultado de una realización y no, tal y como podría pensarse, de una simple fórmula dogmática y especulativa.
Tal como lo hemos dicho al principio de este artículo, parece cierto que Plutarco escribió en una época en que la tradición egipcia había degenerado y caído en la superstición.
Su objetivo consistía en hacer comprender que los nombres de los dioses, sus personalidades, sus cultos e imágenes, los ritos, los animales de la religión egipcia, no son más que símbolos de las cosas sagradas.
«Así pues - concluye el autor- si los Sabios más estimados, tan pronto como hubieron observado en los objetos inanimados y en las cosas inorgánicas alguna misteriosa relación con la divinidad, no creyeron deber despreciarla; con mayor razón, me parece, debieron respetar las particularidades que, en las criaturas sensibles, dotadas de vida, inclinaciones y costumbres, les presentaban, según su manera de ser, alguna analogía con el Ser divino»
A propósito de la Ciencia sagrada, un Sabio escribió esta frase que nos parece resumir el pensamiento de nuestro filósofo griego: «Las cosas dicen la Palabra, pero la Palabra no está dicha por las cosas. Las palabras dicen la Cosa, pero la Cosa no está dicha por las palabras».
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(1): Según Clemente de Alejandría, Homero era de origen egipcio.
(2): Diodoro de Sicilia afirma que Euxodio introdujo la astrología egipcia en Grecia.
(3): También Jámblico, Diodoro de Sicilia y Clemente de Alejandría nos han proporcionado datos sobre la tradición egipcia.
(4): Ver Plutarco, Los Misterios de Isis y Osiris, edit. GLOSA, Barcelona, 1976.
(5): Íbidem, §11.
(6): A propósito del jeroglífico de Isis, leer el artículo: «La Dame aux mille noms» de J. Simar, en la revista belga Le Fil d'Ariane, num.6
(7): Es curioso observar que los egipcios hayan asociado Amún que significa: ‘cosa oculta', con Ra el dios solar, que precisamente es la cosa más visible que existe en la naturaleza. He aquí lo que dice el filósofo hermético Saint-Baque de Bufor a propósito de este tema: «El fuego celeste está representado por Júpiter, Zeus en griego, y el fuego central está representado por Vulcano; los dos proceden de una misma raíz, ya que Vulcano, antes de ser precipitado sobre la tierra, estaba en los cielos. Así pues, debe concluirse que el fuego central procede del fuego vital celeste a causa de la circulación eterna que Dios ha impuesto a este último y que, por lo tanto lo que está arriba es como lo que está abajo». Al dios Amún podría corresponderle esta sentencia: «Dios, el fuego secreto que suscita los universos, que los mantiene y que los consume». De El Mensaje Reencontrado, en su dedicatoria de la primera página.
(8): Anubis: dios-perro. El que abre los caminos. Dios del crepúsculo y del horizonte, lugar donde el cielo y la tierra se mezclan. La unión del cielo y de la tierra.
(9): No solamente los egipcios, dice Diodoro de Sicilia, sino también otras muchas otras naciones, han dedicado sus misterios al órgano de la generación. De esta manera, honran al principio fecundante.
Existe una relación entre el sexo y la palabra, por ejemplo, la muda de la voz de la pubertad. Todas las tradiciones hablan en términos más o menos velados de este misterio. Los dos están en relación con la fuerza generativa del universo. Los griegos llamaban Logos a la Palabra creadora.
(10): Horus niño o Horus el joven, era llamado Harpócrates, el Sol naciente. Plutarco dice que personifica al germen que empieza a brotar. Horus representa a Osiris resucitado, después de la reunión hecha por Isis de sus miembros dispersados por Tifón.
(11): El principio del mal personificado por Tifón, no fue destruido, sino simplemente neutralizado.
(12): Referente al norte, consultar Henry Corbín: L'homme de Lumière, París, 1971, capítulo III, pág.63-83.
(13): G. Maspero, Bibliothèque Egyptologique. Etudes de Mythologie et d'Archéologie Egyptiennes. 8 Vols.
(14): Sheol en hebreo proviene de una raíz, shaal, que significa pedir. El Sheol siempre pide y nunca está saciado. En el centro de su infierno, en el lugar más profundo, Dante sitúa a Lucifer inmovilizado hasta el vientre en un lago de hielo y que devora con avidez a los habitantes de la tenebrosa morada. Virgilio, el guía que acompaña a Dante en su viaje, le permite atravesar sin daño la triste región de envidia y desolación y hallar impunemente la salida que conduce al Paraíso de los elogios, a los Jardines de Ialu de los egipcios. El Sheol, el Amentit son, pues, el norte, de donde proviene lo bueno y lo malo. La puerta del norte es la puerta cerrada. Allí se encuentra la estrella del Norte, que permite al viajero, al náufrago, orientarse, la estrella que conduce y guía a los sabios Magos a Belén; es, también, la columna de luz que iba delante del pueblo elegido en su salida de la tierra de exilio. Para ellos era luz, y al mismo tiempo, era tinieblas para los impíos e infieles. Los antiguos persas, discípulos de Zoroastro, enseñaban que la morada del Ángel de la iniciación, Sraosha, está situada al norte, en el Polo donde se encuentra la estrella Polar. Los musulmanes shiitas de Irán le llaman el «Imam escondido». Ver: H.Corbin, En Islam Iranien, vol. IV, p. 303: «Le douzième Imam et la Chevalerie Spirituelle».
(15): Del mismo modo que Osiris fue desmembrado por Tifón, reconstruido por Isis y después resucitado, también Dionisio fue desmembrado por los Titanes y devorado. Los Titanes fueron castigados por Zeus y reducidos a ceniza. Dionisio volvió a la vida gracias a la ayuda de divinidades femeninas, Athena, Rea, Demeter. El mito también dice que de las cenizas de los Titanes nacieron los hombres. Cada uno de ellos posee, en sí mismo, una parcela ínfima de Dionisio. Este Dionisio, encarcelado en el cuerpo humano y en el mundo como en una prisión, debe liberarse con la ayuda del Dionisio celeste; así, el hombre pasa de la vidas titánica, o exiliada, a la vida olímpica o única.
(16): El día diecisiete de este mes: los Pitagóricos tienen un horror absoluto y sagrado por este número, ya que separa el número cuadrado 16 y el número rectangular 18 (4x4 y 3x6).
(17): En astrología el signo de Escorpión corresponde a la casa VIII y significa la muerte y la regeneración. . El sol se debilita y es como si muriese la naturaleza. Los campesinos dicen que no se puede trasplantar un árbol, antes del día dos de Noviembre, el día de los muertos en el calendario litúrgico católico, porque solamente a partir de esta fecha se considera que la savia ya no circula en las plantas.
(18): El autor de El Mensaje Reencontrado parece hablar el mismo lenguaje cuando dice (II, 71'): «La Madre Universal que existe por Dios quien la modela a su gusto. La fecundadora del cielo. La fecundada de Dios. La fecunda de la tierra».
(19): El Mensaje Reencontrado (XL, 16): «Muchos pastores son de buena voluntad, pero han perdido la sal de la sabiduría, y los más instruidos de entre ellos ya no la conocen más que por símbolos y de oídas, sin saber en verdad de qué se trata. -Felices quienes se acuerdan de que el Señor nació en un humilde establo, muy felices quienes se encuentran su huella en este mundo y felicísimos quienes le calientan de nuevo como asnos sabios».
(20): Ed. Obelisco. Barcelona, 1986, p. 63
(21): ver la Fiesta de Ramos en la que se celebra su entrada en Jerusalén. (Mateo XXI-I, 11).
(22): Zacarías IX, 9
(23): Platón dice, que los primeros hombres que habitaron en Grecia, según parece, no conocieron otros dioses que los que todavía hoy en día son honrados en el país de los bárbaros: el sol, la luna, los astros, el cielo y la tierra. Como los veían en perpetuo movimiento y siempre corriendo, a causa de esta propiedad que manifiestan: ‘correr', tein, los llamaron Teoi: ‘dioses'.
(24): Libro XI,1.
(25): El Corán dice: «Él es Allah en los cielos y la tierra.»
(26): «Sobre la E de Delfos», en Obras Morales y de Costumbres, 393-B. Ed. AKAL; Barcelona 1987 p.159.
Traducido por Svetlana M. Belikow/ Alejandro Molokanow.
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Introducción:
"Yo estaba en una cama de terapia intensiva del hospital infantil de Seattle — cuenta Dean, adolescente de 16 años, quien tuvo una aguda insuficiencia renal. En un instante me vi parado sobre mis pies, y moviéndome con gran velocidad a lo largo de un espacio oscuro. No veía paredes alrededor mío, pero me sentía como en un túnel. No sentía viento, pero percibía que me movía con una enorme velocidad. A pesar de no entender hacia dónde me dirigía, ni para qué, sentía que al final de mi intenso vuelo, me esperaba algo muy importante y quería llegar cuanto antes a la meta.
Al final me encontré en un lugar lleno de brillante luz y noté que alguien estaba cerca de mí. Era alto, con largos cabellos dorados y vestido de blanco, ceñido con un cinturón. No hablaba, pero yo no sentía miedo, ya que irradiaban de Él gran paz y amor. Si no era Cristo, seguramente era uno de sus Ángeles." Después de esta experiencia, Dean sintió que volvió a su cuerpo y se despertó. Estas cortas pero luminosas experiencias dejaron una profunda huella en el alma de Dean. Se tornó un joven muy religioso, lo que tuvo una influencia benéfica sobre toda su familia.
Este es uno de los relatos típicos, recogidos por un médico — pediatra norteamericano, Melvin Morse y publicado en su libro, "Closer to the light" ("Hacia la luz" (7)). Él se encontró por primera vez con el caso de la muerte temporal, en el año 1982, cuando revivió a Catalina, una niña de 9 años, que se ahogó en una pileta deportiva. Catalina contó que durante su muerte ella se encontró con una "dama" muy amable que se presentó como Elizabeth — posiblemente su Ángel guardián. Elizabeth recibió muy cariñosamente el alma de Catalina y conversó con ella. Sabiendo que Catalina no estaba todavía lista para pasar al mundo espiritual, Elizabeth le permitió volver a su cuerpo. En este período de su carrera el Dr. Morse trabajaba en la ciudad de Pocatello del estado de Idaho. El relato de la niña le produjo una impresión muy fuerte, más todavía por el escepticismo que él tenía hasta entonces hacia todo lo espiritual. Él decidió estudiar profundamente qué es lo que acontece con el hombre inmediatamente después de la muerte. En el caso de Catalina, el Dr. Morse fue impresionado por su detallada descripción de lo que pasaba en el hospital y en su casa, durante su muerte clínica — como si ella hubiera estado presente allí. El Dr. Morse verificó y se convenció de la exactitud de las observaciones extracorporales de Catalina.
Después que de haber sido trasladado al hospital orto-pediátrico y luego al centro médico de Seattle, el Dr. Morse inició el estudio sistemático del proceso de la muerte. Preguntó a muchos niños que habían pasado la muerte clínica, comparaba y anotaba sus relatos. Además mantenía el contacto con sus jóvenes pacientes, a medida que éstos crecían y observaba su desarrollo intelectual y espiritual. En su libro "Hacia la luz," el Dr. Morse afirma que todos los niños que él conoció y que pasaron la muerte temporal, al crecer se mostraban creyentes, serios y moralmente más limpios que los jóvenes ordinarios. Todos ellos tomaban la experiencia pasada como una Gracia de Dios, e indicación de que se debe vivir para el bien.
Hasta hace poco, los relatos sobre la vida en el "otro mundo" aparecían sólo en la literatura religiosa especial. Las revistas laicas y los libros científicos, como regla, evitaban estos temas. La mayoría de los médicos y psiquiatras rechazaban cualquier manifestación espiritual y no creían en la existencia del alma. Pero unos 20 años atrás, en lo que parecía el pleno triunfo del materialismo, algunos médicos y psiquiatras se interesaron seriamente por el problema de la existencia del alma. El inicio del cambio se debió al libro del Dr. Raymond Moody "La vida después de la vida," que salió en 1975 y causó un gran revuelo. En este libro Dr. Moody recogió una serie de relatos de las personas que pasaron la muerte clínica. Los relatos de algunos de sus conocidos incitaron a Dr. Moody a internarse en el problema del proceso de la muerte. Cuando él comenzó a juntar datos, para su asombro vio que existían numerosas personas que durante su muerte clínica tuvieron visiones extracorporales. Ellos generalmente no las contaban para que no se burlen de ellos o no los consideren locos.
Al poco tiempo de la salida del libro de Dr. Moody, la prensa sensacionalista y la TV, ávidos de cosas sensacionales, desparramaron ampliamente sus datos. Comenzó una viva discusión sobre el tema de la vida después de la vida y hasta debates públicos sobre el tema. Entonces una serie de médicos, siquiatras, representantes de las iglesias, que se sintieron vulnerados por la invasión poco competente de sus especialidades, se pusieron a comprobar los datos y conclusiones del Dr. Moody. Fue grande el asombro de muchos de ellos, cuando se convencieron de la veracidad de las observaciones del Dr. Moody — y precisamente, en que después de la muerte, el hombre no cesa de existir, sino que su alma continúa viendo, oyendo, pensando y sintiendo.
Entre las investigaciones serias y sistemáticas del problema, hay que mencionar el libro del Dr. Michel Sabom "Recuerdos de la muerte."(5). El Dr. Sabom es profesor de medicina en la universidad de Emori y médico regular del hospital de veteranos en la ciudad de Atlanta. En su libro se pueden encontrar datos detallados y documentados y un profundo análisis sobre esta cuestión.
Es muy valiosa así mismo, la investigación del psiquiatra Kenneth Ring en el libro "La vida a la hora de la muerte."(6). El Dr. Ring confeccionó una encuesta estándar para las personas que pasaron la muerte clínica. Los nombres de otros médicos que se ocuparon del tema están en la bibliografía citada al final. Muchos de ellos comenzaban sus observaciones siendo escépticos. Pero viendo cada vez nuevos casos que comprobaban la existencia del alma, cambiaban su actitud.
En este folleto mencionaremos algunos relatos de los hombres que pasaron la muerte clínica, compararemos estos datos con la enseñanza tradicional cristiana, sobre la vida del alma en el otro mundo y haremos las conclusiones pertinentes. Más adelante en el anexo discutiremos la enseñanza teosófica sobre la reencarnación.
Qué ve el Alma
en el "Otro" Mundo
La muerte no es como muchos se la imaginan. Todos nosotros, en la hora de la muerte, tendremos que ver y vivir mucho para lo que no estamos preparados. La meta de este folleto es de ampliar y hacer más exacto nuestro entendimiento de la inevitable separación con nuestro cuerpo. Para muchos, la muerte es algo parecido a un sueño sin sueños. Uno cierra los ojos, se duerme y no hay nada más — la oscuridad. Sólo que el sueño se termina a la mañana, en cambio la muerte es para siempre. A muchos les espanta lo desconocido: "¿qué pasará conmigo?" Así tratamos de no pensar en la muerte. Pero en el fondo sentimos una vaga ansiedad y una confusa inquietud ante lo inevitable. Cada uno de nosotros tendrá que pasar esta frontera. Sería útil pensar y prepararse.
Pueden preguntar: "¿En qué pensar y a qué prepararse? No depende de nosotros. Llegará el tiempo — moriremos y eso es todo. Mientras, todavía tenemos tiempo; hay que tomar de la vida todo lo que esta pueda ofrecer: comer, beber, amar, luchar por el poder, el honor y la gloria, ganar dinero, etc. Es preciso no pensar en lo que es difícil y desagradable y en particular no permitirse pensamientos sobre la muerte." Así hace la mayoría.
Sin embargo, a cada uno de nosotros de tanto en tanto nos surgen otros pensamientos inquietantes: "¿y si no es así? ¿y si la muerte no es el fin y después de la muerte del cuerpo me encontrare inesperadamente en unas condiciones completamente nuevas, conservando la capacidad de ver, oír y sentir?" Y lo más importante: "¿y si nuestro futuro detrás de este umbral, en alguna medida, depende de cómo hemos vivido nuestra vida, de cómo éramos antes de cruzar la frontera de la muerte?"
De la comparación de numerosos relatos de la gente que pasó la muerte clínica, se dibuja el cuadro siguiente de lo que ve el alma cuando se separa del cuerpo: cuando en el proceso de la muerte el hombre llega al predeterminado final de sus fuerzas, él escucha que el médico lo declara muerto. Luego, él ve a su "doble" — el cuerpo inanimado que yace allí abajo, y cómo los médicos y las enfermeras tratan de volverlo a la vida. Éstas imágenes producen en el hombre un fuerte golpe, ya que por primera vez en su vida él se ve desde afuera. Al mismo tiempo, él descubre que todas sus facultades de ver, oír, pensar, sentir, etc., continúan funcionando normalmente, pero ésta vez, independientemente de la envoltura externa. Encontrándose flotando en el aire, algo más arriba de la gente que está en el cuarto, el hombre trata por instinto de comunicarse: decir algo, tocar a alguien. Pero, pasmado, se da cuenta que está separado de todos: su voz no la oye nadie, su tacto nadie lo percibe. Con todo, lo sorprenden los sentimientos de alivio, paz, y hasta alegría que siente. No está más esa parte de su "yo" que sufría, que exigía algo, que se quejaba de algo. Percibiendo este alivio, el alma del hombre, habitualmente no quiere volver a su cuerpo.
En la mayoría de los casos de la muerte temporal, bien documentados, después de algunos momentos de observar lo que pasa, el alma vuelve a su cuerpo, y así los conocimientos sobre el otro mundo se interrumpen. Pero a veces ocurre que el alma se mueve más lejos en el mundo espiritual. A ése estado, algunos lo describen como movimiento en un túnel oscuro. Después de esto, algunas almas llegan a un mundo de gran belleza, donde ellas a veces se encuentran con sus parientes antes fallecidos. Otros arriban a un espacio de luz y se encuentran con un ser luminoso que irradia gran amor y comprensión. Unos afirman que se trata del Señor Jesucristo, otros que es un Ángel. Pero todos coinciden en que Él reboza de bondad y misericordia. Algunos, en cambio, caen en unos lugares tenebrosos e "infernales," y volviendo, describen seres repugnantes y crueles que vieron allí.
A veces el encuentro con el misterioso Ser luminoso es seguido por un "repaso" de la vida, en que el hombre comienza a recordar su pasado y evalúa moralmente todos sus actos. Después de esto, algunos ven un cerco o frontera. Ellos sienten que pasándolo no podrán volver más al mundo físico.
No todos los que pasaron la muerte temporal experimentaron todas las fases arriba mencionadas. Un porcentaje importante de hombres devueltos a la vida no puede recordar nada de lo que pasó con ellos "allí." Las etapas mencionadas las ponemos en el orden de su relativa frecuencia, comenzando por los más frecuentes y terminando por los más raros. Según los datos del Dr. Ring, aproximadamente una de cada siete personas recuerda su estadía fuera del cuerpo, haber experimentado la visión de la luz y haber hablado con el Ser luminoso.
Gracias al progreso de la medicina, la reanimación de los muertos es una práctica habitual en muchos hospitales actuales. Anteriormente, casi no se practicaba. Por eso existe alguna diferencia entre los relatos sobre el mundo de ultratumba en la literatura antigua y más tradicional y en la contemporánea. Los libros religiosos más antiguos, relatando las visiones de las almas de los muertos, cuentan lo que vieron en el paraíso o en el infierno y los encuentros en el otro mundo con los Ángeles o los demonios. Éstos relatos se pueden llamar: las descripciones del "lejano cosmos" ya que contienen las imágenes del mundo espiritual alejado de nosotros. Los relatos contemporáneos registrados por los médicos-reanimadores, al contrario, describen las imágenes del "cercano cosmos" — las primeras impresiones del alma apenas salida del cuerpo. Ellas son interesantes ya que complementan a las primeras y nos permiten entender mas plenamente lo que nos espera a cada uno de nosotros. De la posición media se ocupa el relato de K. Ikskul publicada por el Arzobispo Nikon en las "Hojas de la Trinidad" en 1916, bajo el título "Improbable para muchos pero acontecimiento real" y que incluye ambos mundos: el cercano y el lejano. En 1959 el monasterio de la Santísima Trinidad reeditó esta descripción como un folleto separado. Lo citamos aquí abreviado. Este relato cubre los elementos de la literatura más antigua y contemporánea sobre el mundo de ultratumba.
K. Ikskul era un típico joven intelectual de la Rusia prerevolucionaria. Fue bautizado en su infancia y creció en un medio ortodoxo. Pero como era costumbre entonces entre los intelectuales, consideraba a la religión con indiferencia. A veces concurría a la iglesia, remarcaba las fiestas de Navidad y Pascua y hasta comulgaba una vez al año, pero muchas cosas en la religión ortodoxa las consideraba como anticuadas supersticiones, entre ellas sus enseñanzas sobre la vida después de la muerte. Él estaba seguro de que con la muerte la vida humana terminaba.
Una vez enfermó de neumonía. Estuvo mucho tiempo enfermo, empeoró y fue internado en un hospital. No creía que se acercaba la muerte, esperaba sanar y seguir con sus ocupaciones habituales. Una mañana, de repente se sintió completamente bien, la tos cesó y la fiebre bajó hasta lo normal. Pensó que por fin mejoraba. Pero para su asombro, los medicos se inquietaron, hasta trajeron oxígeno. Después, — sintió escalofríos y total indiferencia hacia todo lo que le rodeaba. Él relata:
"Toda mi atención se centró en mí mismo y como en un desdoblamiento... apareció un hombre interno (principal) que sentía una total indiferencia hacia el externo (el cuerpo) y hacia todo que pasaba con él... Era sorprendente ver y oír todo y al mismo tiempo sentirse ajeno a todo. El médico me pregunta, yo escucho, entiendo, pero no contesto; no tengo porqué hablar con él... De repente me sentí arrastrado con terrible fuerza hacia abajo, hacia la tierra. Me agité. "Agonía," dijo el médico. Yo entendía todo, no me asusté. Recordé que leí que la muerte es dolorosa, pero no sentía dolor. Pero sentía pesadez. Me sentía atraído hacia abajo, sentía que algo debe separarse... Hice un esfuerzo para liberarme y de repente me sentí liviano y en paz.
Lo que sigue lo recuerdo muy claramente. Estoy parado en el medio del cuarto. A mi derecha, en semicírculo, estaban parados los médicos y las enfermeras rodeando la cama. Me extrañé: ¿qué hacen allí si yo estoy aquí? Me acerqué para ver. Sobre la cama estaba acostado yo. Viendo a mi doble, no me asusté; sólo me extrañé. ¿Cómo es posible? Quise tocarme, mi mano pasó a través como en el vacío y tampoco pude tocar a los otros. No sentía el piso. Llamé al médico pero él no reaccionó. Entendí que estaba completamente solo y sentí pánico.
Miré a mi cuerpo y pensé: ¿habré muerto? Pero esto era difícil de imaginar; yo estaba más vivo que antes, sentía y comprendía todo... Después de un tiempo los médicos se fueron del cuarto. Dos paramédicos hablaban de las peripecias de mi enfermedad y muerte, la enfermera se dirigió al ícono, se persignó, y en voz alta pronunció para mí el habitual deseo: "Que tenga el Reino de los Cielos y la paz eterna." Apenas dijo ella estas palabras, a mi lado aparecieron dos Ángeles. En uno reconocí a mi Ángel de la guarda, al otro no lo conocía. Tomándome de las manos, ellos me llevaron a la calle, directamente a través de la pared. Anochecía, nevaba de una manera muy calma. Yo lo veía pero no percibía el frío ni el cambio de temperatura. Comenzamos a subir rápidamente." Más adelante continuaremos nuestro relato de K. Ikskul.
Gracias a nuevas investigaciones en el campo de la reanimación y comparando gran cantidad de relatos de los hombres que pasaron por la muerte clínica, se puede reconstruir un cuadro bastante detallado de lo que experimenta el alma después de su separación del cuerpo. Por supuesto, cada caso tiene características individuales, que faltan en otros. Y esto es naturalmente de esperarse, ya que el alma cuando llega al otro mundo, ella — como un recién nacido — tiene la vista y el oído no totalmente desarrollados. Por eso las primeras impresiones de los hombres que "emergen" en el otro mundo, tienen un carácter sumamente subjetivo. Sin embargo, en su totalidad se crea un cuadro bastante completo aunque no siempre totalmente comprensible.
Notemos los momentos más relevantes de la experiencia del otro mundo, extraídos de los libros contemporáneos sobre la vida después de la muerte.
1. La visión del doble.
Al morir, el hombre no inmediatamente se percata del hecho. Y sólo después de ver a su doble yaciendo inanimado allá abajo y cuando se convence que no puede comunicarse, se da cuenta que su alma salió del cuerpo. A veces, en caso de un accidente, cuando la separación con el cuerpo es instantánea e inesperada, el alma no reconoce su cuerpo y piensa que ve a otra persona, parecida. La visión del doble y la imposibilidad de comunicarse crean un fuerte golpe en el alma, ella no está segura de si es realidad o es sueño.
2. Conciencia ininterrumpida.
Todos los que pasaron la muerte temporal atestiguan que conservaron plenamente su "yo" junto con las capacidades intelectuales, sensitivas y volitivas. Más todavía, notaron que la vista y el oído se agudizan, el pensamiento es más nítido y extraordinariamente enérgico, y la memoria se aclara. Personas que perdieron algunas de sus facultades, a causa de la enfermedad o de la edad, sienten que las recuperaron. El hombre comprende que puede ver, oír, pensar, etc., sin órganos corporales. Es notable que un ciego de nacimiento, al salir de su cuerpo, vio todo lo que hacían los médicos y las enfermeras con su cuerpo y luego contó con todo detalle lo que pasaba en el hospital. Al volver a su cuerpo volvió a ser ciego. A los médicos y psiquiatras que identifican las funciones del pensamiento y sentir con los procesos químico-eléctricos del cerebro, les sería útil tomar en cuenta estos datos actuales reunidos por los médicos-reanimadores, para entender correctamente la naturaleza del hombre.
3. Alivio.
Habitualmente la muerte está precedida por la enfermedad y los sufrimientos. Al salir del cuerpo, el alma se alegra de no sentir más el dolor, la presión, la asfixia, en cambio percibir que el pensamiento trabaja claramente y los sentidos están apaciguados. El hombre se identifica con su alma, su cuerpo le parece como algo secundario y ya innecesario, así como todo lo material. "Yo salgo y mi cuerpo es una funda vacía" explicaba un hombre que pasó la muerte temporal. Él miraba la operación de su corazón, en curso, como un "observador ajeno." Los intentos de reanimar a su cuerpo no le interesaban en absoluto. Aparentemente él mentalmente se despidió de la vida terrenal y estaba listo para comenzar una nueva vida. Sin embargo le quedaba el amor a sus parientes y la preocupación por sus hijos.
Hay que hacer notar que no se producen cambios importantes en el carácter del individuo. El hombre queda como estaba. "El concepto de que dejando el cuerpo al alma, enseguida sabe y entiende todo, es erróneo. Yo llegué a este nuevo mundo, tal como salí del viejo" — relataba K. Ikskul.
4. El túnel y la luz.
Después de ver a su cuerpo y lo que lo rodea, algunos pasan a otro mundo puramente espiritual. Hay casos que obviando o no notando la primera fase, llegan directamente a la segunda. El pasaje al mundo espiritual, algunos lo describen como viaje por un espacio oscuro que recuerda a un túnel. Al final de ese túnel llegan a una lugar de luz supraterrenal. Existe un cuadro del siglo XV de Jerónimo Bosh, "Ascensión al Empiriano," que representa algo semejante al pasaje del alma por el túnel. Posiblemente ya entonces esto era conocido por algunos.
He aquí dos descripciones contemporáneas de este estado: "Escuché que los médicos me declararon muerto, mientras yo estaba como si nadara en un espacio oscuro. No tengo palabras para describir ese estado. Alrededor estaba completamente oscuro, y sólo en la lejanía se veía luz. Esta era muy intensa, a pesar de que al principio parecía pequeña. A medida que me acercaba a ella, aumentaba. Me dirigía rápidamente hacia ella y sentía que irradiaba bondad. Siendo cristiano recordé las palabras de Cristo: "Yo soy la luz del mundo." Y pensé: "Si esto es la muerte, sé Quién me espera allí" (1, pág. 62).
"Sabía que me estaba muriendo," relata otro hombre; "y nada podía hacer para avisar, ya que nadie me oía... Me encontraba fuera de mi cuerpo — esto es seguro, ya que veía mi cuerpo allá sobre la mesa del quirófano. Mi alma salió del cuerpo. Por eso me sentía perdido, luego apareció esta luz tan especial. Primero era algo débil, luego emitió un rayo muy fuerte. Sentía el calor de esta luz, que cubría todo, pero no me impedía ver el quirófano, los médicos y las enfermeras y todo lo demás. Primero, no entendía qué pasaba, pero luego, una voz desde ésta luz me preguntó si estaba listo para morirme. Hablaba como un hombre, pero no había nadie. Preguntaba precisamente la Luz... Ahora entiendo que Ella sabía que no estaba listo todavía para la muerte, pero era como si me estuviera examinando. Desde el momento en que la Luz comenzó a hablar me sentí muy bien; me sentía fuera de peligro, y que Ella me amaba. El amor que irradiaba la Luz era inimaginable e indescriptible (1, pág. 63).
Todos, los que la han visto y trataron de describirla, no encontraron palabras adecuadas para hacerlo. La Luz era distinta de la que habían conocido aquí. "Esto no era simplemente luz, sino la plena y perfecta ausencia de tiniebla alguna. Ésta Luz no daba sombras, no se la veía, pero estaba en todas partes y el alma permanecía en la Luz (5, pág. 66). La mayoría describe ésta Luz como un Ser moralmente bueno, y no como si se tratara de una energía impersonal. Los que son creyentes, la consideran un Ángel, o hasta el mismo Jesucristo. En todo caso, Alguien que trae la paz y el amor. Cuando se encontraban con la Luz, no oían palabras separadas en un idioma específico, sino que hablaba con ellos por medio del pensamiento. Y todo era tan claro, que esconderle algo era totalmente imposible.
5. El examen y el juicio.
Algunas personas que han pasado la muerte temporal, describen una suerte de examen de la vida llevada por ellos en esta tierra. A veces este examen se producía durante la visión de la Luz extraterrenal, cuando el hombre oía la pregunta: "¿Qué has hecho de bueno?" El hombre comprendía que el que preguntaba no lo hacía para saber, sino para impulsar al hombre a que recuerde su vida. Inmediatamente después de la pregunta, ante los ojos espirituales del hombre, pasaban las imágenes de su vida terrenal, comenzando por su primera infancia y en forma de una serie de imágenes rápidamente cambiantes de los episodios de la vida, donde el hombre veía con toda nitidez y detalle todo lo que había pasado. Así, revivía y revalorizaba moralmente todo lo que había dicho y hecho.
Aquí tenemos uno de los típicos relatos que ilustran un proceso de esta inspección: "cuándo vino la Luz, me preguntó ¿qué hiciste en tu vida?, ¿qué puedes mostrarme? — o algo por el estilo. Y entonces comenzaron a aparecer estas imágenes. Eran claras, tridimensionales, en colores, y se movían. Delante de mí pasó toda mi vida... Aquí, yo todavía una niña pequeña, juego cerca del arroyo con mi hermana... Los acontecimientos en mi casa... la escuela... Me casé... Todo se sucedía delante de mis ojos en los mas mínimos detalles. De nuevo vivía estos sucesos. Veía casos en que fui engreída, cruel... Me avergonzaba de mí misma y deseaba que nunca hubieran ocurrido. Pero cambiar lo vivido no era posible (1, pág. 65-68).
De la reunión de los numerosos relatos de los hombres que pasaron este examen, se puede concluir que dejó en ellos una profunda y positiva huella. Realmente, durante esta inspección, el hombre es obligado a reevaluar sus actos, hacer un balance de su pasado, y de esta manera juzgarse a sí mismo. En la vida cotidiana, los hombres esconden las cualidades negativas de su carácter, como si se escondieran detrás de una máscara de virtud, para parecer mejores de lo que realmente son. La mayoría se acostumbra tanto a la hipocresía, que dejan de ver su verdadero "yo," a menudo orgulloso, pagado de sí mismo, libertino, etc. Pero en el momento de la muerte ésta máscara se cae y el hombre comienza a verse tal como es en la realidad. En particular durante el examen aparece cada uno de los actos cuidadosamente escondidos, en todos sus detalles, colores y dimensiones. Se oye cada palabra pronunciada, en forma nueva se viven los acontecimientos, hace tiempo olvidados. En este momento todas las ventajas que se conquistaron en la vida, como: situación social y económica, diplomas, títulos, etc., pierden su importancia. Lo único que se valoriza es la parte moral de las acciones. Entonces el hombre se juzga a sí mismo no sólo por lo que hizo, sino también por cómo influenció a otras personas con sus palabras y sus actos.
Así un hombre describe el examen de su vida: "Me sentí fuera de mi cuerpo, flotando por encima del edificio. Veía mi cuerpo acostado abajo. Luego fui rodeado de la Luz y en ella vi como una visión móvil que mostraba toda mi vida. Me sentí muy avergonzado ya que mucho de lo que yo consideraba normal y aprobaba, ahora veía que era malo. Todo era muy real. Sentía que una mente superior me estaba juzgando, me dirigía, y me ayudaba a ver. Más todavía, me pasmó que Ella no sólo me mostraba qué hice, sino también la repercusión que tuvieron mis actos en otros hombres. Entonces entendí que nada se borra ni pasa sin huella; todo, hasta cada pensamiento, tiene consecuencias (2, pág. 34-35).
Los dos siguientes fragmentos de relatos de hombres que experimentaron la muerte temporal, ilustran cómo el examen les enseñó a ver la vida en forma nueva. "No conté a nadie lo que experimenté en el momento de mi muerte, pero cuando volví a la vida, me movía un ardiente deseo de hacer algo bueno por los demás. Estaba muy avergonzado de mí mismo. Cuando volví decidí que me era indispensable cambiar. Estaba arrepentido, mi vida pasada no me satisfacía. Decidí comenzar una vida completamente diferente (2, pág. 25-26).
Ahora imaginemos un empedernido delincuente que durante toda su vida hizo mucho mal a otros — mentiroso, calumniador, delator, asaltante, asesino, violador, sádico. Muere y ve todas sus malas acciones en sus terribles detalles. Su conciencia, largamente dormida, bajo la influencia de la Luz, inesperadamente para él mismo, se despierta y comienza a acusarlo implacablemente. ¡Qué sufrimiento intolerable, qué desesperación debe sentir, cuando ya no puede arreglar nada, ni olvidar! Esto, en verdad, será para él el comienzo del insoportable suplicio. La conciencia de todo el mal realizado, la mutilación del alma propia y de otras ajenas, será para él, "el gusano que nunca muere" y "el fuego que no se apaga."
6. Nuevo mundo.
Algunas diferencias en las descripciones de lo vivido durante la muerte, se explican por el hecho de que aquel otro mundo no se parece al nuestro, donde nacimos y en el cual se formaron todos nuestros conceptos. En aquel mundo, el espacio, el tiempo, y los objetos tienen un contenido completamente diferente a aquellos a los cuales están acostumbrados nuestros órganos de percepción. El alma, por primera vez en el mundo espiritual siente algo semejante a lo que sentiría un gusano subterráneo al salir por primera vez a la superficie de la tierra. Él percibe la luz solar, siente el calor del sol, ve el paisaje, escucha el canto de los pájaros, huele los perfumes de las flores (haciendo la salvedad de que el gusano pueda tener todos estos órganos de percepción). Todo eso es tan nuevo y hermoso, que difícilmente sería capaz luego de contarlo tal cual a los habitantes de su reino subterráneo.
De manera similar, los hombres que se encuentran después de su muerte en el otro mundo, ven y perciben muchas cosas que no pueden luego describir. Así, por ejemplo, dejan de sentir allí la distancia tan habitual para nosotros. Algunos afirmaron que podían sin esfuerzo, sólo con pensarlo, trasladarse de un lugar a otro, independientemente de la distancia que los separaba. Así, por ejemplo, un soldado gravemente herido en Vietnam, durante la operación salió de su cuerpo y observó cómo los médicos trataban de reanimarlo. "Yo estaba allí y el médico estaba pero al mismo tiempo era como si no estuviera. Traté de tocarlo pero pasé a través de él. Entonces, de repente me encontré en el campo de batalla donde había sido herido, y vi a los enfermeros que recogían a los heridos... Quise ayudarles, pero súbitamente me encontré de nuevo en el quirófano. Parecía como si uno se materializara aquí o allá, con solo desearlo, en un abrir y cerrar de ojos" (5, pág. 33-34). Hay otros relatos semejantes de repentinos desplazamientos. "Resulta un proceso puramente mental y agradable. Lo deseo, y ya estoy allí. Yo tengo un gran problema. Lo que trato de transmitir estoy obligado a hacerlo en tres dimensiones. Pero lo que acontecía en realidad, no era tridimensional"(1, pág. 26).
Si uno pregunta al hombre que pasó la muerte clínica, cuánto tiempo duró su estado, habitualmente no puede contestar la pregunta. Él no sintió en absoluto el paso del tiempo. "Podrían haber sido unos minutos o varios miles de años, que no hay diferencia" (2, pág. 101; 5, pág. 15).
Otros, de los que pasaron la muerte temporal, aparentemente han llegado a mundos más alejados de nuestro mundo material. Ellos vieron la naturaleza de "aquel lado" y la describieron en términos de prados y colinas herbosas de un color verde tan vivo que no existe en la tierra, campos iluminados con luz dorada. Hay descripciones de flores, árboles, pájaros, animales, cantos, música, prados, jardines de inigualada belleza, ciudades... Pero ellos no encuentran las necesarias palabras para transmitir todas sus impresiones de manera que ellas sean comprendidas.
7. El aspecto del alma.
Cuando el alma deja el cuerpo, ella no se reconoce inmediatamente a sí misma. Así, desaparecen los signos de la edad: los niños se ven adultos, los ancianos jóvenes (3, pág. 75-76). Los miembros del cuerpo, por ejemplo manos o piernas, perdidos por tal o cual causa, aparecen nuevamente, los ciegos comienzan a ver.
Un operario cayó desde un cartel de propaganda comercial, sobre los cables de alta tensión. Perdió, a causa de las quemaduras, ambas piernas y parte de una mano. Durante la operación, él experimentó la muerte temporal. Al salir de su cuerpo, ni siquiera lo reconoció de inmediato, tan gravemente estaba lesionado. Sin embargo, vio algo que lo sorprendió mucho más: su cuerpo espiritual estaba completamente entero y sano (3, pág. 86).
Sobre la península Long Island, en el estado de Nueva York, vivía una anciana de 70 años, que era ciega desde los 18 años. Tuvo un ataque cardíaco, y en el hospital pasó la muerte temporal. Reanimada, ella relató qué había visto durante la reanimación. Detalladamente describió los diferentes aparatos que usaron los médicos. Lo más sorprendente del caso es que recién en ese momento vio los aparatos, ya que en su juventud, hasta su ceguera, estos aparatos todavía no existían. También le contó al doctor, que lo vio en un traje celeste. Pero reanimada, quedó ciega como era antes (3, pág. 171).
8. Encuentros.
Algunos cuentan los encuentros con sus parientes o conocidos ya muertos. Estos encuentros, a veces, se producían en las condiciones terrenales, y a veces en el entorno del otro mundo. Así, por ejemplo, una mujer que pasó la muerte temporal, oyó al médico decir a sus parientes que estaba muriendo. Habiendo salido del cuerpo y elevándose, vio a sus parientes y amigos ya muertos. Los reconoció, y ellos estaban contentos de encontrarla. Otra mujer, vio a sus parientes que la saludaban y le daban la mano. Estaban vestidos de blanco, se alegraban, y parecían felices... "y de repente me dieron la espalda y comenzaron a alejarse; mi abuela me miró, sobre el hombro, y me dijo: te veremos más tarde, no ésta vez.." "Ella murió a los 96 años, y aquí lucía, digamos, como de 40 – 45, sana y feliz" (1, Pág. 55).
Un hombre cuenta que cuando estaba moribundo por un ataque cardíaco, en el hospital, su hermana estaba moribunda al mismo tiempo por diabetes, en otra parte del mismo hospital. "Cuando salí de mi cuerpo, — relata — encontré a mi hermana, y me alegré, ya que la quería mucho. Hablando con ella, quise ir tras ella, pero ella, volviéndose hacia mí, me ordenó que volviera a donde estaba, explicándome que mi tiempo todavía no había llegado. Cuando volví en mí, le conté al médico que había estado con mi hermana, que acababa de morir. Él no me creyó, pero ante mi insistencia envió a una enfermera para que lo verificara, y supo así que mi hermana había muerto, como yo le había contado (3, pág. 173).
El alma en el otro mundo, si encuentra a alguien, es principalmente a los que le fueron cercanos. Allí, algo familiar atrae las almas una hacia la otra. Así un anciano padre vio en el otro mundo a sus seis hijos muertos. "Ellos allí no tenían edad" — cuenta él. Hay que aclarar que las almas de los muertos no andan errantes a su voluntad, por donde quieren. La Iglesia Ortodoxa enseña que después de la muerte del cuerpo, el Señor indica a cada alma el lugar de su estadía temporal, en el paraíso o en el infierno. Por esto, a los encuentros con las almas de los parientes muertos, no hay que interpretarlos como regla, sino como excepción que es permitida por el Señor para el bien de aquél a quien le toca seguir viviendo todavía en la tierra. Es posible, así mismo, que no se trate de encuentros propiamente dichos, sino de visiones. Hay que reconocer que en este tema hay mucho de inaccesible para nuestro entendimiento.
Básicamente, los relatos de los hombres que llegaron hasta "el otro lado de la cortina," hablan de lo mismo, pero con detalles diferentes. A veces, ellos ven lo que esperaban ver. Los cristianos ven a los Ángeles, a la Madre de Dios, a Jesucristo, a los santos. Los no creyentes ven templos, figuras vestidas de blanco, jóvenes, o a veces no ven nada, pero perciben la "presencia."
9. El lenguaje del alma.
En el mundo espiritual las conversaciones transcurren no en la lengua conocida del hombre ni en ninguna lengua humana, sino aparentemente por medio del pensamiento. Por eso, cuando los hombres vuelven a la vida, les es difícil transmitir exactamente las palabras que usó la Luz, el Ángel, o algún otro con quien se encontró (1, pág. 60). Por consiguiente, si en el otro mundo los pensamientos "se oyen," debemos aprender aquí a pensar siempre lo bueno y lo recto, para no pasar vergüenza luego allí, de aquello que hemos pensado involuntariamente.
10. La frontera.
Algunos hombres que se encontraron en el otro mundo, relatan que vieron algo que recuerda a una frontera. Unos la describen como un cerco o una reja al final del campo; otros como orilla de lago o mar; otros todavía como una tranquera o puerta, un torrente o una nube. La diferencia de la descripción también es consecuencia de la percepción subjetiva de cada individuo. Por eso es imposible definir con exactitud, qué es la frontera. Lo importante, sin embargo, es que todos la entienden como una valla, que si se la traspasa no hay vuelta al mundo anterior. Después de ella comienza el viaje a la eternidad (1, pág. 73-77; 51).
11. El retorno.
A veces al recién muerto se le dá posibilidad de elección: quedarse allí o volver a la vida terrenal. La voz de la luz puede preguntar p. ej.: "¿Estas listo?" Así el soldado malherido en la batalla vio su cuerpo mutilado y escuchó la voz. Él pensó que con él hablaba Jesucristo. Se le dio la posibilidad de volver al mundo terrenal, donde él sería un inválido o quedarse en el otro mundo. El soldado prefirió volver.
Muchos están atraídos por el deseo de terminar alguna misión en la tierra. Al volver ellos afirman que Dios les permitió volver y vivir porque la obra de su vida no estaba terminaba. Ellos aseguran que el retorno es precisamente el resultado de su propia elección. Esta elección fue aceptada porque obedecía al sentido del deber y no por motivos egoístas. Así por ejemplo algunas eran madres y querían volver con sus hijos pequeños. Pero había casos en que se les ordenaba volver, a pesar de su deseo de quedarse allí. El alma ya estaba llena de alegría, amor y paz, estaba bien allí, pero su tiempo todavía no había llegado. Ella escucha la voz que le ordena volver. Los intentos de oponerse al retorno al cuerpo no resultan. Una fuerza las arrastra hacia atrás.
Hay un relato de una paciente del Dr. Moody: "Tuve un ataque cardíaco, me encontré en un vacío negro, sabía que había dejado mi cuerpo y me estaba muriendo... Pedí a Dios ayuda, me deslicé rápidamente por las tinieblas y vi adelante una neblina gris y detrás de ella unas figuras humanas. Sus formas eran como en la tierra y veía algo parecido a casas. Todo estaba iluminado por una luz dorada muy tenue, no tan burda como la de la tierra. Sentí una gran alegría y quería pasar a través de esta neblina, pero salió mi tío Karl, que murió hace muchos años atrás. Él me cortó el camino y me dijo: "Ve atrás, tu trabajo en la tierra todavía no está terminado, vuelve atrás inmediatamente." Ella tenía un hijo pequeño, que sin ella se hubiera perdido.
La vuelta al cuerpo a veces se produce en un momento, a veces coincide con la aplicación del "shock" eléctrico o de otros métodos de reanimación. Todas las percepciones desaparecen y el hombre se siente de repente nuevamente en la cama. Algunos sienten que entran al cuerpo con un empujón. Primero, se encuentran incómodos y con frío. A veces antes de la vuelta al cuerpo hay un corto desmayo. Los médicos-reanimadores y otros observadores notan, que en el momento de la vuelta a la vida el hombre a menudo estornuda.
12. Nueva relación con la vida.
Habitualmente los hombres que estuvieron "allí" sufren un gran cambio. Según la afirmación de muchos de ellos, tratan de vivir mejor. Muchos comienzan a creer en Dios más firmemente, cambian su manera de vivir, se hacen más serios y profundos. Algunos hasta cambiaron su profesión y comenzaron a trabajar en hospitales y geriátricos, para ayudar a los necesitados. Todos los relatos de los hombres que pasaron la muerte temporal, hablan de fenómenos completamente nuevos para la ciencia, pero no para el cristianismo. A continuación veremos los casos contemporáneos de las visiones del otro mundo a la luz de la enseñanza ortodoxa.
Evaluación de los Relatos
Sobre la Vida Después de la Muerte.
Después de familiarizarse con los libros contemporáneos sobre la vida después de la muerte el lector tiene la impresión que la muerte no es temible absolutamente y que al hombre, que pasa al "otro mundo" lo esperan automáticamente sensaciones agradables de apaciguamiento, alegría y permanencia en la Luz, que todo lo ama y todo lo perdona, que por esto no hay diferencia entre virtuosos y justos, y pecadores, creyentes y no creyentes. Esta circunstancia obligó a algunos filósofos cristianos a tomar precauciones y conducirse con desconfianza hacia la literatura de este tipo. Se comenzó a preguntar: "¿No serán estas visiones de luz, astutos ardides, diabólicos engaños para dormir la vigilancia de los cristianos? Vive como quieras, que igualmente llegarás al paraíso."
Por esta causa los investigadores John Ankenberg y John Weldon miran negativamente toda la literatura contemporánea sobre los estados de "pre-muerte" (Near Death Experiences, 9), viendo en ellos solo trucos ocultistas. Pero una cuidadosa evaluación de los relatos actuales de los hombres que pasaron la muerte clínica, lleva a la convicción que la mayoría de ellos tuvo visiones auténticas y no seducciones diabólicas. El problema principal se encuentra no en las visiones mismas de pre-muerte, sino en su interpretación por los médicos y psiquiatras alejados del cristianismo.
En primer lugar, no todos los temporalmente muertos son merecedores de ver la Luz. Ya mencionamos la investigación cuidadosa de Dr. Ring, de la cual es evidente que sólo un porcentaje comparativamente pequeño ve la Luz. El Dr. Maurice Rawlings (4), quien personalmente reanimó a muchos moribundos, afirma que porcentualmente, es igual la cantidad de hombres que ven tinieblas y horrores que los que ven la Luz. De la misma opinión es el Dr. Charles Garfield, quien conduce investigaciones sobre los estados pre-mortales. Él escribe: "No todos los hombres mueren de una manera agradable y tranquila... Entre los pacientes, interrogados por mí casi el mismo número experimentaron un estado desagradable (encuentros con seres parecidos a demonios), como los que experimentaron un estado agradable. Algunos hasta pasaron ambos estados (10, pág. 54-55).
Hay razones de suponer que muchos a veces conscientemente y otras veces inconscientemente callan sobre sus visiones desagradables post-mortem. Según la opinión del Dr. Rowlings, algunos de estas visiones son tan terroríficas, que el subconsciente humano de la gente que los vieron borra automáticamente de la memoria estas imágenes. En su libro Dr. Rawlings menciona ejemplos de esta amnesia. Los psiquiatras que tratan a la gente que pasaron en su infancia fuertes situaciones traumáticas (por ejemplo violación, golpes) conocen acerca de esta amnesia selectiva. Además los hombres que tuvieron visiones luminosas, las relatan con más ganas que los que pasaron algo horroroso. Pues aquello, lo que el hombre ve "allá," debe coincidir con lo que él se merece por su vida virtuosa o pecaminosa. Así, dos factores dan más peso a un reporte unilateral: a) el proceso de amnesia selectiva; b) el deseo de no hablar mal de sí mismo.
Karl Osis dice que durante el estudio de la muerte entre los hindúes, se vio que un tercio de ellos siente ante la muerte el miedo, la depresión y una gran agitación por la aparición de "Yamdoots," el ángel de la muerte hindú, y otros monstruos de ultratumba (esr Osis, Karl and Haraldson Erlendur, "At the Hour of Death," New York, Avon Books, 1972, pág. 90). Evidentemente la religión hindú, con su misticismo pagano, puede ayudar al acercamiento del hombre a las fuerzas oscuras — lo que se manifiesta luego con visiones terroríficas ante la muerte.
De la literatura de los santos padres sabemos que la seducción del diablo — es un peligro real. El apóstol Pablo nos previene que: "Satanás puede tomar la forma del Ángel de la Luz" (2 Cor 11:14). Al mismo tiempo el diablo no tiene poder de seducir a cualquiera, como y cuando quiere: sus acciones están limitadas por Dios. Si un hombre es orgulloso y desea ver algo sobrenatural, milagroso, lo que no merecen ver otros hombres, se encuentra en grave peligro de confundir un demonio por un ángel. En la literatura espiritual, esto se llama "encantamiento" o "seducción" de las palabras (encanto, seducción). En peligro de caer en esta trampa se encuentran los novicios desobedientes, los ascetas orgullosos, los falsos profetas y curanderos y los que practican un misticismo negativo, como la transmeditación, yoga, espiritismo, ocultismo, etc. De los relatos de hombres que pasaron la muerte temporal no se ve que ellos practicaran algo semejante. En su mayoría, son hombres comunes, que por tal o cual enfermedad física, murieron y gracias a los esfuerzos de los médicos y los éxitos de la medicina actual, fueron reanimados. Ellos no esperaban tener ninguna visión extraordinaria, y lo que les fue dado ver, evidentemente fue obra de la misericordia Divina, para que tomen más seriamente su vida. Es difícil de imaginar que Dios permita a Satanás tentar a estos sufrientes, poco duchos en la vida espiritual. Además, según los relatos reunidos por el Dr. Morse, esta misma Luz, la vieron muchos niños, que por su pureza e inocencia, se encuentran bajo la protección especial del Todopoderoso.
En los libros ortodoxos sobre la vida después de la muerte, hay relatos sobre la aparición de los demonios a los moribundos y sobre la fase de "tribulaciones," que pasa el alma.
Un rey de la India, deseoso de aprender todos los secretos del
robo, no con la intención de robar sino para impartir mejor la justicia, hizo
llamar a un famoso ladrón y le pidió que le diese lecciones.
El hombre pareció muy
sorprendido, e incluso escandalizado.-¿Yo, un ladrón? ¿Quién ha podido
convencerte de semejante mentira? Siempre he vivido honestamente. ¿Cómo podría
enseñarte a robar?
Y así, proclamando su inocencia y
mostrándose indignado por la malignidad de sus vecinos, que sin duda lo habían
denunciado para minar su buena reputación, el hombre fue puesto en libertad..
Unos minutos después, el rey se dio cuenta de
que en su mano faltaba un precioso anillo. Hizo arrestar al hombre, lo
registraron sin encontrar anillo, que ya había podido pasar a algún cómplice.
Esta vez, por crimen de lesa
majestad, el hombre fue encarcelado y condenado a ser empalado al día siguiente.
.Por la noche el rey no podía
dormir. Confuso, recordaba las protestas de inocencia del hombre, tanto en el
palacio como cuando había sido arrestado.
En medio de la noche, el rey se levantó y bajó
hasta su celda. Lo hicieron entrar, sombra silenciosa, y oyó al prisionero,
que, solo en su negra mazmorra, rezaba con fervor, lloraba quedamente y seguía
creyéndose injustamente perseguido.
El rey –cuya presencia el
prisionero no podía percibir- se fue sin hacer ruido, muy conmovido y,
convencido de la inocencia del prisionero, decidió soltarlo, tras lo cual pudo
volver a dormir.
Al día siguiente el hombre,
liberado, fue llevado ante el soberano. Pasó rápidamente una mano sobre la otra
e hizo aparecer el anillo de oro. Entonces lo cogió con dos dedos y se lo dio,
con todas las muestras de obediencia y respeto.
El rey, muy sorprendido,
le preguntó las razones de su comportamiento.
- Me has pedido que te diese unas lecciones –le dijo el
ladrón-. He aquí la primera: un ladrón siempre tiene que parecer un ciudadano
honrado, respetuoso con las leyes y las creencias. Y la segunda: es
absolutamente esencial que afirme su inocencia, incluso contra la más extrema
evidencia. ¿Quieres que demos la tercera lección?..........
—¿Quién eres? —dijo el principito—. Eres
muy lindo...
—Soy un zorro —dijo el zorro.
—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—. ¡Estoy tan triste!...
—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—. No estoy domesticado.
—¡Ah! Perdón —dijo el principito. Pero después de reflexionar agregó
—¿Qué significa domesticar?
—No eres de aquí - dijo el zorro al principito -. ¿Qué buscas?......
—Busco amigos - dijo el principito - ¿Qué significa "domesticar"?
—Es una cosa demasiada olvidada – dijo el zorro- Significa “crear lazos”.
¿Crear lazos?
—Sí - dijo el zorro-. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a
cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para
ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas,
tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para
ti único en el mundo.....
—Empiezo a comprender - dijo el principito -. Hay una flor... Creo que me ha
domesticado...
—El zorro calló y miró largo tiempo al principito:
—¡Por favor... domestícame!- dijo.
—Bien lo quisiera —respondió el principito— pero no tengo mucho tiempo. Tengo
que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
Sólo se conocen las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no
tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como
no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un
amigo, ¡domestícame!....
—El principito se fue nuevamente a ver a las rosas:
No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún —les dijo—. Nadie os
ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era
más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora
es único en el mundo.
—Y las rosas se sintieron bien molestas.
—Sois bellas, pero estáis vacías —les dijo todavía—. No se puede morir por
vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero
ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa q
quien he regado. Puesto que es ella la rosa quien puse bajo un globo. Puesto
que es ella la rosa cuyas orugas maté ( salvo dos o tres que se hicieron
mariposas ). Puesto que es ella la rosa quien escuché quejarse, o alabarse, o
aún, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa.
—Y volvió hacia el zorro:
—Adiós, dijo. —Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve sino con
el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
Lo esencial es invisible a los ojos —repitió el principito—, a fin de
acordarse.
El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
El tiempo que perdí por mi rosa... —dijo el principito—, a fin de acordarse.
Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—. Pero tú no debes
olvidarla.
Eres responsable de tu rosa...
Soy responsable de mi rosa... —repitió el principito—, a fin de acordarse.
CHAPITRE XXI
C'est alors qu'apparut le renard:
- Bonjour, dit le renard.
- Bonjour, répondit poliment le petit prince, qui se retourna mais ne vit rien.
- Je suis là, dit la voix, sous le pommier.
- Qui es-tu ? dit le petit prince. Tu es bien joli...
- Je suis un renard, dit le renard.
- Viens jouer avec moi, lui proposa le petit prince. Je suis tellement
triste...
- Je ne puis pas jouer avec toi, dit le renard. Je ne suis pas apprivoisé.
- Ah! pardon, fit le petit prince.
Mais, après réflexion, il ajouta:
- Qu'est-ce que signifie "apprivoiser" ?
- Tu n'es pas d'ici, dit le renard, que cherches-tu ?
- Je cherche les hommes, dit le petit prince. Qu'est-ce que signifie
"apprivoiser" ?
- Les hommes, dit le renard, ils ont des fusils et ils chassent. C'est bien
gênant ! Ils élèvent aussi des poules. C'est leur seul intérêt. Tu cherches des
poules ?
- Non, dit le petit prince. Je cherche des amis. Qu'est-ce que signifie
"apprivoiser" ?
- C'est une chose trop oubliée, dit le renard. Ça signifie "créer des
liens..."
- Créer des liens ?
- Bien sûr, dit le renard. Tu n'es encore pour moi qu'un petit garçon tout
semblable à cent mille petits garçons. Et je n'ai pas besoin de toi. Et tu n'as
pas besoin de moi non plus. Je ne suis pour toi qu'un renard semblable à cent
mille renards. Mais, si tu m'apprivoises, nous aurons besoin l'un de l'autre.
Tu seras pour moi unique au monde. Je serai pour toi unique au monde...
- Je commence à comprendre, dit le petit prince. Il y a une fleur... je crois
qu'elle m'a apprivoisé...
- C'est possible, dit le renard. On voit sur la Terre toutes sortes de
choses...
- Oh! ce n'est pas sur la Terre,
dit le petit prince.
Le renard parut très intrigué :
- Sur une autre planète ?
- Oui.
- Il y a des chasseurs, sur cette planète-là ?
- Non.
- Ça, c'est intéressant ! Et des poules ?
- Non.
- Rien n'est parfait, soupira le renard.
Mais le renard revint à son idée:
- Ma vie est monotone. Je chasse les poules, les hommes me chassent. Toutes les
poules se ressemblent, et tous les hommes se ressemblent. Je m'ennuie donc un
peu. Mais, si tu m'apprivoises, ma vie sera comme ensoleillée. Je connaîtrai un
bruit de pas qui sera différent de tous les autres. Les autres pas me font
rentrer sous terre. Le tien m'appellera hors du terrier, comme une musique. Et
puis regarde ! Tu vois, là-bas, les champs de blé ? Je ne mange pas de pain. Le
blé pour moi est inutile. Les champs de blé ne me rappellent rien. Et ça, c'est
triste ! Mais tu as des cheveux couleur d'or. Alors ce sera merveilleux quand
tu m'auras apprivoisé ! Le blé, qui est doré, me fera souvenir de toi. Et
j'aimerai le bruit du vent dans le blé...
Le renard se tut et regarda longtemps le petit prince:
- S'il te plaît... apprivoise-moi ! dit-il.
- Je veux bien, répondit le petit prince, mais je n'ai pas beaucoup de temps.
J'ai des amis à découvrir et beaucoup de choses à connaître.
- On ne connaît que les choses que l'on apprivoise, dit le renard. Les hommes
n'ont plus le temps de rien connaître. Ils achètent des choses toutes faites
chez les marchands. Mais comme il n'existe point de marchands d'amis, les
hommes n'ont plus d'amis. Si tu veux un ami, apprivoise-moi !
- Que faut-il faire? dit le petit prince.
- Il faut être très patient, répondit le renard. Tu t'assoiras d'abord un peu
loin de moi, comme ça, dans l'herbe. Je te regarderai du coin de l'œil et tu ne
diras rien. Le langage est source de malentendus. Mais, chaque jour, tu pourras
t'asseoir un peu plus près...
Le lendemain revint le petit prince.
- Il eût mieux valu revenir à la même heure, dit le renard. Si tu viens, par
exemple, à quatre heures de l'après-midi, dès trois heures je commencerai
d'être heureux. Plus l'heure avancera, plus je me sentirai heureux. A quatre
heures, déjà, je m'agiterai et m'inquiéterai; je découvrirai le prix du bonheur
! Mais si tu viens n'importe quand, je ne saurai jamais à quelle heure
m'habiller le cœur... Il faut des rites.
- Qu'est-ce qu'un rite ? dit le petit prince.
- C'est aussi quelque chose de trop oublié, dit le renard. C'est ce qui fait
qu'un jour est différent des autres jours, une heure, des autres heures. Il y a
un rite, par exemple, chez mes chasseurs. Ils dansent le jeudi avec les filles
du village. Alors le jeudi est jour merveilleux ! Je vais me promener jusqu'à
la vigne. Si les chasseurs dansaient n'importe quand, les jours se
ressembleraient tous, et je n'aurais point de vacances.
Ainsi le petit prince apprivoisa le renard. Et quand l'heure du départ fut
proche:
- Ah! dit le renard... Je pleurerai.
- C'est ta faute, dit le petit prince, je ne te souhaitais point de mal, mais
tu as voulu que je t'apprivoise...
- Bien sûr, dit le renard.
- Mais tu vas pleurer ! dit le petit prince.
- Bien sûr, dit le renard.
- Alors tu n'y gagnes rien !
- J'y gagne, dit le renard, à cause de la couleur du blé.
Puis il ajouta:
- Va revoir les roses. Tu comprendras que la tienne est unique au monde. Tu
reviendras me dire adieu, et je te ferai cadeau d'un secret.
Le petit prince s'en fut revoir les roses:
- Vous n'êtes pas du tout semblables à ma rose, vous n'êtes rien encore, leur
dit-il. Personne ne vous a apprivoisé et vous n'avez apprivoisé personne. Vous
êtes comme était mon renard. Ce n'était qu'un renard semblable à cent mille
autres. Mais j'en ai fait mon ami, et il est maintenant unique au monde.
Et les roses étaient bien gênées.
- Vous êtes belles, mais vous êtes vides, leur dit-il encore. On ne peut pas
mourir pour vous. Bien sûr, ma rose à moi, un passant ordinaire croirait
qu'elle vous ressemble. Mais à elle seule elle est plus importante que vous
toutes, puisque c'est elle que j'ai arrosée. Puisque c'est elle que j'ai mise
sous globe. Puisque c'est elle que j'ai abritée par le paravent. Puisque c'est
elle dont j'ai tué les chenilles (sauf les deux ou trois pour les papillons).
Puisque c'est elle que j'ai écoutée se plaindre, ou se vanter, ou même
quelquefois se taire. Puisque c'est ma rose.
Et il revint vers le renard:
- Adieu, dit-il...
- Adieu, dit le renard. Voici mon secret. Il est très simple: on ne voit bien
qu'avec le cœur. L'essentiel est invisible pour les yeux.
- L'essentiel est invisible pour les yeux, répéta le petit prince, afin de se
souvenir.
- C'est le temps que tu as perdu pour ta rose qui fait ta rose si importante.
- C'est le temps que j'ai perdu pour ma rose... fit le petit prince, afin de se
souvenir.
- Les hommes ont oublié cette vérité, dit le renard. Mais tu ne dois pas
l'oublier. Tu deviens responsable pour toujours de ce que tu as apprivoisé. Tu
es responsable de ta rose...
- Je suis responsable de ma rose... répéta le petit prince, afin de se souvenir.
¿Por qué a veces nos encontramos presos de las
circunstancias de nuestra vida?
¿Por qué a pesar de tener la autonomía, la inteligencia y
la seguridad una y otra vez cometemos los mismos errores, aún a nuestro pesar,
una y otra vez se repiten las mismas situaciones, los mismos dramas, las mismas
desilusiones?
¿Por qué el entorno se confabula siempre, antes o
después, en nuestra contra, derrocando nuestros tan anhelados ideales?
¿Por qué siempre amamos y construimos sueños que nunca se
llegan a concretar en realidades, y si llegan a serlo se transforman en nuevas
celdas grises, incubadoras de nuevos sueños que quizás esta vez sí se concreten
en la tan anhelada felicidad, y otra vez la cadena de sucesos se repite siempre
con el mismo final?
¿Por qué todas estas vicisitudes siempre nos dominan y
nunca tenemos, en realidad, el domino de nuestra propia existencia, la
auténtica y pura Libertad?
“Lo peor de todo en la situación tan difícil y tan extraña en que nos
encontramos, es que ignoramos el secreto de todas nuestras tragedias y sin
embargo estamos convencidos de que lo sabemos todo.
Basta Leer la
Historia Universal para saber que somos los mismos bárbaros
de antaño y que en vez de mejorar nos hemos vuelto peores.
Cuando uno cambia interiormente y tal cambio es radical,
lo exterior, las circunstancias, la vida, cambian también.
Tenemos que anhelar un cambio verdadero, salir de esta
rutina aburridora, de esta vida meramente mecanicista, cansona.”
Siempre se nos presenta dos caminos de instante en instante, el camino
de la vertical y el camino de la horizontal.
El camino de la horizontal es aquel en donde se presentan
todas las circunstancias de la vida en general y de nuestra existencia en
particular.
“La cuestión del tiempo y de los años; eso de nacer,
crecer, desarrollarse, casarse, reproducirse, envejecerse y morir, es exclusivo
de la Horizontal,
en la Vertical
el concepto tiempo no cabe.”
El camino de la horizontal es aquel en que los hechos se suceden y nosotros nos
transformamos en víctimas de ellos, llorando o riendo.
“Cuando alguien les adula sonríen; cuando les humillan
sufren. Insultan si se les insulta; hieren si se les hiere; nunca son libres; sus
semejantes tienen poder para llevarles de la alegría a la tristeza, de la
esperanza a la desesperación. Cada persona de esas que van por el Camino
Horizontal, se parece a un instrumento musical, donde cada uno de sus
semejantes toca lo que le viene en gana. Es evidente que el Vertical es
diferente; es el camino de los rebeldes inteligentes, el de los
Revolucionarios
.
Nos hallamos pues de instante en instante ante dos
caminos: el Horizontal y el Vertical, las cuales se encuentran de momento en
momento en nuestro interior psicológico y forman una cruz.
Cuando uno se
recuerda a si mismo, cuando trabaja sobre si mismo, cuando no se identifica con
todos los problemas y penas de la vida, de hecho va por la Senda Vertical.
El Trabajo sobre
sí mismo es la característica fundamental del Camino Vertical. Nadie podría
hollar la Senda
de la Gran Rebeldía,
si jamás trabajase sobre sí mismo.
El Trabajo al que
nos estamos refiriendo es de tipo Psicológico; se ocupa de cierta
transformación del momento presente en que nos encontramos.
Necesitamos aprender a vivir de instante en instante.
Transformar reacciones mecánicas es posible mediante la
confrontación lógica y la
Auto-Reflexión Íntima del Ser.
Por ejemplo, una
persona que se encuentra desesperada por algún problema sentimental, económico
o político, obviamente se ha olvidado de sí misma. Tal persona si se detiene un
instante, si observa la situación y trata de recordarse a sí mismo y luego se
esfuerza en comprender el sentido de su actitud. Si reflexiona un poco, si piensa
en que todo pasa; en que la vida es ilusoria, fugaz y en que la muerte reduce a
cenizas todas las vanidades del mundo. Si comprende que su problema en el fondo
no es más que un fuego fatuo que pronto se apaga, verá de pronto con sorpresa
que todo ha cambiado.
Transformar reacciones mecánicas es posible mediante la
confrontación lógica y la
Auto-Reflexión Íntima del Ser. Quien aprende a transformar
las reacciones mecánicas, de hecho se mete por el Camino Vertical.”
Transformar estas reacciones mecánicas que
inevitablemente tenemos ante cada una de las circunstancias que se nos
presentan y nos dominan a lo largo de toda nuestra vida, mediante la reflexión
profunda de nuestro Ser Interno es a lo que podríamos hacer.
Deberíamos dar una mirada a nuestro interior, a lo que realmente somos,
a lo que realmente queremos, un salto de la mecanicidad a la autoconciencia, un
camino pocas veces explorado, pero profundamente rico y sorprendente, nos
aguarda más cerca que cualquier otro maravilloso tesoro dentro de nosotros
mismos.
Sólo falta tomar la iniciativa y
atrevernos al autodescubrimiento.
EL NIVEL DEL SER
¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos?, ¿Para dónde vamos?, ¿Para qué vivimos?,
Por qué vivimos?...
Incuestionablemente el pobre "Animal Intelectual" equivocadamente
llamado
hombre, no sólo no sabe, sino además ni siquiera sabe que no sabe...
Lo peor de todo es la situación tan difícil y tan extraña en que nos
encontramos,
ignoramos el secreto de todas nuestras tragedias y sin embargo estamos
convencidos de que lo sabemos todo...
Llévese un "Mamífero Racional", una persona de esas que en la vida
presumen de
influyentes, al centro del desierto del SAHARA, déjesele allí lejos de
cualquier
Oasis y obsérvese desde una nave aérea todo lo que sucede...
Los hechos hablaran por si mismos; el "Humanoide Intelectual" aunque
presuma
de fuerte y se crea muy hombre, en el fondo resulta espantosamente débil...
El "Animal Racional" es tonto en un ciento por ciento; Piensa de si
mismo lo
mejor; cree que puede desenvolverse maravillosamente mediante el
KINDERGARTEN, Manuales de Urbanidad, Primarias, Secundarias, Bachillerato,
Universidad, el buen prestigio del papá, etc., etc., etc.
Desafortunadamente, tras de tantas letras y buenos modales, títulos y dinero,
bien sabemos que cualquier dolor de estómago nos entristece y que en el fondo
continuamos siendo infelices y miserables...
Basta leer la
Historia Universal para saber que somos los mismos bárbaros
de
antaño y que en vez de mejorar nos hemos vuelto peores...
Este siglo XX I con toda su espectacularidad, guerras, prostitución, sodomía
mundial, degeneración sexual, drogas, alcohol, crueldad exorbitante,
perversidad
extrema, monstruosidad, etc., etc., etc., es el espejo en que debemos miramos;
no existe pues razón de peso como para jactarnos de haber llegado a una etapa
superior de desarrollo...
Pensar que el tiempo significa progreso es absurdo, desgraciadamente los
"ignorantes ilustrados" continúan embotellados en el "Dogma de la Evolución"...
En todas las páginas negras de la "Negra Historia" hallamos siempre
las mismas
horrorosas crueldades, ambiciones, guerras, etc.
Sin embargo nuestros contemporáneos "Súper-civilizados" están todavía
convencidos de que eso de la
Guerra es algo secundario, un accidente pasajero
que nada tiene que ver con su tan cacareada "Civilización Moderna"
Ciertamente lo que importa es el modo de ser de cada persona; algunos sujetos
serán borrachos, otros abstemios, aquellos honrados y estos otros
sinvergüenzas;
de todo hay en la vida...
La masa es la suma de los individuos; lo que es el individuo es la masa, es el
Gobierno, etc.
La masa es pues la extensión del individuo; no es posible la transformación de
las
masas, de los pueblos, si el individuo, si cada persona, no se transforma...
Nadie puede negar que existen distintos niveles sociales; hay gentes de iglesia
y
de prostíbulo; de comercio y de campo, etc., etc., etc.
Así también existen distintos Niveles del Ser. Lo que internamente somos,
espléndidos o mezquinos, generosos o tacaños, violentos o apacibles, castos o
lujuriosos, atrae las diversas circunstancias de la vida...
Un lujurioso atraerá siempre escenas, dramas y hasta tragedias de lascivia en
las
que se verá metido...
Un borracho atraerá a los borrachos y se verá metido siempre en bares y
cantinas, eso es obvio...
¿Qué atraerá el usurero, el egoísta? ¿Cuántos problemas, cárceles, desgracias?
Sin embargo la gente amargada, cansada de sufrir, tiene ganas de cambiar,
voltear la página de su historia...
¡Pobres gentes! Quieren cambiar y no saben cómo; no conocen el procedimiento;
están metidas en un callejón sin salida...
Lo que les sucedió ayer les sucede hoy y les sucederá mañana; repiten siempre
loa mismos errores y no aprenden las lecciones de la vida ni a cañonazos.
Todas las cosas se repiten en su propia vida; dicen las mismas cosas, hacen las
mismas cosas, lamentan las mismas cosas...
Esta repetición aburridora de dramas, comedias y tragedias, continuará mientras
carguemos en nuestro interior los elementos indeseables de la Ira, Codicia,
Lujuria, Envidia, Orgullo, Pereza, Gula, etc., etc., etc.
¿Cuál es nuestro nivel moral?, o mejor dijéramos: ¿Cuál es nuestro Nivel del
Ser?
Mientras el Nivel del Ser no cambie radicalmente, continuará la repetición de
todas nuestras miserias, escenas, desgracias e infortunios...
Todas las cosas, todas las circunstancias, que se suceden fuera de nosotros, en
el
escenario de este mundo, son exclusivamente el reflejo de lo que interiormente
llevamos.
Con justa razón podemos aseverar solemnemente que lo "exterior es el
reflejo de
lo interior".
Cuando uno cambia interiormente y tal cambio es radical, lo exterior, las
circunstancias, la vida, cambian también.
Diariamente se pelean entre si, se emborrachan, se insultan mutuamente, se
convierten en asesinos de sus propios compañeros de infortunio, viven
ciertamente en inmundas chozas dentro de las cuales en vez de amor reina el
odio...
Muchas veces he pensado en que si cualquier sujeto de ésos, eliminara de su
interior el odio, la ira, la lujuria, la embriaguez, la maledicencia, la
crueldad, el
egoísmo, la calumnia, la envidia, el amor propio, el orgullo, etc., etc., etc.,
gustaría a otras personas, se asociaría por simple Ley de Afinidades
Psicológicas
con gentes más refinadas, más espirituales; esas nuevas relaciones serían
definitivas para un cambio económico y social...
Seria ese el sistema que le permitiría a tal sujeto, abandonar la
"cochera", la,
"cloaca" inmunda...
Así pues, si realmente queremos un cambio radical, lo que primero debemos
comprender es que cada uno de nosotros (ya sea blanco o negro, amarillo o
cobrizo, ignorante o ilustrado, etc.), está en tal o cual "Nivel del
Ser".
¿Cuál es nuestro Nivel de Ser? ¿Habéis vosotros reflexionado alguna vez sobre
eso? No sería posible pasar a otro nivel si ignoramos el estado en que nos
encontramos.
LA ESCALERA MARAVILLOSA
Tenemos que anhelar un cambio verdadero, salir de esta rutina aburridora, de
esta vida meramente mecanicista, cansona...
Lo que primero debemos comprender con entera claridad es que cada uno de
nosotros ya sea burgués o proletario, acomodado o de la clase media, rico o
miserable, se encuentra realmente en tal o cual Nivel de Ser...
El Nivel de Ser del borracho es diferente al del abstemio y el de la prostituta
muy
distinto al de la doncella. Esto que estamos diciendo es irrefutable,
irrebatible...
Al llegar a esta parte de nuestro capítulo, nada perdemos con imaginamos una
escalera que se extiende de abajo hacia arriba, verticalmente y con muchísimos
escalones...
Incuestionablemente en algún escalón de estos nos encontramos nosotros;
escalones abajo habrá gentes peores que nosotros; escalones arriba se
encontrarán personas mejores que nosotros...
En esta Vertical extraordinaria, en esta escalera maravillosa, es claro que
podemos encontrar todos los Niveles de Ser... cada persona es diferente y esto
nadie puede refutarlo. ..
Indubitablemente no estamos ahora hablando de caras feas o bonitas, ni tampoco
se trata de cuestión de edades. Hay gentes jóvenes y viejas, ancianos que ya
están para morir y niños recién nacidos...
La cuestión del tiempo y de los años; eso de nacer, crecer, desarrollarse,
casarse,
reproducirse, envejecerse y morir, es exclusivo de la Horizontal...
En la "Escalera Maravillosa", en la Vertical el concepto
tiempo no cabe. En los
escalones de tal escala sólo podemos encontrar "Niveles de Ser"...
La esperanza mecánica de la gente no sirve para nada; creen que con el tiempo
las cosas serán mejores; así pensaban nuestros abuelos y bisabuelos; los hechos
precisamente han venido a demostrar lo contrario...
El "Nivel de Ser" es lo que cuenta y esto es Vertical; nos hallamos
en un escalón
pero podemos subir a otro escalón. ..
La "Escalera Maravillosa" de la que estamos hablando y que se refiere
a los
distintos "Niveles de Ser", ciertamente, nada tiene que ver con el
tiempo lineal...
Un "Nivel de Ser" más alto está inmediatamente por encima de nosotros
de
instante en instante...
No está en ningún remoto futuro horizontal, sino aquí y ahora; dentro de
nosotros mismos; en la Vertical...
Es ostensible y cualquiera lo puede comprender, que las dos líneas —Horizontal
y
Vertical— se encuentran de momento en momento en nuestro interior Psicológico
y forman Cruz...
La personalidad se desarrolla y desenvuelve en la línea Horizontal de la Vida.
Nace y muere dentro de su tiempo lineal; es perecedera; no
existe ningún
mañana para la personalidad del muerto; no es el Ser...
Los Niveles del Ser; el Ser mismo, no es del tiempo, nada tiene que ver con la
Línea Horizontal; se encuentra dentro de nosotros mismos. Ahora,
en la Vertical...
Resultaría manifiestamente absurdo buscar a nuestro propio Ser fuera de si
mismos...
No está de más sentar como corolario lo siguiente: Títulos, grados, ascensos,
etc., en el mundo físico exterior, en modo alguno originarían exaltación
auténtica,
reevaluación del Ser, paso a un escalón superior en los "Niveles del
Ser"...
REBELDÍA PSICOLÓGICA
No está de más recordar a nuestros lectores, que existe un punto matemático
dentro de nosotros mismos...
Incuestionablemente tal punto, jamás se encuentra en el pasado, ni tampoco en
el futuro...
Quien quiera descubrir ese punto misterioso, debe buscarlo aquí y ahora, dentro
de si mismo, exactamente en este instante, ni un segundo adelante, ni un
segundo atrás...
Los dos palos Vertical y Horizontal de la Santa Cruz, se encuentran, en este
punto...
Nos hallamos pues de instante en instante ante dos Caminos: el Horizontal y el
Vertical...
Es ostensible que el Horizontal es muy "cursi", por él andan
"Vicente y toda la
gente", "Villegas y todo el que llega", "Don Raimundo y
todo el mundo"...
Es evidente que el Vertical es diferente; es el camino los rebeldes
inteligentes, el
de los Revolucionarios...
Cuando uno se acuerda de si mismo, cuando trabaja sobre si mismo, cuando no
se identifica con todos los problemas y penas de la vida, de hecho va por la
Senda Vertical...
Ciertamente jamás resulta tarea fácil eliminar las emociones negativas; perder
toda identificación con nuestro propio tren de vida; problemas de toda índole,
negocios, deudas, pago de letras, hipotecas, teléfono, agua, luz, etc., etc.,
etc.
Los desocupados, aquellos que por tal o cual motivo han perdido el empleo, el
trabajo, evidentemente sufren por falta de dinero y olvidar su caso, no
preocuparse, ni identificarse con su propio problema, resulta de hecho
espantosamente difícil.
Quienes sufren, quienes lloran, aquellos que han sido víctimas de alguna
traición,
de un mal pago en la vida, de una Ingratitud, de una calumnia o de algún
fraude,
realmente se olvidan de si mismos, de su real Ser íntimo, se identifican
completamente con su tragedia moral...
El trabajo sobre si mismo es la característica fundamental del Camino Vertical.
Nadie podría hollar la Senda
de la Gran Rebeldía,
si jamás trabajase sobre si
mismo...
El trabajo al que nos estamos refiriendo es de tipo Psicológico; se ocupa de
cierta
transformación del momento presente en que nos encontramos. Necesitamos
aprender a vivir de instante en instante...
Por ejemplo, una persona que se encuentra desesperada por algún problema
sentimental, económico o político obviamente se ha olvidado de si misma...
Tal persona si se detiene un instante, si observa la situación y trata de
recordarse
a si mismo y luego se esfuerza en comprender el sentido de su actitud...
Si reflexiona un poco, si piensa en que todo pasa; en que la vida es ilusoria,
fugaz
y en que la muerte reduce a cenizas todas las vanidades del mundo...
Si comprende que su problema en el fondo no es más que una "llamarada de
petate", un fuego fatuo que pronto se apaga, vera de pronto con sorpresa
que
todo ha cambiado. ..
Transformar reacciones mecánicas es posible mediante la confrontación lógica y la Auto- Reflexión
Intima del Ser...
Es evidente que las gentes reaccionan mecánicamente ante las diversas
circunstancias de la vida...
¡Pobres gentes!, Suelen siempre convertirse en víctimas. Cuando alguien les
adula sonríen; cuando les humillan, sufren. Insultan si se les insulta; hieren
si se
les hiere; nunca son libres; sus semejantes tienen poder para llevarles de la
alegría a la tristeza, de la esperanza a la desesperación.
Cada persona de esas que van por el Camino Horizontal, se parece a un
instrumento musical, donde cada uno de sus semejantes toca lo que le viene en
gana...
Quien aprende a transformar las relaciones mecánicas, de hecho se mete por el
"Camino Vertical".
Esto representa un cambio fundamental en el "Nivel de Ser" resultado
extraordinario de la "Rebeldía Psicológica.
LA ESENCIA
Lo que hace bello y adorable a todo niño recién nacido es su Esencia; ésta
constituye en si misma su verdadera realidad...
El normal crecimiento de la
Esencia en toda criatura, ciertamente es muy
residual, incipiente...
El cuerpo humano crece y se desarrolla de acuerdo con as leyes biológicas de la
especie, sin embargo tales posibilidades resultan por si mismas muy limitadas
para la Esencia...
Incuestionablemente la Esencia
sólo puede crecer por si misma sin ayuda, en
pequeñísimo grado...
Hablando francamente y sin ambages diremos que el crecimiento espontáneo y
natural de la Esencia,
sólo es posible durante los primeros tres, cuatro y cinco
años de edad, es decir, en la primera etapa de la vida...
La gente piensa que el crecimiento y desarrollo de la Esencia se realiza siempre
en forma continua, de acuerdo con la mecánica de la evolución, más el
Gnosticismo Universal enseña claramente que esto no ocurre así...
Con el fin de que la Esencia
crezca mas, algo muy especial debe suceder, algo
nuevo hay que realizar.
Quiero referirme en forma enfática al trabajo sobre si mismo. El desarrollo de la
Esencia únicamente es posible a base de trabajos conscientes
y padecimientos
voluntarios...
Es necesario comprender que estos trabajos no se refieren a cuestiones de
profesión, bancos, carpintería, albañilería, arreglo de líneas férreas o
asuntos de
oficina...
Este trabajo es para toda persona que ha desarrollado la personalidad; se trata
de algo Psicológico...
Todos nosotros sabemos que tenemos dentro de si mismos eso que se llama
EGO, YO, MI MISMO, SI MISMO...
Desgraciadamente la Esencia
se encuentra embotellada, enfrascada, entre el ECO
y esto es lamentable.
Disolver el YO Psicológico, desintegrar sus elementos indeseables, es urgente,
inaplazable, impostergable... así es el sentido del trabajo sobre si mismo.
Nunca podríamos libertar la
Esencia sin desintegrar previamente el YO
Psicológico...
En la Esencia
está la Religión,
el BUDDHA, la Sabiduría,
las partículas de dolor de
nuestro Padre que esta en los Cielos y todos los datos que necesitamos para la
AUTO-REALIZACION INTIMA DEL SER.
Nadie podría aniquilar el YO Psicológico sin eliminar previamente los elementos
inhumanos que llevamos dentro...
Necesitamos reducir a cenizas la crueldad monstruosa de estos tiempos: la
envidia que desgraciadamente ha venido a convertirse en el resorte secreto de
la
acción; la codicia insoportable que ha vuelto la vida tan amarga: la asqueante
maledicencia; la calumnia que tantas tragedias origina; las borracheras; la
inmunda lujuria que huele tan feo; etc., etc., etc.
A medida que todas esas abominaciones se van reduciendo a polvareda cósmica, la Esencia
además de emanciparse, crecerá y se desarrollará armoniosamente...
Incuestionablemente cuando el YO Psicológico ha muerto, resplandece en
nosotros la Esencia... La Esencia
libre nos confiere belleza intima; de tal belleza emanan la felicidad
perfecta y el verdadero Amor... La Esencia
posee múltiples sentidos de perfección y extraordinarios poderes
naturales...
Cuando "Morimos en Si Mismos", cuando disolvemos el YO Psicológico,
gozamos
de los preciosos sentidos y poderes de la Esencia...
Millones de estudiantes de todos los países del mundo entero van
diariamente a laEscuela y a la
Universidad en forma inconsciente, automática, subjetiva, sin
saber por qué, nipara qué.Los estudiantes son obligados a estudiar Matemáticas,
Física, Química, Geografía,
etc.
La mente de los estudiantes está recibiendo información diaria pero
jamás en la vida
se detienen un momento a pensar el por qué de esa información, el
objetivo de esa
información.
¿Por qué nos llenamos de esa información? ¿Para qué nos llenamos de esa información?
Los estudiantes viven realmente una vida mecanicista y sólo saben que
tienen que
recibir información intelectual y conservarla almacenada en la memoria
infiel, eso es todo.
A los estudiantes no se les ocurre pensar jamás sobre lo que realmente
es esta
educación, van a la escuela, al colegio o a la universidad porque sus
padres los mandan y
eso es todo.
Ni a los estudiantes, ni a las maestros o maestras se les ocurre alguna
vez
preguntarse a sí mismos: ¿Por qué estoy aquí? ¿A qué he venido aquí?
¿Cuál es realmente
el verdadero motivo secreto que me trae aquí?
Maestros, maestras, estudiantes varones y estudiantes de sexo femenino,
viven con la
conciencia dormida, actúan como verdaderos autómatas, van a la escuela,
al colegio y a la
universidad en forma inconsciente, subjetiva, sin saber realmente nada
del por qué, o del
para qué.
Es necesario dejar de ser autómatas, despertar conciencia, descubrir por
sí mismos
qué es esta lucha tan terrible por pasar exámenes, por estudiar, por
vivir en determinado
lugar para estudiar diariamente y pasar el año y sufrir sustos,
angustias, preocupaciones,
practicar deportes, pelearse con los compañeros de escuela, etc., etc.,
etc.
Los maestros y maestras deben volverse más conscientes a fin de cooperar
desde la
escuela, el colegio o la universidad ayudando a los estudiantes a
despertar conciencia.
Es lamentable ver a tantos AUTÓMATAS sentados en los bancos de las
escuelas,
colegios y universidades, recibiendo información que deben conservar en
la memoria sin
saber por qué ni para qué.
Los muchachos sólo se preocupan por pasar año; se les ha dicho que deben
prepararse para ganarse la vida, para conseguir empleo, etc. Y ellos estudian
formándose mil
fantasías en la mente con respecto al futuro, sin conocer realmente el
presente, sin saber el
verdadero motivo por el cual deben estudiar física, química, biología,
aritmética, geografía,
etc.
Las niñas modernas estudian para tener la preparación que les permita
conseguirse
un buen marido, o para ganarse la vida y estar debidamente preparadas
para el caso de que
el marido les abandone, ó de que se queden viudas o solteronas.
Puras fantasías en la mente porque realmente ellas no saben cuál ha de
ser su
porvenir ni a que edad han de morir.
La vida en la escuela está muy vaga, muy incoherente, muy subjetiva, al
niño se le
hace aprender a veces ciertas materias que en la vida práctica no sirven
para nada.
Hoy en día lo importante en la escuela es pasar año y eso es todo.
En otros tiempos había por lo menos algo más de ética en esto de pasar
año. Ahora
no hay tal ÉTICA. Los padres de familia pueden sobornar en mucho secreto
al maestro o a la
maestra y el muchacho o la muchacha aún cuando sea un PÉSIMO ESTUDIANTE,
pasará
año INEVITABLEMENTE.
Las muchachas de la escuela suelen hacerle la barba al maestro con el
propósito de
PASAR AÑO y el resultado suele ser maravilloso, aún cuando no hayan
comprendido ni "J"
de lo que enseña el maestro, de todas maneras salen bien en los EXÁMENES
y pasan el
año.
Hay muchachos y muchachas muy listos para pasar año. Esto es cuestión de
astucia
en muchos casos.
Un muchacho que pasa victorioso cierto examen (algún estúpido examen) no
significa
que tenga conciencia objetiva verdadera, sobre aquella materia en la
cual fue examinado.
El estudiante repite como loro, cotorro o papagayo y en forma mecánica
aquella
materia que estudió y en la cual fue examinado.
Eso no es estar AUTO-CONSCIENTE de aquella materia, eso es memorizar y
repetir
como loros o cotorros lo que hemos aprendido y eso es todo.
Pasar exámenes, pasar año, no significa SER MUY INTELIGENTE. En la vida
práctica
hemos conocido personas muy inteligentes que en la escuela jamás
salieron bien en los
exámenes.
Nosotros hemos conocido magníficos escritores y grandes matemáticos que
en la
escuela fueron pésimos estudiantes y que jamás pasaron bien los exámenes
en gramática y
matemáticas.
Sabemos del caso de un estudiante pésimo en ANATOMÍA y que sólo después
de
mucho sufrir pudo salir bien en los exámenes de ANATOMÍA. Hoy en día
dicho estudiante es
autor de una gran obra sobre ANATOMÍA.
Pasar año no significa necesariamente ser muy inteligente. Hay personas
que jamás
han pasado un año y que son muy inteligentes.
Hay algo más importante que pasar año, hay algo más importante que
estudiar ciertas
materias y es precisamente tener plena conciencia OBJETIVA clara y
luminosa sobre
aquellas materias que se estudian.
Los maestros y maestras deben esforzarse para ayudar a los estudiantes a
despertar
conciencia; todo el esfuerzo de los maestros y maestras debe dirigirse a
la conciencia de los
estudiantes. Es URGENTE que los estudiantes se hagan plenamente
AUTO-CONSCIENTES
de aquellas materias que estudian.
Aprender de memoria, aprender como loros, es sencillamente ESTÚPIDO en
el
sentido mas completo de la palabra.
Los estudiantes se ven obligados a estudiar difíciles materias y a
almacenarlas en su
memoria para "PASAR AÑO" y después en la vida práctica dichas
materias no sólo resultan
inútiles sino que también se olvidan porque la memoria es infiel.
Los muchachos estudian con el propósito de conseguir, empleo y ganarse
la vida y
más tarde si tienen suerte de conseguir el tal empleo, si se hacen
profesionales, médicos,
abogados, etc., lo único que consiguen es repetir la misma historia de
siempre, se casan,
sufren, tienen hijos y mueren sin haber despertado conciencia, mueren
sin haber tenido
conciencia de su propia vida. Eso es todo.
Las muchachas se casan, forman sus hogares, tienen hijos, se pelean con
los vecinos,
con el marido, con los hijos, se divorcian y se vuelven a casar,
enviudan, se vuelven viejas,
etc. y al fin mueren después de haber vivido DORMIDAS, INCONSCIENTES,
repitiendo
como siempre el mismo DRAMA DOLOROSO de la existencia.
NO quieren los MAESTROS y MAESTRAS de escuela darse cuenta cabal de que
todos los seres humanos tienen la conciencia dormida. Es urgente que los
maestros de
escuela también despierten para que puedan despertar a los estudiantes.
De nada sirve llenarnos la cabeza de teorías y más teorías y de citar al
Dante, a
Homero; a Virgilio, etc., si tenemos la conciencia dormida, si no
tenemos conciencia objetiva,
clara y perfecta sobre nosotros mismos, sobre las materias que
estudiamos, sobre la vida
práctica.
¿De qué sirve la educación si no nos hacemos creadores, conscientes,
inteligentes de
verdad?
La educación verdadera no consiste en saber leer y escribir. Cualquier
mentecato,
cualquier tonto puede saber leer y escribir.
Necesitamos ser INTELIGENTES y la INTELIGENCIA sólo
despierta en nosotros
cuando despierta la
CONCIENCIA.
La humanidad tiene un noventa y siete por ciento de SUBCONCIENCIA y tres
por
ciento de CONCIENCIA.
Necesitamos despertar la
CONCIENCIA, necesitamos convertir al SUBCONSCIENTE
en CONSCIENTE. Necesitamos tener un ciento
por ciento de conciencia.
El ser humano no sólo sueña cuando su cuerpo físico duerme, sino que
también
sueña cuando su cuerpo físico no duerme, cuando está en estado de
vigilia.
Es necesario dejar de soñar, es necesario despertar conciencia y ese
proceso del
despertar debe comenzar desde el hogar y desde la escuela.
El esfuerzo de los maestros debe dirigirse a la CONCIENCIA de los
estudiantes y no
únicamente a la memoria.
Los estudiantes deben aprender a pensar por sí mismos y no únicamente a
repetir
como loros o cotorros las teorías ajenas.
Los maestros deben luchar por acabarle el miedo a los estudiantes.
Los maestros deben permitirles a los estudiante, la libertad de disentir
y criticar
sanamente y en forma constructiva todas las teorías que estudian.
Es absurdo obligarles a aceptar en forma DOGMÁTICA todas las teorías que
se
enseñan en la escuela, el colegio o la universidad.
Es necesario que los estudiantes abandonen el miedo para que aprendan a
pensar
por sí mismos. Es urgente que los estudiantes abandonen el miedo para
que puedan analizar
las teorías que estudian.
El miedo es una de las barreras para la inteligencia. El estudiante con
miedo NO se
atreve a disentir y acepta como artículo de FE CIEGA, todo lo que digan
los distintos autores.
De nada sirve que los maestros hablen de intrepidez si ellos mismos
tienen miedo. Los
maestros deben estar libres del temor. Los maestros que temen a la
crítica, al qué dirán, etc.,
NO pueden ser verdaderamente inteligentes.
El verdadero objetivo de la educación debe ser acabar con el miedo y
despertar
conciencia.
¿De qué sirve pasar exámenes si continuamos miedosos e inconscientes?
Los maestros tienen el deber de ayudar a los estudiantes desde los
bancos de la
escuela para que sean útiles en la vida, pero mientras exista el miedo
nadie puede ser útil en
la vida.
La persona llena de temor no se atreve a disentir de la opinión ajena.
La persona llena de temor no puede tener libre iniciativa.
Es función de todo maestro, evidentemente, la de ayudar a todos y cada
uno de los
alumnos de su escuela a estar completamente libres del miedo, a fin de
que puedan actuar
en forma espontánea sin necesidad de que se les diga, de que se les
mande.
Es urgente que los estudiantes dejen el miedo para que puedan tener
libre iniciativa
espontánea y creadora.
Cuando los estudiantes por iniciativa propia, libre y espontánea puedan
analizar y
criticar libremente aquellas teorías que estudian, dejarán entonces de
ser meros entes
mecánicos, subjetivos y estúpidos.
Es urgente que exista la libre iniciativa para que surja la inteligencia
creadora en los
alumnos y alumnas.
Es necesario darle libertad de EXPRESIÓN CREADORA espontánea y sin
condicionamiento de ninguna especie, a todos los alumnos y alumnas a fin
de que puedan
hacerse conscientes de aquello que estudian.
El libre poder creativo sólo puede manifestarse cuando no tenemos miedo
a la crítica,
al que dirán, a la férula del maestro, a las reglas, etc. etc. etc.
La mente humana está degenerada por el miedo y el dogmatismo y se hace
URGENTE regenerarla mediante la libre iniciativa espontánea y libre de
miedo.
Necesitamos hacernos conscientes de nuestra, propia vida y ese proceso
del
despertar debe comenzar desde los mismos bancos de la escuela.
De poco nos habrá servido la escuela si salimos de ella inconscientes y
dormidos.
La abolición del miedo y la libre iniciativa dará origen a la acción
espontánea y pura.
Por libre iniciativa los alumnos y alumnas deberían tener derecho en
todas las
escuelas a discutir en asamblea todas las teorías que están estudiando.
Sólo así mediante la liberación del temor y la libertad de discutir,
analizar, MEDITAR, y
criticar sanamente lo que estemos estudiando, podemos hacernos
conscientes de esas
materias y no meramente loros o cotorros que repiten lo que acumulan en
la memoria.
Derrota, mi derrota, mi soledad y
mi aislamiento: Para mí eres más valiosa que mil triunfos,
Y más dulce para mi corazón que
toda la gloria mundanal.
Derrota, mi derrota, mi
conocimiento de mi mismo y mi desafío.
Tú me has enseñado que soy joven
aún y de pies ligeros y a no dejarme engañar por laureles vanos.
Y en ti he encontrado la dicha de
estar solo Y la alegría de ser alejado y despreciado.
Derrota, mi derrota, mi fulgurante
espada y mi escudo:
En tus ojos he leído que ser
entronizado es ser esclavizado, y que ser comprendido es ser derribado. Y que
ser apresado es llegar a la propia madurez Y como un fruto maduro, caer y ser
objeto de consumo.
Derrota, mi derrota, mi audaz
compañera:
Oirás mis cantos, mis gritos y
silencios, y nadie mas que tú me hablará del batir de las alas. De la
impetuosidad de los mares. Y de montañas que arden en la noche.
Y sólo tú escalarás mi inclinada y
rocosa alma. Derrota, mi derrota, mi valor indómito inmortal. Tú y yo reiremos
juntos con la tormenta.
Y juntos cavaremos tumbas para todo lo
que muere en nosotros. Y hemos de erguirnos al sol, como una sola voluntad. Y seremos
peligrosos.
CAPÍTULO III No
hay para qué cargues a los otros estas obligaciones, pues cuando fuiste a
buscarlos no fue tanto para estar con ellos cuanto porque no podías estar
contigo. Aunque concurran en esto todos los ingenios que resplandecieron en
todas las edades, no acabarán de ponderar suficientemente esta niebla de los
humanos entendimientos. Algunos no consienten que nadie les ocupe sus
heredades; y por pequeña que sea la diferencia que se ofrece en asentar los
linderos, vienen a las piedras y a las armas; y tras eso, no sólo consienten
que otros se les entren en su vida, sino que ellos mismos introducen a los que
han de ser los poseedores de ella. Ninguno hay que quiera repartir sus dineros,
habiendo muchos que distribuyen su vida: muéstrense miserables en guardar su
patrimonio, y cuando se llega a la pérdida de tiempo, son pródigos de aquello
en que fuera justificada la avaricia. Deseo llamar a alguno de los ancianos, y
pues tú lo eres, habiendo llegado a lo último de la edad humana, teniendo cerca
de cien años o más, ven acá, llama a cuentas a tu edad. Dime, ¿cuánta parte de
ella te consumió el acreedor, cuánta el amiga, cuánta la República y cuánta tus
allegados, cuánta los disgustos con tu mujer, cuánta el castigo de los
esclavos, cuánta el apresurado paseo por la ciudad en cumplimiento de tus
obligaciones sociales? Junta a esto las enfermedades tomadas con tus manos,
añade el tiempo que se pasó en ociosidad, y hallarás que tienes muchos menos de
los que cuentas. Trae a la memoria si tuviste algún día firme determinación, y
si le pasaste en aquello para que le habías destinado. Qué uso tuviste de ti
mismo, cuándo estuvo tu rostro en su ser, cuándo el ánimo sin temores; qué cosa
hayas hecho para ti en tan larga edad; cuántos hayan sido los que te han robado
la vida, sin entender tú lo que perdías; cuánto tiempo te han quitado el vano
dolor, la ignorante alegría, la hambrienta codicia y la entretenida conversación:
y viendo lo poco que a ti te has dejado de ti, juzgarás que mueres malogrado. CAPITULO
IV ¿Cuál,
pues, es la causa de esto? El vivir como si hubiérades de vivir para siempre,
sin que vuestra fragilidad os despierte. No observáis el tiempo que se os ha pasado,
y así gastáis de él como de caudal colmado y abundante, siendo contingente que
el día que tenéis determinado para alguna acción sea el último de vuestra vida.
Teméis como mortales todas las cosas, y como inmortales las deseáis. Oirás
decir a muchos que en llegando a cincuenta años se han de retirar a la quietud,
y que el de sesenta les jubilará de todos los oficios y cargos.
Dime, cuando esto propones, ¿qué seguridad tienes de tan larga vida? ¿Quién te
consentirá ejecutar lo que dispones? ¿No te avergüenzas de reservarte para las
sobras de la vida, destinando a la virtud solo aquel tiempo que para ninguna
cosa es de provecho? jOh, cuán tardía acción es comenzar la vida cuando se
quiere acabar! ¡Qué necio olvido de la mortalidad es diferir los santos consejos
hasta los cincuenta años, comenzando a vivir en edad a que son pocos los que
llegan! A muchos de los poderosos que ocupan grandes puestos oirás decir que
codician la quietud, que la alaban y la prefieren a todos los bienes; que
desean (si con seguridad lo pudiesen hacer) bajar de aquella altura; porque
cuando falten males exteriores que les acometan y combatan, la misma buena
fortuna se cae de suyo. CAPÍTULO
V
El divo Augusto, a quien los Dioses concedieron más bienes que a otro alguno,
andaba siempre deseando la quietud, y pidiendo le descargasen del peso de la
República. Todas sus pláticas iban enderezadas a planear su descanso, y con
este dulce aunque fingido consuelo de que algún día había de vivir para sí,
entretenía sus trabajos. En una carta que escribió al Senado, en que se
prometía un descanso digno sin renunciar a su antigua gloria, hallé estas
palabras: «Aunque estas cosas se hacen con mas gloria que se prometen, la
alegría de llegar al deseado tiempo me ha puesto tan adelante, que aunque aún
está lejos, me recreo y recibo deleite con la dulzura de estas pláticas.» De
tan grande importancia juzgaba ser la quietud, que ya que no podía conseguirla,
se deleitaba en hablar de ella. Aquél que veía pender todas las cosas de su
voluntad, y el que hacía felices a todas las naciones; ése cuidaba gustoso del
día en que se había de desnudar de aquella grandeza. Conocía por experiencia
cuánto sudor le habían costado aquellos bienes, que en todas partes
resplandecen, y cuánta parte de encubiertas congojas encierran, habiéndose
hallado forzado a pelear primero con sus ciudadanos, después con sus
compañeros, y últimamente con sus deudos, derramando sangre en mar y tierra.
Acosado por Macedonia, Sicilia, Egipto, Siria y Asia, y casi por todas las
demás provincias del orbe, pasó a combatir al exterior con sus ejércitos,
cansados de mortandad romana, mientras pacificaba los Alpes y domaba los
enemigos mezclados en la paz y en el Imperio; y mientras ensanchaba los
linderos pasándolos del Rin, Eufrates y Danubio, se estaban afilando contra él
en la misma ciudad de Roma las espadas de Murena, de Escipión, de Lépido y los
Egnacios. Apenas había deshecho las asechanzas de éstos, cuando su propia hija
y muchos mancebos nobles, unidos por el adulterio como si fuera con juramento,
ponían temor a su quebrantada vejez: después de lo cual le quedaba una
mujer a quien temer otra vez con Antonio. Cortaba estas llagas, cortando los
miembros, y al punto nacían otras; y como en cuerpo cargado con mucha sangre,
siempre manaba alguna parte de él. Finalmente deseaba la quietud, y en la
esperanza y pensamiento de ella descansaban sus trabajos. Éste era el deseo de
quien podía hacer que todos consiguiesen los suyos. Marco Tulio Cicerón,
perseguido de los Catilinas, Clodios, Pompeyos y Crasos, los unos enemigos
manifiestos, y otros no seguros amigos; mientras arrimando el hombro sostuvo a
la República que se iba a caer, padeció con ella tormentas; apartado
finalmente, y no quieto con los prósperos sucesos, y mal sufrido con los
adversos, abominó muchas veces de aquél su consulado tan sin fin, aunque no sin
causa alabado. ¡Qué lamentables palabras pone en una carta que escribió a Ático
después de vencido Pompeyo, estando su hijo rehaciendo en España las
quebrantadas armas! «¿Pregúntasme (dice) qué hago aquí? Estoyme en mi Tusculano
medio libre.» Y añadiendo después otras razones, en que lamenta la edad pasada,
se queja de la presente, y desconfía de la venidera. Llamóse Cicerón medio
libre, y verdaderamente no le convenía tomar tan abatido apellido, pues el
varón sabio no es medio libre, siempre goza de entera y sólida libertad: y
siendo suelto, y gozando de su derecho, sobrepuja a los demás, no pudiendo
haber quien tenga dominio en aquél que tiene imperio sobre la fortuna (2). CAPÍTULO
VI Habiendo
Livio Druso, hombre áspero y vehemente, promovido las nuevas leyes y los daños
de Graco, estando acompañado de grande concurso de toda Italia, y no habiendo
antevisto el fin de las cosas, que ni podía ejecutar, ni tenía libertad para
retroceder en ellas, detestando su vida desde la inquieta niñez, se cuenta que
dijo que él solo era quien, ni siendo muchacho, había tenido un día de
descanso. Atrevióse, antes de salir de la edad pupilar y de quitarse la ropa
pretexta, a favorecer con los jueces las causas de los culpados, interponiendo
su favor con tanta eficacia, que consta haber violentado algunos pareceres.
¿Hasta dónde no había de llegar tan anticipada ambición? Claro está que aquélla
tan acelerada audacia había de parar en grande mal particular y público. Tarde,
pues, se quejaba de que no había tenido un día de quietud, habiendo sido
sedicioso desde niño y peligroso en los Tribunales. Dúdase si se mató él mismo:
porque cayó habiendo recibido una repentina herida en la ingle; dudando alguno
si en él fue la muerte voluntaria o venida justo en ocasión. Superfluo será el
referirnos a muchos que, siendo tenidos de los demás por dichosísimos, dieron
ellos mismos verdadero testimonio de sí; pero en estas quejas ni se enmendaron,
ni enmendaron a otros: porque al mismo tiempo que las publicaban con palabras,
volvían los afectos a su antigua costumbre. Lo cierto es que aunque llegue
nuestra vida a mil años, se reduce a ser muy corta. En cada siglo se consumen
todas las cosas, siendo forzoso que este espacio de tiempo en que corre la
naturaleza, por mucho que se apresure la razón, se nos huya con toda ligereza:
porque ni impedimos ni detenemos el curso de la cosa más veloz, antes
consentimos se vaya como si no fuese necesaria y se pudiese recuperar. En
primer lugar pongo aquéllos que jamás están desocupados sino para el vino y
Venus (3), porque éstos son los más torpemente entretenidos; que los demás que
pecan engañados con apariencia de gloria vana yerran con cubierta de bien. Ora
me hables de los avarientos, ora de los airados, ora de los guerreros, todos
éstos pecan más varonilmente; pero la mancha de los inclinados a sensualidad y
deleites es torpe. Examina los días de éstos, mira el tiempo que se les va en
contar, en acechar, en temer, en reverenciar, y cuánto tiempo les ocupan sus
conciertos y los ajenos, cuánto los convites (que ya vienen a tenerse por
oficio), y conocerás que ni sus males ni sus bienes los dejan respirar.
Finalmente, es doctrina comúnmente recibida que ninguna acción de los ocupados
en estas cosas puede ser acertada; no la elocuencia ni las artes liberales,
porque el ánimo estrechado no es capaz de cosas grandes, antes las desecha como
holladas; y el hombre ocupado en ninguna cosa tiene menor dominio que en su
vida, por ser dificultosísima la ciencia de vivir. CAPÍTULO
VII
De las demás artes, donde quiera se encuentran muchos profesores, y algunas hay
que aun los muy niños las han aprendido de modo que las pueden enseñar; mas la
de vivir, toda la vida se ha de ir estudiando, y lo que más se debe ponderar es
que toda ella se ha de gastar en aprender a morir. Muchos grandes varones,
habiendo dejado todos los embarazos, renunciando las riquezas, oficios y
entretenimientos, no se ocuparon en otra cosa hasta el remate de su vida sino
en el arte de saber vivir; y muchos de ellos murieron confesando que aun no
habían llegado a conseguirla: ¿cómo, pues, la sabrán los que no la estudian?
Créeme que es de hombres grandes, y que sobrepujan a los humanos errores, no
consentir que se les usurpe un instante de tiempo, con lo cual viene a ser
larguísima su vida, porque todo lo que ella se extendió fue para ellos, no
consintiendo hubiese cosa ociosa y sin cultivar; no entregaron parte alguna al
ajeno dominio, porque no hallaron equivalente recompensa con que permutar el
tiempo; y así fueron vigilantísimos guardadores de él, con lo cual les fue
suficiente: al contrario es forzoso les falte a los que el pueblo ha quitado
mucha parte de la vida. Y no entiendas que éstos dejan de conocer que de
aquella causa les procede este daño: a muchos de éstos, a quienes la grande
felicidad agobia, oirás exclamar, entre la caterva de sus paniagudos o con el
despacho de los negocios o en las demás honrosas miserias, que no les es
permitido vivir. ¿Se maravillan de que no les sea permitido vivir? Todos
aquéllos que se le allegan le apartan de sí. ¿Cuántos días te quitó el preso,
cuántos el pretendiente, cuántos la vieja cansada de enterrar herederos,
cuántos el que se fingió enfermo para despertar la avaricia de los que codician
su herencia, cuántos el amigo poderoso que te tiene no para amistad sino para
ostentación? Haz (te ruego) un avanzo, y cuenta los días de tu vida, y verás
cuán pocos y desechados han sido los que has tenido para ti. El otro, que llegó
a conseguir el consulado que tanto pretendió, desea dejarlo y dice: «¿Cuándo se
acabará este año?» Tiene el otro a su cargo las fiestas, habiendo hecho gran
aprecio de que le cayó por suerte la comisión, y dice: «¿Cuándo saldré de este
cuidado?» Escogen a uno para abogado entre todos los demás, y llénase el
Tribunal de gente para oírle aun hasta donde no alcanza su voz, y dice:
«¿Cuándo se acabará de sentenciar este pleito?» Cada cual precipita su vida,
trabajando con el deseo de lo futuro y con el hastío de lo presente. Pero aquél
que aprovecha para sí todo su tiempo, y el que ordena todos sus días para que
le sean de vida, ni desea ni teme al día venidero; porque ¿qué cosa le puede
acarrear que le sea disgusto? Conocidas tiene con hartura todas las cosas; en
lo demás disponga la fortuna como quisiere, que ya la vida de éste está en
puerto seguro; podrásele añadir algo, pero quitar no; sucediéndole lo que al
estómago, que estando satisfecho y no cargado, admite algún manjar sin haberle
apetecido.
¿Para qué nos
quejamos de la naturaleza, pues ella se hubo con nosotros benignamente? Larga
es la vida, si la sabemos aprovechar. A uno detiene la insaciable avaricia, a
otro la cuidadosa diligencia de inútiles trabajos; uno se entrega al vino, otro
con la ociosidad se entorpece; a otro fatiga la ambición pendiente siempre de
ajenos pareceres; a unos lleva por diversas tierras y mares la despeñada
codicia de mercancías con esperanzas de ganancia; a otros atormenta la militar
inclinación, sin jamás quedar advertidos con los ajenos peligros ni
escarmentados con los propios. Hay otros que en veneración no agradecida hacia
sus superiores consumen su edad en voluntaria servidumbre; a muchos detiene la
emulación de ajena fortuna, o el aborrecimiento de la propia; a otros trae una
inconstante y siempre descontenta liviandad, vacilando entre varios pareceres;
y algunos hay que no agradándose de ocupación alguna a que dirijan su carrera,
los hallan los hados marchitos y vocezando de tal manera, que no dudo ser
verdad lo que en forma de oráculo dijo el mayor de los poetas: pequeña parte de
vida es la que vivimos: porque lo demás es espacio, y no vida, sino tiempo. Por
todas partes los cercan apretantes vicios, sin dar lugar a que se levanten
jamás y sin permitir que pongan los ojos en el rostro de la verdad; y
teniéndolos sumergidos y asidos en sus deseos, los oprimen. Nunca se les da
lugar a que vuelvan sobre sí, y si acaso tal vez les llega alguna no esperada quietud,
aun entonces andan fluctuando, sucediéndoles lo que al mar, en quien después de
pacificados los vientos quedan alteradas las olas, sin que jamás les solicite
el descanso a dejar sus deseos. ¿Piensas que hablo de solos aquéllos cuyos
males son notorios? Pon los ojos en los demás, a cuya felicidad se arriman
muchos, y verás que aun éstos se ahogan con sus propios bienes. ¿A cuántos son
molestas sus mismas riquezas? ¿A cuántos ha costado su sangre el vano deseo de
ostentar su elocuencia en todas ocasiones? ¿Cuántos, con sus continuos
deleites, se han puesto pálidos? ¿A cuántos no ha dejado un instante de
libertad el frecuente requerimiento de sus paniaguados? Pasa, pues, desde los
más ínfimos a los más empinados, y verás que éste es citado a juicio, el otro
asiste, aquél peligra, éste defiende y otro sentencia, consumiéndose los unos
en los otros. Pregunta la vida de éstos cuyos nombres se celebran, y verás que
se conocen por las señales, que éste es reverenciador de aquél, aquél del otro,
y ninguno de sí. Con lo cual es ignorantísima la indignación de algunos que se
quejan del sobrecejo de los superiores, cuando no los hallan desocupados al ir
a visitarlos. ¿Es posible que los que, aun sin tener ocupación y sin estar
jamás desocupados para sí mismos, tengan atrevimiento para condenarlos por
soberbia? El otro, séase el que se fuere, por lo menos tal vez, aunque con
rostro insolente, puso los ojos en ti, tal vez te oyó, y tal vez te admitió a
su lado, y tú jamás te has dignado de mirarte ni oírte.
Hay un periodo cuando los padres quedan huérfanos de sus hijos. Es que los niños crecen independientes de nosotros,
como arboles murmurantes y pajaros imprudentes.
Crecen sin pedir permiso a la vida. Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia.
Pero no crecen todos los días, de igual manera, crecen de repente.
Un día se sientan cerca de tí en la terraza y te dicen una frase con tal naturalidad
que sientes que no puedes más ponerle pañales.
Donde quedaron la placita de jugar en la arena, las fiestitas de cumpleaños
con payasos y los juguetes preferidos?...
El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.
Ahora estás allí, en la puerta de la discoteca, esperando que él
o ella no solo crezca, sino aparezca.
Allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando sobre patines y cabellos largos y sueltos.
Allá estan nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas en las esquinas, con el uniforme de su generación, e incómodas mochilas de moda en los hombros.
Allí estamos, con los cabellos casi emblanquecidos.
Esos son los hijos que conseguimos generar y amar a pesar de los golpes, de los vientos, de las cosechas, de las noticias, y observando y aprendiendo con nuestros errores y aciertos.
Principalmente con los errores que esperamos que no repitan.
Hay un periodo en que los padres van quedando un poco huerfanos de los propios hijos...
Ya no los buscaremos más de las puertas de las discotecas y de las fiestas.
Pasó el tiempo del piano, el ballet, el inglés, natacion y el karate.
Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.
Deberíamos haber ido más junto a su cama al anochecer, para oir su alma
respirando conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia..
Y a los adolescentes cubrecamas de aquellas piezas llenas de calcomanías,
posters, agendas coloridas y discos ensordecedores.
No los llevamos suficientemente al cine, a los juegos,
no les dimos suficientes hamburguesas y bebidas,
no les compramos todos los helados y ropas que nos hubiera gustado comprarles.
Ellos crecieron, sin que agotasemos con ellos todo nuestro afecto.
Al principio fueron al campo o fueron a la playa entre discusiones, galletitas,
congestionamiento, navidades, pascuas, piscinas y amigos..
Sí, había peleas dentro del auto, la pelea por la ventana , los pedidos de chicles y reclamos sin fin.
Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó
a ser un esfuerzo, un sufrimiento, pues era imposible dejar el grupo de amigos y primeros amorios.
Los padres quedaban exiliados de los hijos. "Tenían la soledad que siempre desearon", pero de repente, morían de nostalgia de aquellas "pestes".
Llega el momento en que solo nos resta quedar mirando desde lejos, torciendo y
rezando mucho (en ese tiempo, si nos habiamos olvidado, recordamos cómo rezar) para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad, y que la conquisten del modo más completo posible.
El secreto es esperar... En cualquier momento nos pueden dar nietos. El nieto es la hora del cariño ocioso y picardía no ejercida en los propios hijos, y que no puede morir con nosotros.
Por eso, los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño.
Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto.
Así somos, solo aprendemos a ser hijos después que somos padres, solo aprendemos a ser padres después que somos abuelos...
Todos conocemos los
siguientes términos que hacen referencia al esfuerzo y la perseverancia como:
"No queme etapas"
En la vida, nada sucede sin una explicación, ciertas
etapas de aprendizaje no siempre son agradables, perose debe pasar por ellaspara poder preparar losretos del futuro.
Para expresar este pensamiento, déjame que te cuente la
historia de la mariposa.
Un día mientras caminaba por un parque, una mujer notó en
la rama de un arbusto, una crisálida con un pequeño agujero. La mujer detuvo su
caminar para observar el trabajo de la mariposa tratando de salir de este
agujero. Después de varios momentos
deactividaddecalma. Nada pasaba en el interior de la
crisálida. Era como si la mariposa había abandonado. Parecía que la mariposa
había hecho todo lo que podía y no podía moverse más.
Así, el buen samaritano decidió ayudar a la naturaleza
mediante el uso de un cuchillo para agrandar la abertura. La mariposa salió de
inmediato, pero su cuerpo era delgado y adormecido, y sus alas eran de muy
frágil y se movió un poquito.
La mujer siguió mirando, esperando que de un momento
aotrolas alas dela mariposa se
abrieran para que sus alas pudieran soportary facilitar el despegue delcuerpo del insecto. Pero
desgraciadamente no fue el caso!
La mariposa pasó el resto de su vidaarrastrándose por el suelo con su cuerpo
delgado y las alas arrugadas. Nunca pudo volar.
La moraleja de esta
historia es quela mujer llena de
buenasintenciones, no entendía que el
paso por el estrecho agujero en la crisálida era el esfuerzo necesario para que
la mariposa pudieratransmitirla fuerza de su cuerpo a sus alas para poder
volar. La mujer no sabía que para la mariposaerala etapa difícil pero
necesaria que la vida le ofrecía para que pudiera desarrollar y crecer y así
poder hacer frente a su misión de volar y volar, que es la razón misma de su
existencia.
Lamujer no sabia que en el proceso de
nacimientola mariposa contenía en su
interior la energía necesaria para triunfar en sus primeros esfuerzos, pues la
naturaleza le había dado le necesario.
Cuantas veces por amorvolvemos incapacesa las personas más cercanas
Muchas veces en
nuestras vidas, tenemos una visión simple yde cortoplazo. Siempre debemos
recordar que cuando estamos en un período de nuestro desarrollo más difícil,
por lo general no es gratuito. Los momentos difícilesmuchas veces es para liberarnos de los
grandes obstáculos del futuro.
En su libro Ilusiones o la historia de un Mesías renuente,
el autor Richard Bach escribió la siguiente frase "Para la oruga, el fin
del mundo es el capullo. Para la mariposa, el capullo es el comienzo de su vida
real! "
Si pudiéramos vivir nuestras vidas sin obstáculos,
estaríamos limitados, no seriamos fuertes. Nunca podríamos volar.
Existe un tiempo que los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos...
Crecen independientes de nosotros y sin pedirnos permiso.
No crecen todos los días, crecen de repente.
Un día, se sientan cerca y con naturalidad, dicen cosas que nos indica que
crecieron .
¿Cuándo sucedió que no me di cuenta?.
¿Dónde quedaron las fiestitas infantiles, los juegos en la arena, los paseos
por la plaza, la calesita, los cumpleaños con títeres?
Allí estaban alegres y ruidosos entre hamburguesas y gaseosas, ó los descubro,
reunidos en las esquinas con el uniforme de su generación y sus incómodas
mochilas en la espalda.
Crecieron aprendiendo de errores y aciertos en familia.
Pasó el tiempo y nuestro cabello se fue tornando cano...
Existe un tiempo en que los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos...
Ya no los buscamos en los cumpleaños de los amiguitos, en las puertas del
colegio, de las discotecas ó los cines.
Pasó muy rápido ése hermoso momento, de pronto salieron del asiento de atrás y
pasaron al volante para conducir sus propias vidas.
Crecieron muy rápido, sin que por ello dejáramos de quererlos y
preocuparnos.
De pequeños juntos íbamos de pesca ó a reuniones con amigos y todas las fiestas
eran compartidas.
Después, llegó el tiempo en que viajar con los padres se transformó en esfuerzo
y sufrimiento, no podían dejar a sus amigos y a sus primeros amores.
Hoy entiendo mejor aquella sentencia de mi querido e inolvidable amigo Alberto
Galli , que repetía una y otra vez, “..disfrútalos mucho ahora que son chicos,
porque pronto perderás el control y te dejarán solo”.
Llegó el momento en que los miramos de lejos, algunos en silencio.
El secreto es esperar...
En cualquier momento nos darán nietos.
El nieto es la hora del cariño y la picardía no ejercida en los propios hijos.
Debemos disfrutar de ciertas cosas en la vida, antes de que nuestros hijos
crezcan.
Aprendemos a ser hijos, después de ser padres y sólo aprendemos a ser padres,
después de ser abuelos.
Aprendemos a vivir, después que la vida se nos pasó...
Mi alma y yo fuimos a bañarnos al gran mar. Y al llegar a la playa,
empezamos a buscar un sitio solitario y escondido.
Pero mientras caminábamos por la playa vimos a un hombre sentado en una
roca gris, que tomaba de un saco puñados de sal y los arrojaba al mar.
-Este es el pesimista -dijo mi alma-. Vámonos de aquí, pues no podemos
bañarnos en presencia del pesimista. Seguimos caminando, hasta llegar a una
caleta; allí vimos, de pie en una roca blanca, a un hombre que llevaba un cofre
enjoyado, del que tomaba azúcar para arrojarla al mar.
-Y este es el optimista -dijo mi alma-, tampoco él debe ver nuestros
cuerpos desnudos.
Seguimos caminando. Y en otro lugar de la playa vimos a un hombre que
tomaba con la mano peces muertos, y los devolvía al agua.
-Tampoco podemos bañarnos enfrente de este hombre -dijo mi alma-, pues
este es el filántropo.
Y seguimos nuestro camino.
Luego nos encontramos a un hombre que trazaba el contorno de su sombra
en la arena. Llegaban grandes olas y borraban el trazo; sin embargo, aquel
hombre seguía una y otra vez dibujando su sombra.
-Este es el místico -dijo mi alma-. Apartémonos de él.
Y seguimos caminando, hasta que en otra calmada ensenada vimos a otro
hombre, que recogía espuma del mar y la vertía en un vaso de alabastro.
-Este es el idealista -dijo mi alma-. De ninguna manera debe ver nuestra
desnudez.
Y seguimos caminando. De pronto, oímos una voz, que gritaba:
- ¡Este es el mar; el vasto y poderoso mar!
Y al acercarnos vimos que era un hombre que daba la espalda al mar y que
aplicaba un caracol a su oído, para oír el murmullo marino.
-Pasemos de largo -dijo mi alma-. Este
es el realista; el que da la espalda a todo lo que no puede abarcar de una
mirada, y se contenta con un fragmento del todo.
Y pasamos de largo. Y en un lugar lleno de maleza, entre las rocas, un
hombre había enterrado su cabeza en la arena. Y le dije a mi alma:
-Nos podemos bañar aquí, pues este hombre no puede vernos.
-No -dijo mi alma-. Porque éste es el más mortífero de todos los
hombres; es el puritano. -Luego, una gran tristeza se reflejó en el rostro de
mi alma, y también entristeció su voz. -Vámonos de aquí -dijo-. Pues no hay
ningún solitario y oculto lugar donde podamos bañarnos. No dejaré que este
viento juegue con mi cabellera de oro, ni dejaré que este viento acaricie mi
seno desnudo, ni que esta luz descubra mi sagrada desnudez.
Y luego abandonamos aquel mar, para ir en busca del Mar Mayor.
“En Medellín durante las décadas de 1950 y 1960 se conformó un extraño mundo
que integró la protesta con la resignación, las más bellas formas artísticas y
literarias con la vida ruda y repugnante de los bajos fondos, la espiritualidad
con el crudo materialismo, lo esotérico con el mundanal diario… Era un extraño
mundo en el que convivían los cultores del poeta Porfirio Barba Jacob y los
seguidores del profeta Gonzalo Arango con la cultura lumpesca y de barriada que
encontró su expresión en el personaje popular que hacía ostentación del consumo
de marihuana, el camaján, que vestía vistosamente: pantalones verdes o morados,
bota ceñida y bastante alta (sostenida con cargaderas), camisa con mangas
remangadas, cuello levantado y chaqueta bastante larga. Caminaba lentamente,
con movimiento rítmico de brazos. Era lo que llamaban un man legal, pero que
constituía el terror de los barrios residenciales, pues las señoras le
atribuían los peores crímenes y depravaciones, contribuyendo a ello la jerga
esotérica de transposición de sílabas: misaca (camisa), lonpanta (pantalón),
pinrieles (zapatos), o los nombres de la marihuana: yerba, mona, maracachafa,
grifa, bareta, marimba. Era la época en que la nota musical de esa subcultura
se oía en la Sonora
Matancera y Daniel Santos, el inquieto anacobero. Para
entonces, a comienzos de los años 60, ya se habían hecho realidad las palabras
de otro nadaísta: ‘La marihuana es el opio del pueblo, por su bajo precio
naturalmente'”. Mario Arango, Algo va del camaján al traquetero, en Impacto del
narcotráfico en Antioquia, Medellín, 1988, pgs. 23-24.
Para 1958, cuando Gonzalo Arango Arias publicó su primer manifiesto, Colombia
era ya un país en ruinas no sólo económica, sino social y moralmente. La
dictadura había concluido la tarea malhechora de los gobiernos de Mariano
Ospina Pérez, Laureano Gómez y Roberto Urdaneta Arbeláez, y la clase dirigente,
una de las más perversas oligarquías latinoamericanas que surgieron luego de la
muerte del Libertador, se disponía a repartirse el presupuesto nacional y la
libertad de asociación y expresión, de manera paritaria, en los futuros veinte
años. La dictadura de Rojas Pinilla instauró el culto a la personalidad, la
censura a la prensa, cerrando diarios y emisoras y creando la Televisora Nacional
como su principal instrumento de propaganda, con Gloria Valencia de Castaño y
Fernando González Pacheco como sus iconos inmortales, asesinando estudiantes,
volando barrios enteros con dinamita y masacrando opositores durante corridas
de toros.
Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez, los dos polos de esta perfidia,
inventaron el Frente Nacional y procedieron a desmontar la cultura colombiana
desde sus mismos cimientos y desde los ministerios de educación, justicia,
trabajo y con la ayuda de una gran mayoría de los intelectuales de izquierda y
el liberalismo, borraron primero la memoria colectiva, la historia y las
literaturas, a fin de crear un nuevo estado donde todos los colombianos
guardaran silencio, pasaran hambres inmemoriales, ningún pobre pudiese ir a la
escuela y todo el país, pero especialmente las mujeres, recibieran ese regalo
del cielo que se llama todavía control de la natalidad, para cuyo propósito el
doctor Lleras Restrepo creó el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, una
suerte de fornicación sin pan, que la oligarquía regaló a los pobres. Todo fue
inventado en el Frente Nacional, y todo llevó a la creación de la más grande
república del narcotráfico jamás imaginada, donde una minoría de delincuentes
iba a elegir los gobiernos de Julio César Turbay, Alfonso López Michelsen,
Belisario Betancur, Virgilio Barco, César Gaviria Trujillo y Ernesto Samper,
cambiaría la Constitución
centenaria por una de bolsillo para no ser extraditados y serían los únicos
capaces de arruinar ideológicamente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia, haciéndoles sus socios. A todo ello contribuyó la batahola, la
garrulería, el narcisismo, la chabacanería y oportunismo de los adeptos[1] de
Gonzalo Arango Arias, con notables excepciones, por supuesto. Precisamente las
de los únicos poetas que nacieron para su desgracia bajo esa estrella polar. Entre
1956 y 1968, Colombia vivió la más grande recesión de su historia en el siglo
XX.
Y fue en esos años cuando Gonzalo Arango Arias decidió competir con los
ciclistas de la vuelta a Colombia y los actores de las novelas radiales --Lejos
del nido y Albertico Limonta--, por un público que sigue siendo una inmensa
mayoría analfabeta, mientras la otra inmensa minoría, la que supuestamente oía
una radio de “música culta”, veía los filmes de la nouvelle vague en la Cinemateca de
Colseguros y leía a Camus, Sartre, de Bouvoir, Rochefort, Sagan, Miller y
otros. Y no habría tenido el éxito que tuvo si la llamada Gran Prensa, los periódicos
de la oligarquía y sus emisoras de radio y televisión, no se hubieran hecho eco
de los desplantes, bufonadas, patanerías, quemas de libros y efigies de
escritores, y las blasfemias y sacrilegios que cometieron los nadaístas en
Medellín, Cali, Barranquilla y Manizales. Porque a los directores de los
periódicos y los noticieros también el Nadaísmo ofreció una distracción y
alguna rebeldía en un país que estaba sumido en un baño de sangre que lo sacaba
de otro baño de sangre que venía del confín de los siglos. Sin la complacencia
y socarrona aprobación de Eduardo Mendoza Varela y Gonzalo González, alias GOG
y el mismo Guillermo Cano Isaza, el Nadaísmo no hubiese existido. Cerca de
trescientos artículos de los nadaístas fueron publicados en los suplementos
literarios de El Tiempo y El Espectador en esos años triunfales del Nadaísmo y
no pocos reportajes y noticias se encuentran en el cuerpo de los diarios. El
estado de cosas que pretendían derruir los nadaístas, o mejor Gonzalo Arango
Arias, era ahora quien les bendecía y absolvía, y celebraba con ciertas furias
que en últimas eran risas. Y sus fingidas rupturas prosódicas, lo que teje las
ideas, terminaron por ser una ética de la más perversa lógica: como no podían
vencer al establecimiento y sus guerras e injusticias, había que sacarle el
mejor partido posible: y entonces los más sobresalientes “nadaístas” fueron los
más grandes delincuentes y criminales que ha tenido Colombia con las más
fabulosas fortunas de nuestra historia. Algo iba, ciertamente, del camaján al
traquetero.
El Nadaísmo fue la otra cara de esa moneda que ofreció Mito. Las dos
expresiones de nuestra nacionalidad fueron estrictamente coetáneas. Pero una
significaba la cultura, y la otra la barbarie. Mientras Gaitán Durán publicaba
la revista más importante que haya tenido Colombia, Gonzalo Arango Arias
quemaba libros y se endiosaba a sí mismo y servía de taparrabos de una maldad
llamada Frente Nacional. Y el destino de sus supervivientes fue también
melancólico. Los que sobrevivieron de mito terminaron en brazos de los
gobiernos de lo que más detestaron. Los nadaístas son hoy parte del
establecimiento, con preclaras excepciones, repito y concluyo. Y es por todo
esto que Germán Arciniegas y Gonzalo Arango Arias, aparentes extremos encontrados
en su tiempo, tienen razón cuando afirman que:
“El Nadaísmo es un producto natural de una época pervertida. Época de culturas
dirigidas por analfabetos. Entre nosotros, es la consecuencia inmediata de las
dictaduras” (Germán Arciniegas, El Nadaísmo es algo, El Tiempo, julio 1958).
“Las revoluciones artísticas y científicas las hacen los Einstein, los Picasso,
los Barnard. Para pensar nosotros en hacer este tipo de revoluciones tendríamos
que empezar por terminar el bachillerato”. (Gonzalo Arango Arias, Correspondencia
violada, 1980, p. 270)
[1] Entre los jóvenes escritores y artistas de entonces que figuraron como
nadaístas recordamos a Alberto Sierra; Alberto Escobar; Amilkar Osorio o
Amil-kar U; Armando Romero; Darío Lemos; David Bonells Rovira; Dukardo
Hinostroza, Eduardo Escobar, Elkin Restrepo; Elmo Valencia o El Monje Loco;
Fanny Buitrago; Guillermo Trujillo; Humberto Navarro; Jaime Espinel; Jorge
Orlando y Moisés Melo; José Javier Jorge o Álvaro Medina; José Mario Arbeláez,
o J. Mario; Juan Manuel Roca Vidales; Malgrem Restrepo, Mario Cataño o Mario
Rivero; Pablus Gallinazus; William Agudelo y X-504 o Jaime Jaramillo Escobar. Refiriéndose
a ellos, a quienes conoció y soportó en la Librería Aguirre
de Medellín, dijo Alberto Aguirre (Una figurita endeble, en Suplemento
Dominical de El Colombiano, Medellín, 23 de Octubre de 1993): “El grupito tenía
la psicología del vago, el cinismo del vago, que se puede tomar, visto desde
hoy, como un bohemio intelectual. Pero no, eran vagos. […] La de los nadaístas
fue una generación que mostró una tremenda incultura. No leían. […] En realidad
no leían. Ellos no hacían sino beber y fumar marihuana. Bebían mucho en el
Metropol. Tomaban mucho trago, trasnochaban y dormían todo el día. No había
realmente una tertulia intelectual, entre ellos o con ellos. Su obra literaria
es solitaria. Del Nadaísmo quedan pocas cosas”
Si das con una buena mujer serás feliz; y si no te volverás filósofo, lo que siempre es útil para el hombre.
Pitigrilli (1893-1975) Escritor italiano.
Es difícil crear ideas y fácil crear palabras; de ahí el éxito de los filósofos.
André Maurois (1885-1967) Novelista y ensayista francés.
Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.
René Descartes (1596-1650) Filósofo y matemático francés.
Una gran filosofía no es la que instala la verdad definitiva, es la que produce una inquietud.
Charles Péguy (1873-1914) Escritor francés.
Es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de sus principios.
Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso.
Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo.
Karl Marx (1818-1883) Filósofo y economista alemán.
La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en torno al ser.
Platón (427 AC-347 AC) Filósofo griego.
La filosofía es la que nos distingue de los salvajes y bárbaros; las naciones son tanto más civilizadas y cultas cuanto mejor filosofan sus hombres.
René Descartes (1596-1650) Filósofo y matemático francés.
La experiencia y la filosofía que no conducen a la indulgencia y a la caridad, son dos adquisiciones que no valen lo que cuestan.
Alejandro Dumas (hijo) (1824-1895) Escritor francés.
Los humoristas y los filósofos dicen muchas tonterías, pero los filósofos son más ingenuos y las dicen sin querer.
En cierta catedral una campana había, que sólo se tocaba algún solemne día.
Con el más recio son, con pausado compás cuatro golpes o tres solía dar no más.
Por esto, y ser mayor de la ordinaria marca, celebrada fue siempre en toda la comarca.
Tenía la ciudad en su jurisdicción una aldea infeliz, de corta población,
siendo su parroquial una pobre iglesita con chico campanario, a modo de una ermita, y un rajado esquilón pendiente en medio de él, era allí el que hacía el principal papel.
A fin de que imitase aqueste campanario al de la catedral, dispuso el vecindario que despacio y muy poco el dicho esquilón se hubiese de tocar en tal cual función; y pudo aquello tanto en la gente aldeana,
que el esquilón pasó por una gran campana.
Muy verosímil es; pues que la gravedadsuple en muchos así por la capacidad; dígnanse rara vez de despegar sus labios,y piensan que con esto imitan a los sabios.
Con hablar poco y gravemente, logran muchos opinión de hombres grandes.
Maximes
Nos vertus ne sont, le plus souvent, que des vices déguisés
Ce que nous prenons pour des vertus n'est souvent qu'un assemblage de diverses actions et de divers intérêts, que la fortune ou notre industrie savent arranger; et ce n'est pas toujours par valeur et par chasteté que les hommes sont vaillants, et que les femmes sont chastes.
L'amour-propre est le plus grand de tous les flatteurs.
Quelque découverte que l'on ait faite dans le pays de l'amour-propre, il y reste encore bien des terres inconnues.
L'amour-propre est plus habile que le plus habile homme du monde.
La durée de nos passions ne dépend pas plus de nous que la durée de notre vie.
La passion fait souvent un fou du plus habile homme, et rend souvent les plus sots habiles.
Ces grandes et éclatantes actions qui éblouissent les yeux sont représentées par les politiques comme les effets des grands desseins, au lieu que ce sont d'ordinaire les effets de l'humeur et des passions Ainsi la guerre d'Auguste et d'Antoine, qu'on rapporte à l'ambition qu'ils avaient de se rendre maîtres du monde, n'était peut-être qu'un effet de jalousie.
Les passions sont les seuls orateurs qui persuadent toujours. Elles sont comme un art de la nature dont les règles sont infaillibles; et l'homme le plus simple qui a de la passion persuade mieux que le plus éloquent qui n'en a point.
Les passions ont une injustice et un propre intérêt qui fait qu'il est dangereux de les suivre, et qu'on s'en doit défier lors même qu'elles paraissent les plus raisonnables.
Il y a dans le coeur humain une génération perpétuelle de passions, en sorte que la ruine de l'une est presque toujours l'établissement d'une autre.
Les passions en engendrent souvent qui leur sont contraires. L'avarice produit quelquefois la prodigalité, et la prodigalité l'avarice; on est souvent ferme par faiblesse, et audacieux par timidité.
Quelque soin que l'on prenne de couvrir ses passions par des apparences de piété et d'honneur, elles paraissent toujours au travers de ces voiles.
Notre amour-propre souffre plus impatiemment la condamnation de nos goûts que de nos opinions.
Les hommes ne sont pas seulement sujets à perdre le souvenir des bienfaits et des injures; ils haïssent même ceux qui les ont obligés, et cessent de haïr ceux qui leur ont fait des outrages. L'application à récompenser le bien, et à se venger du mal, leur paraît une servitude à laquelle ils ont peine de se soumettre.
La clémence des princes n'est souvent qu'une politique pour gagner l'affection des peuples.
Cette clémence dont on fait une vertu se pratique tantôt par vanité, quelquefois par paresse, souvent par crainte, et presque toujours par tous les trois ensemble.
La modération des personnes heureuses vient du calme que la bonne fortune donne à leur humeur.
La modération est une crainte de tomber dans l'envie et dans le mépris que méritent ceux qui s'enivrent de leur bonheur; c'est une vaine ostentation de la force de notre esprit; et enfin la modération des hommes dans leur plus haute élévation est un désir de paraître plus grands que leur fortune.
Nous avons tous assez de force pour supporter les maux d'autrui.
La constance des sages n'est que l'art de renfermer leur agitation dans le coeur.
Ceux qu'on condamne au supplice affectent quelquefois une constance et un mépris de la mort qui n'est en effet que la crainte de l'envisager. De sorte qu'on peut dire que cette constance et ce mépris sont à leur esprit ce que le bandeau est à leurs yeux.
La philosophie triomphe aisément des maux passés et des maux à venir. Mais les maux présents triomphent d'elle.
Peu de gens connaissent la mort. On ne la souffre pas ordinairement par résolution, mais par stupidité et par coutume; et la plupart des hommes meurent parce qu'on ne peut s'empêcher de mourir.
Lorsque les grands hommes se laissent abattre par la longueur de leurs infortunes, ils font voir qu'ils ne les soutenaient que par la force de leur ambition, et non par celle de leur âme, et qu'à une grande vanité près les héros sont faits comme les autres hommes.
Il faut de plus grandes vertus pour soutenir la bonne fortune que la mauvaise.
Le soleil ni la mort ne se peuvent regarder fixement.
On fait souvent vanité des passions même les plus criminelles; mais l'envie est une passion timide et honteuse que l'on n'ose jamais avouer.
La jalousie est en quelque manière juste et raisonnable, puisqu'elle ne tend qu'à conserver un bien qui nous appartient, ou que nous croyons nous appartenir; au lieu que l'envie est une fureur qui ne peut souffrir le bien des autres.
Le mal que nous faisons ne nous attire pas tant de persécution et de haine que nos bonnes qualités.
PENSÉES d'Epictète
Épictète : Philosophe stoïcien, né à Hiérapolis, en Phrygie. Il fut l'esclave d¹un affranchi de Néron, Épaphrodite, dans la seconde moitié du premier siècle de l¹ère chrétienne. Il suivit les cours du stoïcien Musonius Rufus. Affranchi par Épaphrodite, il ouvrit sa propre école de philosophie à Rome, ensuite dans la ville grecque de Nicopolis (Épire). Arrien, futur historien et haut fonctionnaire sous l'empereur Hadrien, fut un de ses élèves. Les notes prises par Arrien constituent la source principale sur l'enseignement d'Épictète.
Le traducteur :
André Dacier né à Castres (1651-1722), philologue et secrétaire perpétuel de l'Académie Française.
I. DE toutes les choses du monde, les unes dépendent de nous, les autres n'en dépendent pas. Celles qui en dépendent sont nos opinions, nos mouvements, nos désirs, nos inclinations, nos aversions ; en un mot, toutes nos actions.
II. CELLES qui ne dépendent point de nous sont le corps, les biens, la réputation, les dignités ; en un mot, toutes les choses qui ne sont pas du nombre de nos actions.
III. LES choses qui dépendent de nous sont libres par leur nature, rien ne peut ni les arrêter, ni leur faire obstacle ; celles qui n'en dépendent pas sont faibles, esclaves, dépendantes, sujettes à mille obstacles et à mille inconvénients, et entièrement étrangères.
IV. SOUVIENS-TOI donc que, si tu crois libres les choses qui de leur nature sont esclaves, et propres à toi celles qui dépendent d'autrui, tu rencontreras à chaque pas des obstacles, tu seras affligé, troublé, et tu te plaindras des dieux et des hommes. Au lieu que si tu crois tien ce qui t'appartient en propre, et étranger ce qui est à autrui, jamais personne ne te forcera à faire ce que tu ne veux point, ni ne t'empêchera de faire ce que tu veux ; tu ne te plaindras de personne ; tu n'accuseras personne ; tu ne feras rien, pas même la plus petite chose, malgré toi ; personne ne te fera aucun mal, et tu n'auras point d'ennemi, car il ne t'arrivera rien de nuisible.
V. ASPIRANT donc à de si grands biens, souviens-toi que tu ne dois pas travailler médiocrement pour les acquérir, et que, en ce qui concerne les choses extérieures, tu dois entièrement renoncer aux unes, et remettre les autres à un autre temps. Car si tu cherches à les accorder ensemble, et que tu poursuives et ces véritables biens et les richesses et les dignités, peut-être n'obtiendras-tu même pas ces dernières, pour avoir désiré les autres ; mais certainement tu manqueras d'acquérir les biens qui peuvent seuls faire ta liberté et ton bonheur.
VI. AINSI, devant toute imagination pénible, sois prêt à dire : « Tu n'es qu'une imagination, et nullement ce que tu parais. » Ensuite, examine-la bien, approfondis-la, et, pour la sonder, sers-toi des règles que tu as apprises, surtout de la première, qui est de savoir si la chose qui te fait de la peine est du nombre de celles qui dépendent de nous, ou de celles qui n'en dépendent pas ; et, si elle est du nombre de celles qui ne sont pas en notre pouvoir, dis-toi sans balancer : « Cela ne me regarde pas. »
VII. SOUVIENS-TOI que la fin de tes désirs, c'est d'obtenir ce que tu désires, et que la fin de tes craintes, c'est d'éviter ce que tu crains. Celui qui n'obtient pas ce qu'il désire est malheureux, et celui qui tombe dans ce qu'il craint est misérable. Si tu n'as donc de l'aversion que pour ce qui est contraire à ton véritable bien, et qui dépend de toi, tu ne tomberas jamais dans ce que tu crains. Mais si tu crains la mort, la maladie ou la pauvreté, tu seras misérable. Transporte donc tes craintes, et fais-les tomber des choses qui ne dépendent point de nous, sur celles qui en dépendent ; et, pour tes désirs, supprime-les entièrement pour le moment. Car, si tu désires quelqu'une des choses qui ne sont pas en notre pouvoir, tu seras nécessairement malheureux ; et, pour les choses qui sont en notre pouvoir, tu n'es pas encore en état de connaître celles qu'il est bon de désirer. En attendant donc que tu le sois, contente-toi de rechercher ou de fuir les choses, mais doucement, toujours avec des réserves, et sans te hâter.
VIII. DEVANT chacune des choses qui te divertissent, qui servent à tes besoins, ou que tu aimes, n'oublie pas de te dire en toi-même ce qu'elle est véritablement. Commence par les plus petites. Si tu aimes un pot de terre, dis-toi que tu aimes un pot de terre ; et, s'il se casse, tu n'en seras point troublé. Si tu aimes ton fils ou ta femme, dis-toi à toi-même que tu aimes un être mortel ; et s'il vient à mourir, tu n'en seras point troublé.
IX. QUAND tu es sur le point d'entreprendre une chose, mets-toi bien dans l'esprit ce qu'est la chose que tu vas faire. Si tu vas te baigner, représente-toi ce qui se passe d'ordinaire dans les bains publics, qu'on s'y jette de l'eau, qu'on s'y pousse, qu'on y dit des injures, qu'on y vole. Tu iras ensuite plus sûrement à ce que tu veux faire, si tu te dis auparavant : « Je veux me baigner, mais je veux aussi conserver ma liberté et mon indépendance, véritable apanage de ma nature. » Et de même sur chaque chose qui arrivera. Car, de cette manière, si quelque obstacle t'empêche de te baigner, tu auras cette réflexion toute prête : « Je ne voulais pas seulement me baigner, mais je voulais aussi conserver ma liberté et mon indépendance ; et je ne les conserverais point, si je me fâchais. »
X. CE qui trouble les hommes, ce ne sont pas les choses, mais les opinions qu'ils en ont. Par exemple, la mort n'est point un mal, car, si elle en était un, elle aurait paru telle à Socrate, mais l'opinion qu'on a que la mort est un mal, voilà le mal. Lors donc que nous sommes contrariés, troublés ou tristes, n'en accusons point d'autres que nous-mêmes, c'est-à-dire nos opinions.
XI. ACCUSER les autres de ses malheurs, cela est d'un ignorant ; n'en accuser que soi-même, cela est d'un homme qui commence à s'instruire ; et n'en accuser ni soi-même ni les autres, cela est d'un homme déjà instruit.
XII. NE te glorifie jamais d'aucun avantage étranger. Si un cheval disait avec orgueil : « Je suis beau, » cela serait supportable ; mais toi, quand tu dis avec fierté : « J'ai un beau cheval, » sache que c'est d'avoir un beau cheval que tu te glorifies. Qu'y a-t-il donc là qui soit à toi ? L'usage que tu fais de ton imagination. C'est pourquoi lorsque, dans l'usage que tu feras de ton imagination, tu suivras la nature, alors tu pourras te glorifier, car tu te glorifieras d'un bien qui est à toi.
XIII. SI, dans un voyage sur mer, ton vaisseau entre dans un port, et que l'on t'envoie faire de l'eau, tu peux, chemin faisant, ramasser un coquillage ou cueillir un champignon, mais tu dois avoir toujours ta pensée à ton vaisseau, et tourner souvent la tête, de peur que le pilote ne t'appelle, et, s'il t'appelle, il faut jeter tout et courir, de peur que, si tu fais attendre, on ne te jette dans le vaisseau pieds et poings liés comme une bête. Il en est de même dans le voyage de cette vie : si, au lieu d'un coquillage ou d'un champignon, on te donne une femme ou un enfant, tu peux les prendre ; mais, si le pilote t'appelle, il faut courir au vaisseau et tout quitter, sans regarder derrière toi. Et, si tu es vieux, ne t'éloigne pas trop du navire, de peur que le pilote venant à t'appeler tu ne sois pas en état de le suivre.
XIV. NE demande point que les choses arrivent comme tu les désires, mais désire qu'elles arrivent comme elles arrivent, et tu prospéreras toujours.
XV. LA maladie est un obstacle pour le corps, mais non pour la volonté, à moins que celle-ci ne faiblisse. « Je suis boiteux. » Voilà un empêchement pour mon pied ; mais pour ma volonté, point du tout. Sur tous les accidents qui t'arriveront, dis-toi la même chose ; et tu trouveras que c'est toujours un empêchement pour quelque autre chose, et non pas pour toi.
XVI. A CHAQUE objet qui se présente, souviens-toi de rentrer en toi-même et d'y chercher quelle vertu tu as pour bien user de cet objet. Si tu vois un beau garçon ou une belle fille, tu trouveras contre ces objets une vertu, qui est la continence. Si c'est quelque peine, quelque travail, tu trouveras le courage ; si ce sont des injures, des affronts, tu trouveras la résignation et la patience. Si tu t'accoutumes ainsi à déployer sur chaque accident la vertu que la nature t'a donnée pour le combattre, tes imaginations ne t'emporteront jamais.
XVII. NE dis jamais, sur quoi que ce soit : « J'ai perdu cela » mais : « Je l'ai rendu. » Ton fils est mort ? tu l'as rendu. Ta femme est morte ? tu l'as rendue. On t'a pris ta terre ? voilà encore une restitution que tu as faite. -- Mais celui qui me l'a prise est un méchant. -- Que t'importe par les mains de qui celui qui te l'a donnée a voulu te la retirer ? Pendant qu'il te la laisse, uses-en comme d'une chose qui ne t'appartient point, comme les voyageurs usent des hôtelleries.
XVIII. SI tu veux avancer dans l'étude de la sagesse, laisse la tous ces raisonnements : « Si je néglige mes affaires, je serai bientôt ruiné et je n'aurai pas de quoi vivre ; si je ne châtie pas mon esclave, il deviendra méchant. » Car il vaut mieux mourir de faim après avoir banni les soucis et les craintes, que de vivre dans l'abondance avec inquiétude et avec chagrin. Il vaut mieux que ton esclave soit méchant, que toi misérable. Commence donc par les petites choses. On a renversé ton huile ? on t'a dérobé ton vin ? Dis-toi : « C'est à ce prix que l'on achète la tranquillité, c'est à ce prix que l'on achète la liberté ; on n'a rien pour rien. » Quand tu appelleras ton esclave, pense qu'il peut ne pas t'entendre, ou que, t'ayant entendu, il peut ne rien faire de ce que tu lui as commandé. « Mais, diras-tu, mon esclave se trouvera fort mal de ma patience et deviendra incorrigible. » -- Oui, mais tu t'en trouveras fort bien, puisque, grâce à lui, tu apprendras à te mettre hors d'inquiétude et de trouble.
XIX. SI tu veux avancer dans l'étude de la sagesse, ne refuse point, sur les choses extérieures, de passer pour imbécile et pour insensé.
XX. NE cherche point à passer pour savant, et, si tu passes pour un personnage dans l'esprit de quelques-uns, défie-toi de toi-même. Sache qu'il n'est pas facile de conserver à la fois et ta volonté conforme à la nature et les choses du dehors ; mais il faut de toute nécessité qu'en t'attachant à l'un, tu négliges l'autre.
XXI. SI tu veux que tes enfants et ta femme et tes amis vivent toujours, tu es fou ; car tu veux que les choses qui ne dépendent point de toi en dépendent, et que ce qui est à autrui soit à toi. De même, si tu veux que ton esclave ne fasse jamais de faute, tu es fou ; car tu veux que le vice ne soit plus vice, mais autre chose. Veux-tu n'être pas frustré dans tes désirs ? Tu le peux : ne désire que ce qui dépend de toi.
XXII. LE véritable maître de chacun de nous est celui qui a le pouvoir de nous donner ou de nous ôter ce que nous voulons ou ne voulons pas. Que tout homme donc, qui veut être libre, ne veuille et ne fuie rien de tout ce qui dépend des autres, sinon il sera nécessairement esclave.
XXIII. SOUVIENS-TOI que tu dois te conduire dans la vie comme dans un festin. Un plat est-il venu jusqu'à toi ? étendant ta main avec décence, prends-en modestement. Le retire-t-on ? ne le retiens point. N'est-il point encore venu ? n'étends pas au loin ton désir, mais attends que le plat arrive enfin de ton côté. Uses-en ainsi avec des enfants, avec une femme, avec les charges et les dignités, avec les richesses, et tu seras digne d'être admis à la table même des dieux. Et si tu ne prends pas ce qu'on t'offre, mais le rejettes et le méprises, alors tu ne seras pas seulement le convive des dieux, mais leur égal, et tu régneras avec eux. C'est en agissant ainsi que Diogène, Héraclite et quelques autres ont mérité d'être appelés des hommes divins, comme ils l'étaient en effet.
XXIV. QUAND tu vois quelqu'un qui pleure, soit parce qu'il est en deuil, soit parce que son fils est au loin, soit parce qu'il a perdu ses biens, prends garde que ton imagination ne t'emporte et ne te séduise en te persuadant que cet homme est effectivement malheureux à cause de ces choses extérieures ; mais fais en toi-même cette distinction, que ce qui l'afflige, ce n'est point l'accident qui lui est arrivé, car un autre n'en est point ému, mais l'opinion qu'il en a. Si pourtant c'est nécessaire, ne refuse point de pleurer avec lui et de compatir à sa douleur par tes discours ; mais prends garde que ta compassion ne passe au dedans et que tu ne sois affligé véritablement.
XXV. SOUVIENS-TOI que tu es acteur dans une pièce, longue ou courte, où l'auteur a voulu te faire entrer. S'il veut que tu joues le rôle d'un mendiant, il faut que tu le joues le mieux qu'il te sera possible. De même, s'il veut que tu joues celui d'un boiteux, celui d'un prince, celui d'un plébéien. Car c'est à toi de bien jouer le personnage qui t'a été donné ; mais c'est à un autre de te le choisir.
XXVI. LORSQUE le corbeau jette un croassement de mauvais augure, que ton imagination ne t'emporte point, mais aussitôt fais en toi-même une distinction et dis : « Aucun des malheurs présagés par cet augure ne me regarde ; ces malheurs regardent ou mon chétif corps, ou mon petit bien, ou ma petite réputation, ou mes enfants, ou ma femme. Pour moi, il n'y a que d'heureux présages, si je le veux ; car, quoi qu'il arrive, il dépend de moi d'en tirer du bien. »
XXVII. Tu peux être invincible, si tu n'engages jamais aucun combat ou il ne dépende pas absolument de toi de vaincre.
XXVIII. PRENDS bien garde qu'en voyant quelqu'un comblé d'honneurs, ou élevé à une grande puissance, ou florissant de quelque autre manière, prends bien garde, dis-je, qu'emporté et séduit par ton imagination, tu ne le trouves heureux. Car, si l'essence du véritable bien consiste dans les choses qui dépendent de nous, ni l'envie, ni l'émulation, ni la jalousie n'auront plus de lieu, et toi-même, tu ne voudras être ni général, ni sénateur, ni consul, mais libre ; or, une seule voie y mène : le mépris des choses qui ne dépendent point de nous.
XXIX. SOUVIENS-TOI que ce n'est ni celui qui te dit des injures, ni celui qui te frappe, qui t'outrage ; mais c'est l'opinion que tu as d'eux, et qui te les fait regarder comme des gens dont tu es outragé. Quand quelqu'un donc te chagrine et t'irrite, sache que ce n'est pas cet homme-là qui t'irrite, mais ton opinion. Efforce-toi donc, avant tout, de ne pas te laisser emporter par ton imagination ; car, si une fois tu gagnes du temps et quelque délai, tu seras plus facilement maître de toi-même.
XXX. QUE la mort et l'exil et toutes les autres choses qui paraissent terribles soient tous les jours devant tes yeux, surtout la mort, et tu n'auras jamais de pensée basse, et tu ne désireras rien avec trop d'ardeur.
XXXI. Tu veux devenir philosophe. Prépare-toi sur-le-champ à être raillé, et persuade-toi bien que le peuple va te siffler et dire : « Ce philosophe nous est venu en une nuit. D'où lui vient ce sourcil arrogant ? » Pour toi, n'aie point ce sourcil superbe ; mais attache-toi fortement aux maximes qui t'ont paru les meilleures et les plus belles. Et souviens-toi que, si tu y demeures ferme, ceux même qui se sont d'abord moqués de toi t'admireront ensuite ; au lieu que, si tu cèdes à leurs insultes, tu en seras doublement moqué.
XXXII. SI jamais il t'arrive de te tourner vers les choses du dehors dans le but de plaire à quelqu'un, sache que tu es déchu de ton état. Qu'il te suffise donc, en tout et partout, d'être philosophe. Et si de plus tu veux le paraître, contente-toi de le paraître à tes propres yeux, et cela suffit.
XXXIII. QUE ces sortes de pensées et de raisonnements ne te troublent point : « Je serai méprisé ; je ne serai rien dans le monde. » Car, si le mépris est un mal, tu ne peux être dans le mal par le moyen d'un autre, non plus que dans le vice. Dépend-il de toi d'avoir les premières charges ? Dépend-il de toi d'être invité à un festin ? Nullement. Comment se peut-il donc que ce soit encore là un mépris et un déshonneur pour toi ? Comment se peut-il que tu ne sois rien dans le monde, toi qui ne dois être quelque chose que dans ce qui dépend de toi, et en quoi tu peux te rendre très considérable ? « Mais mes amis seront sans aucun secours de ma part. » -- Qu'est-ce à dire, sans aucun secours ? Tu ne leur donneras point d'argent ? Tu ne les feras pas citoyens romains ? Qui donc t'a dit que ces choses sont du nombre de celles qui sont en notre pouvoir, et qu'elles n'appartiennent pas à d'autres qu'à nous ? Et qui peut donner aux autres ce qu'il n'a pas lui-même ? « Amasse du bien, dira quelqu'un, afin que nous en ayons aussi. » -- Si je puis en avoir en conservant la pudeur, la modestie, la fidélité, la magnanimité, montrez-moi le chemin qu'il faut prendre pour devenir riche, et je le serai. Mais si vous voulez que je perde mes véritables biens afin que vous en acquériez de faux, voyez vous-mêmes combien vous tenez la balance inégale, et à quel point vous êtes ingrats et inconsidérés. Qu'aimez-vous mieux ? l'argent, ou un ami sage et fidèle ? Ah ! aidez-moi plutôt à acquérir ces vertus, et n'exigez point que je fasse des choses qui me les feraient perdre. -- « Mais, diras-tu encore, ma patrie ne recevra de moi nuls services. » Quels services ? Elle n'aura pas de toi des portiques ? Elle n'aura pas des bains ? Eh ! qu'est-ce que cela ? Elle n'aura pas non plus des souliers d'un forgeron, ni des armes d'un cordonnier. Or, il suffit que chacun remplisse son état et fasse son ouvrage. Mais si, par ton exemple, tu donnais à ta patrie un autre citoyen sage, modeste et fidèle, ne lui rendrais-tu aucun service ? Certainement tu lui en rendrais un, et un fort grand ; tu ne lui serais donc pas inutile. -- « Quel rang aurai-je donc dans la cité ? » -- Celui que tu pourras obtenir en te conservant fidèle et modeste. Mais si, voulant la servir, tu perds ces vertus, quels services tirera-t-elle désormais de toi, quand tu seras devenu impudent et perfide ?
XXXIV. QUELQU'UN t'a été préféré dans un festin, dans un conseil, dans une visite. Si ce sont là des biens, tu dois te réjouir de ce qu'ils sont arrivés à ton prochain. Et si ce sont des maux, ne t'afflige point de ce que tu en es exempt. Mais souviens-toi que, ne faisant pas, pour obtenir les choses qui ne dépendent point de nous, les démarches que font ceux qui les obtiennent, il est impossible que tu en sois également partagé. Car comment celui qui ne va jamais à la porte d'un grand seigneur en sera-t-il aussi bien traité que celui qui y est tous les jours ? celui qui ne l'accompagne point quand il sort, que celui qui l'accompagne ? celui qui ne le flatte ni ne le loue, que celui qui ne cesse de le flatter et de le louer ? Tu es donc injuste et insatiable, si, ne donnant point les choses avec lesquelles on achète toutes ces faveurs, tu veux les avoir pour rien. Combien vend-on les laitues au marché ? Une obole. Si donc ton voisin donne une obole et emporte sa laitue, et que toi, ne donnant point ton obole, tu t'en retournes sans laitue, ne t'imagine point avoir moins que lui ; car, s'il a sa laitue, toi, tu as ton obole, que tu n'a pas donnée. Il en est de même ici. Tu n'as pas été invité à un festin ? C'est que tu n'as pas payé au maître du festin le prix auquel il le vend. Ce prix, c'est une louange, une visite, une complaisance, une dépendance. Donne donc le prix, si la chose t'accommode. Mais si, sans donner le prix, tu veux avoir la marchandise, tu es insatiable et injuste. N'as-tu donc rien qui puisse tenir la place de ce festin ou tu n'as point été ? Tu as certainement quelque chose qui vaut mieux que le festin, c'est de n'avoir pas loué celui que tu n'aurais pas voulu louer, et de n'avoir pas souffert à sa porte son orgueil et son insolence.
XXXV. Nous pouvons apprendre le dessein de la nature par les choses sur lesquelles nous ne sommes pas en différend entre nous. Par exemple, lorsque l'esclave de ton voisin a cassé une coupe ou quelque autre chose, tu ne manques pas de lui dire, pour le consoler, que c'est un accident très ordinaire. Sache donc que, quand on cassera une coupe qui est à toi, il faut que tu sois aussi tranquille que tu l'étais quand celle de ton voisin a été cassée. Transporte cette maxime aux choses plus importantes. Quand le fils ou la femme d'un autre meurt, il n'y a pas un homme qui ne dise que cela est attaché à l'humanité. Mais que le fils ou la femme de ce même homme vienne à mourir, aussitôt on n'entend que pleurs, que cris, que gémissements : « Que je suis malheureux ! Je suis perdu ! » Il faudrait cependant se rappeler les sentiments que nous éprouvons en apprenant que les mêmes accidents sont arrivés à d'autres.
XXXVI. COMME on ne met pas un but pour le manquer, de même la nature du mal n'existe point dans le monde.
XXXVII. SI quelqu'un livrait ton corps à la discrétion du premier venu, tu en serais sans doute très fâché ; et lorsque toi-même tu abandonnes ton âme au premier venu, afin que, s'il te dit des injures, elle en soit émue et troublée, tu ne rougis point !
XXXVIII. DANS toute affaire, avant que de l'entreprendre, regarde bien ce qui la précède et ce qui la suit, et entreprends-la après cet examen. Si tu n'observes cette conduite, tu auras d'abord du plaisir dans tout ce que tu feras, parce que tu n'en auras pas envisagé les suites ; mais à la fin, la honte venant à paraître, tu seras rempli de confusion.
XXXIX. TU voudrais bien être couronné aux jeux olympiques. Et moi aussi, en vérité, car cela est très glorieux. Mais examine bien auparavant ce qui précède et ce qui suit une pareille entreprise. Tu peux l'entreprendre après cet examen. Il te faut observer la discipline, manger de force, t'abstenir de tout ce qui flatte le goût, faire tes exercices aux heures marquées, par le froid, par le chaud ; ne boire ni eau fraîche ni vin que modérément ; en un mot, il faut te livrer sans réserve au maître d'exercices, comme à un médecin, et, après cela, aller combattre aux jeux. Là tu peux être blessé, te démettre le pied, avaler beaucoup de poussière, être parfois fouetté, et, après tout cela, être vaincu. Quand tu auras bien pesé tout cela, va, si tu veux, va être athlète. Si tu ne prends pas ces précautions, tu ne feras que niaiser et que badiner comme les enfants, qui tantôt contrefont les lutteurs, tantôt les gladiateurs, qui maintenant jouent de la trompette, et un instant après représentent des tragédies. II en sera de même de toi : tu seras tantôt athlète, tantôt gladiateur, tantôt rhéteur, après tout cela philosophe, et, dans le fond de l'âme, tu ne seras rien. Comme un singe, tu imiteras tout ce que tu verras faire, et tous les objets te plairont tour à tour, car tu n'as point examiné ce que tu voulais faire, mais tu t'y es porté témérairement, sans aucune circonspection, guidé par ta seule cupidité et par ton caprice. C'est ainsi que beaucoup de gens, voyant un philosophe, ou entendant dire à quelqu'un qu'Euphratès parle bien (qui est-ce qui peut parler comme lui ?) veulent aussitôt être philosophes.
XL. MON ami, considère premièrement la nature de l'affaire que tu entreprends, et ensuite examine ta propre nature, pour voir si elle est assez forte pour porter ce fardeau. Tu veux être pentathle, ou gladiateur ? Vois tes bras, considère tes cuisses, examine tes reins, car nous ne sommes pas nés tous pour la même chose. Tu veux être philosophe ? Penses-tu qu'en embrassant cette profession, tu pourras manger comme les autres, boire comme eux, renoncer comme eux à tous les plaisirs ? Il faut veiller, travailler, s'éloigner de ses parents et de ses amis, être le jouet d'un esclave, avoir le dessous partout, dans la poursuite des honneurs, des charges, dans les tribunaux, en un mot dans toutes les affaires. Considère bien tout cela, et vois si tu veux acheter à ce prix la tranquillité, la liberté, la constance. Sinon, applique-toi à toute autre chose, et ne fais pas comme les enfants, ne sois pas aujourd'hui philosophe, demain publicain, ensuite rhéteur, et après cela l'intendant de César. Ces choses ne s'accordent point. Il faut que tu sois un seul homme, et un seul homme bon ou mauvais ; il faut que tu t'appliques à ce qui regarde ton âme, ou à ce qui regarde ton corps ; il faut que tu travailles à acquérir les biens intérieurs, ou les biens extérieurs, c'est-à-dire qu'il faut que tu soutiennes le caractère d'un philosophe ou d'un homme du commun.
XLI. LES devoirs se mesurent en général aux relations où nous nous trouvons placés. C'est ton père ? Il t'est ordonné d'en avoir soin, de lui obéir en tout, de souffrir ses réprimandes et ses mauvais traitements. -- Mais c'est un mauvais père. -- Eh quoi ! mon ami, la nature t'a-t-elle lié nécessairement à un bon père ? Non, mais à un père. Ton frère te fait injustice ? Conserve à son égard ton rang de frère, et ne regarde pas ce qu'il fait, mais ce que tu dois faire, et l'état où se trouvera ta liberté, si tu fais ce que la nature veut que tu fasses. Car un autre ne t'offensera, ne te blessera jamais, si tu ne le veux, et tu ne seras blessé que lorsque tu croiras l'être. Par ce moyen donc, tu seras toujours content de ton voisin, de ton concitoyen, de ton général, si tu t'accoutumes à avoir toujours ces relations devant les yeux.
XLII. SACHE que le principe et le fondement de la religion consiste à avoir des dieux des opinions droites et saines, à croire qu'ils sont, qu'ils étendent leur providence sur tout, qu'ils gouvernent le monde avec sagesse et justice ; que tu es ici-bas pour leur obéir, pour prendre en bonne part tout ce qui t'arrive, et pour y acquiescer volontairement et de tout ton coeur, comme à des choses qui viennent d'une providence très bonne et très sage. De cette manière tu ne te plaindras jamais des dieux, et tu ne les accuseras jamais de n'avoir pas soin de toi. Mais tu ne peux avoir ces sentiments qu'en renonçant à tout ce qui ne dépend point de nous, et qu'en faisant consister tes biens et tes maux dans ce qui en dépend. Car, si tu prends pour un bien ou pour un mal quelqu'une de ces choses étrangères, il est de toute nécessité que, lorsque tu seras frustré de ce que tu désires, ou que tu tomberas dans ce que tu crains, tu te plaignes et que tu haïsses ceux qui sont la cause de tes malheurs. Car tout animal est né pour abhorrer et pour fuir ce qui lui paraît mauvais et nuisible et ce qui peut le causer, et pour aimer et rechercher ce qui lui paraît utile et bon et ce qui le cause. Il est donc impossible que celui qui croit être blessé se plaise à ce qu'il croit qui le blesse ; d'où il s'ensuit que personne ne se réjouit et ne se plaît dans son mal. Voilà d'où vient qu'un fils accable de reproches et d'injures son père, quand son père ne lui fait point part de ce qui passe pour des biens ; voilà ce qui rendit ennemis irréconciliables Étéocle et Polynice : ils regardaient le trône comme un grand bien. Voilà ce qui fait que le laboureur, le pilote, le marchand maudissent les dieux, et voilà enfin la cause des murmures de ceux qui perdent leurs femmes et leurs enfants. Car là où est l'utilité, là est aussi la piété. Ainsi tout homme qui a soin de régler ses désirs et ses aversions selon les règles prescrites, a soin de nourrir et d'augmenter sa piété. Dans ses libations, dans ses sacrifices et dans ses offrandes, chacun doit suivre la coutume de son pays, et les faire avec pureté, sans nonchalance aucune, sans négligence, sans irrévérence, sans mesquinerie, et aussi sans une somptuosité au-dessus de ses forces.
XLIII. QUAND tu vas consulter le devin, souviens-toi que tu ignores ce qui doit arriver, et que tu vas pour l'apprendre. Mais souviens-toi en même temps, si tu es philosophe, qu'en allant le consulter, tu sais fort bien de quelle nature est ce qui doit arriver. Car, si c'est une des choses qui ne dépendent point de nous, ce ne peut être assurément ni un bien, ni un mal pour toi. N'apporte donc auprès de ton devin ni inclination, ni aversion pour chose au monde, autrement tu trembleras toujours, mais sois persuadé et convaincu que tout ce qui arrivera est indifférent et ne te regarde point, et que, de quelque nature que cela soit, il dépendra de toi d'en faire un bon usage, personne ne pouvant t'en empêcher. Va donc avec confiance, comme si tu approchais des dieux, qui daignent bien te conseiller. Au reste, quand on t'aura donné quelques conseils, souviens-toi qui sont les conseillers à qui tu as eu recours, et qui sont ceux dont tu mépriseras les ordres si tu désobéis. Mais ne va au devin que comme Socrate voulait qu'on y allât, c'est-à-dire, n'y va que pour les choses qu'on ne peut connaître que par l'événement et qu'on ne peut prévoir ni par la raison, ni par les règles d'aucun autre art. Ainsi, quand il faudra t'exposer à de grands dangers pour un ami ou pour ta patrie, ne va pas consulter le devin pour savoir si tu dois le faire. Car si le devin te déclare que les entrailles de la victime sont mauvaises, il est évident que ce signe te présage ou la mort, ou des blessures, ou l'exil ; mais la droite raison te dit que, malgré toutes ces choses, on doit secourir son ami et s'exposer pour sa patrie. Obéis donc à un devin encore plus grand que celui que tu consultais, obéis à Apollon Pythien, qui chassa de son temple un homme qui n'avait pas secouru son ami qu'on assassinait.
XLIV. PRESCRIS-TOI désormais un certain caractère, une certaine règle que tu suivras toujours, que tu sois seul ou que tu sois avec les autres.
XLV. GARDE le silence le plus souvent, ou ne dis que les choses nécessaires, et dis-les en peu de mots. Il pourra arriver, mais rarement, que tu doives parler, quand l'occasion l'exigera ; mais ne parle jamais de choses triviales et communes : ne parle ni des combats de gladiateurs, ni des courses de chevaux, ni des athlètes, ni du boire, ni du manger, qui sont le sujet des conversations ordinaires. Surtout ne parle jamais des hommes, ni pour les blâmer, ni pour les louer, ni pour faire des comparaisons.
XLVI. SI tu le peux donc, fais tomber par tes discours la conversation de tes amis sur ce qui est décent et convenable ; et si tu te trouves avec des étrangers, garde le silence opiniâtrement.
XLVII. NE ris ni longtemps, ni souvent, ni avec excès.
XLVIII. REFUSE le serment en tout et partout, si cela est en ton pouvoir ; sinon, autant que l'occasion pourra le permettre.
XLIX. ÉVITE de manger dehors et fuis tous les festins publics ; mais si quelque occasion extraordinaire te force de te relâcher en cela, redouble alors d'attention sur toi-même, de peur que tu ne te laisses aller aux façons et aux manières de faire du peuple. Sache que, si l'un des conviés est impur, celui qui est assis près de lui, et qui fait comme lui, est nécessairement souillé, quelque pureté qu'il ait par lui-même.
L. N'USE des choses nécessaires au corps qu'autant que le demandent les besoins de l'âme, par exemple de la nourriture, des habits, du logement, des domestiques. Et rejette tout ce qui sent la mollesse ou la vanité.
LI. ABSTIENS-TOI des plaisirs de l'amour, si tu le peux, avant le mariage, et, si tu les goûtes, que ce soit au moins selon la loi. Mais ne sois pas sévère à ceux qui en usent, ne les reprends point avec aigreur, et ne te vante point à tout moment de ta continence.
LII. SI quelqu'un te rapporte qu'un tel a mal parlé de toi, ne t'amuse point à réfuter ce qu'on a dit, mais réponds simplement : « Celui qui a dit cela de moi ignorait sans doute mes autres vices, car il ne se serait pas contenté de ne parler que de ceux-là. »
LIII. IL n'est nullement nécessaire d'aller souvent au théâtre et aux jeux publics. Et, si tu y vas quelquefois par occasion, ne favorise aucun des partis et réserve tes faveurs et tes empressements pour toi-même, c'est-à-dire contente-toi de tout ce qui arrive, et sois satisfait que la victoire soit à celui qui a vaincu ; ainsi tu ne seras jamais ni fâché, ni troublé. Evite aussi de faire des acclamations, de grands éclats de rire et de grands mouvements. Et quand tu te seras retiré, ne parle pas longuement de tout ce que tu as vu, puisque cela ne peut servir à réformer tes moeurs, ni à te rendre plus honnête homme ; car ces longs entretiens témoignent que c'est le spectacle seul qui a attiré ton admiration.
LIV. NE va ni aux récits, ni aux lectures des ouvrages de certaines gens, ou du moins n'y va pas sans motif. Mais, si tu t'y trouves, conserve la gravité et la retenue, et une douceur qui ne soit mêlée d'aucune marque de chagrin et d'ennui.
LV. QUAND tu dois avoir quelque conversation avec quelqu'un, surtout avec quelqu'un des premiers de la ville, demande-toi ce qu'auraient fait en cette rencontre Socrate ou Zénon. Par ce moyen, tu ne seras point embarrassé pour faire ce qui est de ton devoir et pour user convenablement de tout ce qui se présentera.
LVI. QUAND tu vas faire ta cour à quelque homme puissant, représente-toi d'avance que tu ne le trouveras pas chez lui, ou qu'il se sera enfermé, ou qu'on ne daignera pas t'ouvrir sa porte, ou qu'il ne s'occupera pas de toi. Si, malgré cela, ton devoir t'y appelle, supporte tout ce qui arrivera, et ne t'avise jamais de dire ou de penser que « ce n'était pas la peine ». Car c'est là le langage d'un homme vulgaire, d'un homme sur qui les choses extérieures ont trop de pouvoir.
LVII. DANS le commerce ordinaire, garde-toi bien de parler mal à propos et trop longuement de tes exploits et des dangers que tu as courus ; car, si tu prends tant de plaisir à les raconter, les autres n'en prennent pas tant à les entendre.
LVIII. GARDE-TOI bien encore de jouer le rôle de plaisant. On est induit par là à glisser dans le genre de ceux qui ne sont pas philosophes, et en même temps cela peut diminuer les égards que les autres ont pour toi.
LIX. IL est aussi très dangereux de se laisser aller à des discours obscènes, et, quand tu te trouveras à ces sortes de conversations, ne manque pas, si l'occasion le permet, de tancer celui qui tient ces discours ; sinon, garde au moins le silence, et témoigne, par la rougeur de ton front et par la sévérité de ton visage, que ces sortes de conversations ne te plaisent point.
LX. SI ton imagination te présente l'image de quelque volupté, alors, comme toujours, veille sur toi, de peur qu'elle ne t'entraîne. Que cette volupté t'attende un peu, et obtiens de toi-même quelque délai. Ensuite compare les deux moments, celui de la jouissance et celui du repentir qui la suivra, et des reproches que tu te feras à toi-même, et oppose-leur la satisfaction que tu goûteras et les louanges que tu te donneras si tu résistes. Si tu trouves qu'il soit temps pour toi de jouir de ce plaisir, prends bien garde que ses amorces et ses attraits ne te désarment et ne te séduisent, et oppose-leur ce plaisir plus grand encore de pouvoir te rendre le témoignage que tu les as vaincus.
LXI. QUAND tu fais une chose, après avoir reconnu qu'elle est de ton devoir, n'évite point d'être vu en la faisant, quelque mauvais jugement que le peuple en puisse faire. Si l'action est mauvaise, ne la fais point ; si elle est bonne, pourquoi crains-tu ceux qui te condamneront sans raison et mal à propos ?
LXII. DE même que ces deux propositions : « Il est jour, Il est nuit, » sont très raisonnables quand elles sont séparées, qu'on en fait deux parties, et très déraisonnables si on les émet en même temps et que des deux parties on n'en fait qu'une ; ainsi, dans les festins, il n'y a rien de plus déraisonnable que de vouloir tout pour soi, sans aucun égard pour les autres. Quand donc tu seras prié à un repas, souviens-toi de ne penser pas tant à la qualité des mets qu'on servira et qui exciteront ton appétit, qu'à la qualité de celui qui t'a prié, et à conserver les égards et le respect qui lui sont dus.
LXIII. SI tu prends un rôle qui soit au-dessus de tes forces, non seulement tu le joues mal, mais tu abandonnes celui que tu pouvais remplir.
LXIV. COMME, en te promenant, tu prends bien garde de ne pas marcher sur un clou, et de ne pas te donner une entorse, prends garde de même de ne pas blesser la partie maîtresse de toi-même, la raison qui te conduit. Si, dans chaque action de notre vie, nous observons ce précepte, nous ferons tout plus sûrement.
LXV. LA mesure des richesses pour chacun, c'est le corps, comme le pied est la mesure du soulier. Si tu t'en tiens à cette règle, tu garderas toujours la juste mesure ; mais si tu n'en tiens pas compte, tu es perdu : il faudra que tu roules comme dans un précipice où rien ne pourra t'arrêter. De même pour le soulier : si tu passes une fois la mesure de ton pied, tu auras d'abord des souliers dorés, ensuite tu en auras de pourpre, et enfin tu en voudras de brodés. Car il n'y a plus de bornes pour ce qui a une fois passé les bornes.
LXVI. LES femmes, pendant qu'elles sont jeunes, sont appelées maîtresses par leurs maris. Ces femmes donc, voyant par là que leurs maris ne les considèrent que par le plaisir qu'elles lui donnent, ne songent plus qu'à se parer pour plaire, et mettent toute leur confiance et toutes leurs espérances dans leurs ornements. Rien n'est donc plus utile et plus nécessaire que de s'appliquer à leur faire entendre qu'on ne les honorera et qu'on ne les respectera qu'autant qu'elles auront de sagesse, de pudeur et de modestie.
LXVII. UN signe certain d'un esprit lourd, c'est de s'occuper longtemps du soin du corps, comme de s'exercer longtemps, de boire longtemps, de manger longtemps, et de donner beaucoup de temps aux autres nécessités corporelles. Toutes ces choses ne doivent pas être le principal, mais l'accessoire de notre vie, et il ne les faut faire que comme en passant : toute notre application et toute notre attention doivent être pour notre esprit.
LXVIII. QUAND quelqu'un te fait du tort ou dit du mal de toi, persuade-toi qu'il croit y être obligé. Il n'est donc pas possible qu'il suive tes jugements, mais les siens propres, de sorte que, s'il juge mal, il est seul blessé, comme il est le seul qui se trompe. En effet, si quelqu'un croit faux un syllogisme très juste et très suivi, ce n'est pas le syllogisme qui en souffre, mais celui qui se trompe en en jugeant mal. Si tu te sers bien de cette règle, tu supporteras patiemment tous ceux qui parleront mal de toi ; car, à chaque injure, tu ne manqueras pas de dire : « Il croit avoir raison. »
LXIX. CHAQUE chose a deux anses : l'une, par où on peut la porter, l'autre, par où on ne le peut pas. Si ton frère donc te fait une injustice, ne le prends point par le côté de l'injustice qu'il te fait, car c'est l'anse par où on ne saurait ni le prendre, ni le porter ; mais prends-le par cet autre côté, qu'il est ton frère, un homme qui a été élevé et nourri avec toi, et tu le prendras par le bon côté, qui te le rendra supportable.
LXX. CE n'est pas raisonner avec justesse que de dire : « Je suis plus riche que vous, donc je suis meilleur que vous, je suis plus éloquent que vous, donc je vaux mieux que vous. » Pour raisonner juste, il faut dire : « Je suis plus riche que vous, donc mon bien est plus grand que le vôtre ; je suis plus éloquent que vous, donc mes discours valent mieux que les vôtres. » Mais toi, tu n'es ni bien, ni discours.
LXXI. QUELQU'UN se baigne de bonne heure. Ne dis point qu'il fait mal de se baigner sitôt, mais qu'il se baigne avant l'heure. Quelqu'un boit beaucoup de vin. Ne dis point qu'il fait mal de boire, mais qu'il boit beaucoup. Car, avant de bien connaître ce qui le fait agir, comment sais-tu s'il fait mal ? Ainsi, toutes les fois que tu juges de cette façon, il t'arrive de voir devant tes yeux une chose, et de prononcer sur une autre.
LXXII. NE te dis jamais philosophe, et ne débite point de belles maximes devant les ignorants ; fais plutôt ce que ces maximes prescrivent. Par exemple, dans un festin, ne dis pas comment il faut manger, mais mange comme il faut. Et souviens-toi qu'en tout et partout Socrate a ainsi rejeté toute ostentation et tout faste. Des jeunes gens allaient le prier de les recommander à d'autres philosophes, et il les leur conduisait, souffrant ainsi, sans se plaindre, le peu de cas qu'on faisait de lui.
LXXIII. S'IL arrive donc qu'on vienne à parler de quelque belle question devant les ignorants, garde le silence ; car il y a grand danger à rendre aussitôt ce que tu n'as pas digéré. Et lorsque quelqu'un te reprochera que tu ne sais rien, si tu n'es point piqué de ce reproche, sache alors que tu commences à être philosophe. Car les brebis ne vont pas montrer à leurs bergers combien elles ont mangé, mais après avoir bien digéré la pâture qu'elles ont prise, elles produisent de la laine et du lait. Toi aussi, ne débite point aux ignorants de belles maximes ; mais, si tu les as bien digérées, fais-le paraître par tes actions.
LXXIV. SI tu es accoutumé à mener une vie frugale et à traiter durement ton corps, n'en tire pas vanité, et, si tu ne bois que de l'eau, ne dis point à tout propos que tu ne bois que de l'eau. Si tu veux t'exercer à la patience et à la tolérance, fais-le pour toi et non pas pour les autres ; n'embrasse point les statues ; dans la soif la plus ardente, prends de l'eau dans ta bouche, rejette-la, et ne le dis à personne.
LXXV. ÉTAT et caractère de l'ignorant : il n'attend jamais de lui-même son bien ou son mal, mais toujours des autres. État et caractère du philosophe : il n'attend que de lui-même tout son bien et tout son mal.
LXXVI. SIGNES certains qu'un homme fait du progrès dans l'étude de la sagesse : il ne blâme personne, il ne loue personne, il ne se plaint de personne, il n'accuse personne, il ne parle point de lui comme s'il était quelque chose ou qu'il sût quelque chose. Quand il trouve quelque obstacle ou quelque empêchement à ce qu'il veut, il ne s'en prend qu'à lui-même. Si quelqu'un le loue, il se moque en secret de ce louangeur, et, si on le reprend, il ne cherche pas à se justifier ; mais, comme les convalescents, il se tâte et s'observe, de peur de troubler et de déranger quelque chose dans ce commencement de guérison, avant que sa santé soit entièrement fortifiée. Il a supprimé en lui tout désir, et il a transporté toutes ses aversions sur les seules choses qui sont contre la nature de ce qui dépend de nous. Il n'a pour toutes choses que des mouvements peu empressés et soumis. Si on le traite de simple et d'ignorant, il ne s'en met pas en peine. En un mot, il est toujours en garde contre lui-même comme contre un homme qui lui tend continuellement des pièges et qui est son plus dangereux ennemi.
LXXVII. QUAND quelqu'un se vante de comprendre et de pouvoir expliquer les écrits de Chrysippe, dis en toi-même : Si Chrysippe n'avait écrit obscurément, cet homme n'aurait donc rien dont il pût se glorifier. Pour moi, qu'est-ce que je veux ? Connaître la nature et la suivre. Je cherche donc qui est celui qui l'a le mieux expliquée ; on me dit que c'est Chrysippe. Je prends Chrysippe, mais je ne l'entends point ; je cherche donc quelqu'un qui me l'explique. Jusque-là il n'y a rien de bien extraordinaire. Quand j'ai trouvé un bon interprète, il ne reste plus qu'à me servir des préceptes qu'il m'a expliqués et qu'à les mettre en pratique ; et voilà la seule chose qui mérite de l'estime. Car, si je me contente d'expliquer ce philosophe et d'admirer ce qu'il dit, que suis-je ? un pur grammairien et non un philosophe, avec cette différence que, au lieu d'Homère, j'explique Chrysippe. Quand quelqu'un me dira donc : « Explique-moi Chrysippe, » j'aurai bien plus de honte et de confusion, si je ne puis montrer des actions conformes à ses préceptes.
LXXVIII. DEMEURE ferme dans la pratique de toutes ces maximes, et obéis-leur comme à des lois que tu ne peux violer sans impiété. Et ne te mets nullement en peine de ce qu'on dira de toi, car cela n'est pas du nombre des choses qui sont en ton pouvoir.
LXXIX. JUSQUES à quand différeras-tu de te juger digne des plus grandes choses et de te mettre en état de ne jamais blesser la droite raison ? Tu as reçu les préceptes auxquels tu devais donner ton consentement, et tu l'as donné. Quel maître attends-tu donc encore pour remettre ton amendement jusqu'à son arrivée ? Tu n'es plus un enfant, mais un homme fait. Si tu te négliges, si tu t'amuses, si tu fais résolution sur résolution, si tous les jours tu marques un nouveau jour où tu auras soin de toi-même, il arrivera que, sans que tu y aies pris garde, tu n'auras fait aucun progrès, et que tu persévéreras dans ton ignorance, et pendant ta vie et après ta mort. Commence donc dès aujourd'hui à te juger digne de vivre comme un homme, et comme un homme qui a déjà fait quelque progrès dans la sagesse, et que tout ce qui te paraîtra très beau et très bon soit pour toi une loi inviolable. S'il se présente quelque chose de pénible ou d'agréable, de glorieux ou de honteux, souviens-toi que le jour de la lutte est venu, que les jeux olympiques sont ouverts, qu'il n'est plus temps de différer, et que, d'un moment et d'une seule action de courage ou de lâcheté, dépendent ton avancement ou ta perte. C'est ainsi que Socrate est parvenu à la perfection, en faisant servir toutes choses à son avancement, et en ne suivant jamais que la raison. Pour toi, bien que tu ne sois pas encore Socrate, tu dois pourtant vivre comme quelqu'un qui veut le devenir.
LXXX. LA première et la plus nécessaire partie de la philosophie est celle qui traite de la pratique des préceptes ; par exemple : il ne faut point mentir. La seconde, est celle qui en fait les démonstrations : pourquoi il ne faut point mentir. Et la troisième, celle qui fait la preuve de ces démonstrations, en expliquant en quoi consiste une démonstration, et ce qui en fait la vérité et la certitude ; elle définit ces différents termes : démonstration, conséquence, opposition, vérité, fausseté. Cette troisième partie est nécessaire pour la seconde, et la seconde pour la première ; mais la première est la plus nécessaire de toutes, et celle où il faut s'arrêter et se fixer. D'ordinaire, nous renversons cet ordre ; nous nous arrêtons entièrement à la troisième ; tout notre travail, toute notre étude, est pour la troisième, pour la preuve, et nous négligeons absolument la première, qui est l'usage et la pratique. Il arrive par là que nous mentons ; mais en revanche nous sommes toujours prêts à bien prouver qu'il ne faut pas mentir.
LXXXI. COMMENCE toutes tes actions et toutes tes entreprises par cette prière : « Conduis-moi, grand Jupiter, et toi, puissante Destinée, là où vous avez arrêté que je dois aller. Je vous suivrai de tout mon coeur et sans hésitation. Et quand même je voudrais résister à vos ordres, outre que je me rendrais méchant et impie, il me faudrait toujours vous suivre malgré moi. »
LXXXII. DIS-TOI ensuite : « Celui qui s'accommode comme il faut à la nécessité, est sage et habile dans la connaissance des choses des dieux. »
LXXXIII. EN troisième lieu, dis encore : « Criton, passons courageusement par là, puisque c'est par là que les dieux nous conduisent et nous appellent. Anytus et Mélitus peuvent me tuer, ils ne peuvent pas me nuire. »
A vivir se aprende toda la vida, y toda la vida se ha de aprender a morir.
Acomodarse con la pobreza es ser rico; se es pobre, no por tener poco, sino por desear mucho.
El ardimiento juvenil en sus comienzos es fogoso, pero languidece fácilmente y no dura; es el humo de una fogata liviana.
El camino de los preceptos es largo; y breve y eficaz por los ejemplos.
El camino del vicio no solamente se desliza, sino que se precipita hacia abajo.
El camino más corto para llegar a la riqueza es despreciarla.
El colmo de la infelicidad es temer algo, cuando ya nada se espera ya.
El desgraciado es cosa sagrada.
El dinero cae en las manos de algunos hombres como una moneda cae en la alcantarilla.
El favor consiste no en lo que se hace o se da, sino en el ánimo con que se da o se hace.
El fuego prueba el oro; la miseria los hombres fuertes.
El hombre es un animal racional.
El hombre más poderoso es el que es dueño de sà mismo.
El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien.
Me diste lo mejor de ti, y te lo agradezco, no porque fue lo mejor, sino porque me lo diste...
Nadie quiere a una mujer porque tenga tal edad, porque sea hermosa o fea; se ama porque se ama.
Si el amarte es verte y el verte es perderte prefiero... amarte sin verte que verte para perderte.
El amor es como el fuego; suelen ver antes el humo los que est�n fuera de las llamas que los que est�n dentro.
El beso es un delicioso truco que la naturaleza dise�� para interrumpir el habla cuando las palabras se hacen superfluas.
Me encanta la idea de tenerte lejos. �De qu� otra forma y en tan poco tiempo puedo valorarte tanto?.
Uno aprende a amar, no cuando encuentre a la persona perfecta, sino cuando aprenda a creer en la perfecci�n de una persona imperfecta.
Te acaricio con sonrisas y te miro con ternuras, quiero conquistar pasiones y corazones... pero me conformo con amarte.
Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jam�s que te amo.
Te amo no s�lo por lo que eres, sino por lo que soy cuando estoy contigo.
El amor aut�ntico, el amor ideal, el amor del alma, es el que s�lo desea la felicidad de la persona amada sin exigirle en pago nuestra propia felicidad.
Aunque te vayas de aqu�, siempre estar�s en mi mente, nunca ser�s mi pasado, siempre ser�s mi presente...
Nacimos para vivir nacimos para so�ar nuestro destino es morir nuestra misi�n es amar.
Las flores de mi jard�n, florecen en primavera pero mi amor por ti, florece la vida entera.
Rom�ntica, tierna y dulce, rom�ntica con poemas en tus palabras, tierna con un mundo en tu mirada. Dulce en mil sue�os de tu dulzura eres rom�ntica, tierna y dulce y por eso te amo.
El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece.
Mis ojos lloran por verte, mis brazos por abrazarte, mis labios por darte un beso y mi coraz�n por amarte...
Es triste mirar al
Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes est�n completamente seguros, y los inteligentes llenos de dudas.
Vete lejos, donde nadie pueda encontrarte, pero ll�vame contigo.
Si la distancia es el olvido, �como te siento aqu� conmigo?.
Quien es aut�ntico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es.
Los sue�os nunca desaparecen siempre que las personas no los abandonan.
Perdonen siempre sus enemigos. Pero nunca olviden sus nombres.
Los sabios hablan porque tienen algo que decir. Los tontos hablan porque tienen que decir algo.
Solidaridad no es dar lo que me sobra, es dar lo que me hace falta.
La vida no se vive por las veces que respiras, sino por los momentos que dejan sin aliento.
Quien de verdad sabe de qu� habla, no encuentra razones para levantar la voz.
Soy capaz de resistir todo menos la tentaci�n.
El coraje no es la ausencia del miedo, si no el considerar que hay algo m�s importante que �l.
Lo que hagas sin esfuerzo y con presteza, durar no puede ni tener belleza.
Las cosas que no se dicen suelen ser las m�s importantes.
Si lo que tienes te parece insuficiente, entonces, aunque poseas el mundo entero, todav�a te sentir�s en la miseria.
El cinismo consiste en ver las cosas como realmente son, y no como se quiere que sean.
Di la verdad aunque sea amarga. Di la verdad a�n contra ti mismo.
Si te parece que algo es muy dif�cil, div�delo en trocitos m�s peque�os. Las cosas f�ciles no cuesta tanto hacerlas.
Algunas puertas no deber�an abrirse jam�s, porque una vez que se traspasan ya no hay vuelta atr�s.
Todos estamos hechos el mismo barro pero no del mismo molde.
Lo m�s frustrante de ser viejo es que ya sabes todas las respuestas pero nadie te pregunta.
Todas las personas nacen como original y la mayor�a mueren como copia.
No pierdas mucho tiempo pensando en el problema. Dedica toda tu energ�a y sapiencia en buscar soluciones.
Comparte tus conocimientos. Es la mejor forma de alcanzar la inmortalidad.
La avaricia es de naturaleza tan malvada y perversa, que jam�s sacia su voraz apetito, y despu�s de comer tiene m�s hambre que antes.
Una vez terminado el juego, el rey y el pe�n vuelven a la misma caja.
Cuando una mujer sufre en silencio es que tiene el tel�fono averiado.
Todas las mujeres tienen algo hermoso� aunque sea una prima lejana.
El amor es una cosa esplendorosa��hasta que te sorprende tu esposa!.
No es lo mismo las Ruinas del Machu Pichu que te venga un Machu, te meta el Pichu y te deje echo una Ruina.
Si despu�s de hacer el amor dices gracias....a eso se le llama educaci�n sexual.
La �nica diferencia entre un capricho y una pasi�n eterna es que el capricho suele durar algo m�s.
No es lo mismo "amar sin haber amado" que "limpiarse el culo sin haber cagado".
Nada m�s dos tipos de personas pueden hablar sin inhibiciones: los desconocidos y los amantes. Los dem�s s�lo est�n negociando.
El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta, hay que deshacerse de �l y empezar otro nuevo.
Antes de la invenci�n de la bombilla, �qu� aparec�a sobre la cabeza de la gente cuando ten�an una idea?.
Eres m�s tonto que los pelillos del culo, que ven la mierda salir y no se apartan.
Un homb